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Atlántico, ¡vergüenza nacional!

En toda la historia deportiva del Atlántico, estos, los vigésimos juegos nacionales  que acaban de culminar en enésimas sedes del interior del país, los mismos que en otros tiempos fueron denominados Olimpiadas Nacionales, han sido los peores para nuestra representación.

Triste, vergonzoso y sin calificativo alguno, este resultado no merece más que el rechazo unánime de todos quienes alguna vez creímos que éramos capaces de sentir mística y deseos de superación. Por el contrario, a medida que pasa el tiempo y en cada competencia de este tipo a nivel nacional, vamos mostrando la incapacidad de nuestros deportistas; pero más que de ellos, de nuestra dirigencia que irrespeta el nombre de nuestro departamento.

Otrora: años veinte, treinta, cuarenta y hasta los sesenta, denotaban para el Atlántico etapas de prestigio y orgullo, fundamentados en el poderío de nuestros atletas. En fútbol, baloncesto, atletismo, natación, béisbol y pare de contar el nombre de nuestro departamento era anunciado con voz fuerte que nos hacía henchir de orgullo. Pero a fuerza y costumbre del desdén e inoperancia de nuestra dirigencia deportiva y administrativa nos fuimos orillando como las últimas aguas del río que mueren sin fuerzas y casi inoperantes.

Esta debacle estaba anunciada. Si en las pasadas justas habíamos ocupado el puesto catorce y ocho años antes igualmente nos conformábamos con posiciones similares y hacíamos alarde de ello, esta vez creo que llegamos al fondo del abismo. Cuatro medallitas de oro de una subregión consideradas la más representativa de la Costa Caribe es como para esconder el rostro y no dejarnos ver en toda Colombia.

Lo triste de todo esto es que hace bastante rato el periodismo deportivo de Barranquilla y el Atlántico han denunciado la desidia y el ningún apoyo que gobernantes y directores de deportes brindan a los deportistas. Como las velas de las cumbiamberas, las promesas que en campañas políticas ofrecen a cuatro vientos, así se vuelven y se apagan cuando se acaban las velas.

No muy lejanos recuerdos nos llegan a la mente de candidatos como Alex Char a la alcaldía y Verano de la Rosa  a la gobernación en sus primeros mandatos. Restauración de escenarios como el estadio de béisbol Tomás Arrieta, el Coliseo Humberto Perea, el Estadio Moderno, pista de atletismo, piscina olímpica, velódromo y canchas múltiples para el deporte se convirtieron en esas velas de cumbiamberas. Tan pronto llegaron a sus puestos de mandatarios cerraron ojos y oídos al clamor deportivo situando en el último escalón de preferencias. Ni siquiera de preferencias, porque la inversión y recuperación nunca se cumplieron.

Como tampoco se cumplieron las promesas de la alcaldesa Elsa Noguera y el gobernador Segebre. Para muestra un botón: la alcaldesa prometió construir una pista moderna de bicicrós para producir muchos campeones al estilo de Mariana Pajón.  Y a través de su secretaría de Recreación Y Deportes se enfatizó en la recuperación del Estadio Moderno  y pista de patinaje, sin que ello se cumpliera. Seguimos siendo un muladar y cueva de rolando en el Coliseo Humberto Perea. Hoy no contamos con escenarios para el taekwondo o las pesas ni tenemos implementos para practicar deportes acuáticos que entregan muchas medallas y en los que Atlántico también ha sido potencia.

Todos estos escenarios nos los cambiaron por recuperación de parques, que son, sin duda, de vital importancia especialmente para la niñez, pero que no por ello debe dejar de lado y en el olvido los escenarios para la juventud que es la semilla de futuros e inmediatos campeones.

Y mucho menos se les ofrece posibilidades de estudios o trabajos, razón por la que muchos de nuestros valores se van a otras ligas departamentales que sí valoran sus condiciones y a cambio les ofrecen lo que en su propia tierra le niegan. De allí que muchos deportistas nacidos en nuestro departamento los veamos compitiendo y entregando  medallas y triunfos a otras regiones como Valle, Antioquia, Boyacá o Cundinamarca.  Triunfos y medallas que deberían engrosar el nombre y los registros del Atlántico.

El actual gobernador al comienzo de su administración, en una actitud altiva y desafiante inclusive llegó a ofrecer la dirección de Indeportes al colega y presidente de Acord Atlántico, Estewil Quezada. Obedeciendo más a un arrebato de cólera por las críticas del momento y como para acallar las voces de la prensa.  Bien sabía él que tampoco con Estewil Quezada se podría mejorar, dado que el mal no está ni sigue en la sábana, sino en el enfermo. Consciente de que su administración gubernamental no sería capaz de conseguir recursos adecuados por no estar dispuesto gestionar.

Cada cuatro años al tenor de los pésimos resultados en los Juegos Nacionales aparecen las excusas y pretextos de falta de presupuesto nacional. Bien sabido es que desde hace mucho tiempo a Indeportes del Atlántico le asignan pírricos presupuestos de 1.200 millones de pesos para la preparación de las competencias. En cambio a departamentos como Antioquia y Valle y Cundinamarca y Boyacá las asignaciones oscilan entre los 25 mil y 40 mil millones de pesos. Despropósito e injusticias del centralismo para con la región costeña, tal como se produce en todos los frentes sociales. Pero precisamente ahí en los grandes retos es donde se debe ver la jerarquía y la capacidad para gestionar.

Nadie desde hace no menos de veinte años ha sido capaza de exigirle  al gobierno nacional y su ente deportivo como lo es Coldeportes, una asignación acorde con la importancia y las necesidades de la región, como lo hacen departamentos del interior del país. Pero es que además Atlántico no puede depender del centralismo. Se hace necesario y urgente designar del presupuesto departamental sumas significativas para preparar a los deportistas.

Por estos días el gobernador electo Verano De la Rosa promete elevar de un poco más de 4 mil millones que es el presupuesto de Indeportes a cerca de los 38 mil millones de pesos. Igual pronunciamiento se espera del alcalde electo Alex Char. Bajo el severo control de toda la gente para ver si de verdad cumplen y no tengamos que ver dentro de cuatro años las nuevas velas de cumbiamberas apagadas con el viento.

A tal punto crítico hemos llegado que ni siquiera acudimos a la competición con los implementos ni herramientas para competir. Y nuestros deportistas tienen entonces               que acudir al triste espectáculo de prestar ciclas, barras de pesas o jabalinas. Y luego, como excusas nos dicen dirigentes y delegados  que los implementos comprados en Estados Unidos no llegaron a tiempo. Cómo si no se tuviera conocimiento claro de fechas y necesidades para las competicio9nes.

Antes nos superaban Antioquia, Valle y Cundinamarca; luego se sumó Boyacá y peleábamos entonces por mantener una cuarta o quinta posición. Hoy en día y desde hace varios lustros también nos vemos superados por ligas como Bolívar, Risaralda, Santander, Norte, Cauca, Tolima, Fuerzas Armadas y Quindío. De los puestos cuarto o quinto hemos bajado a la posición catorce, indicativo de la debacle a la que hemos llegado.

 De trece medallas de oro a las que estábamos esperanzados lograr apenas logramos 4. Antioquia con 130 doradas, Bogotá con 127, Valle con 112 y Bolívar con 36 de oro nos muestran la abismal diferencia. Cabe preguntar por ejemplo ¿por qué Bolívar que hace dos décadas estaba por debajo de nosotros ha escalado tanto mientras que Atlántico ha declinado ostensiblemente  en sus objetivos? Fiel muestra del desdén como ha sido tratado el deporte por las administraciones distritales y departamentales a las que poco o nada les importa la actividad del músculo.

Deprimente, por decir lo menos, el deporte atlanticense seguirá debatiéndose entre la indigencia por la indolencia de sus dirigentes. Tanto deportivos como administrativos. Triste futuro nos espera en los próximos Juegos Centroamericanos de los que seremos la gran sede central. Estamos listos para hacer la fiesta que otros seguramente van a disfrutar. Y tal vez, Barranquilla y el Atlántico, anfitriones del certamen internacional nos contentemos con ver bailar a otros tantos atletas ocupando los espacios que por naturaleza debería correspondernos.  

El reto está dado; corresponderá a los mismos gobernantes de hace ocho años rescatarlo o hundir más al fondo el prestigio y buen nombre de nuestra ciudad y departamento. Alex Char y Eduardo Verano  tienen la palabra. A ellos señalaremos o aplaudiremos dentro de cuatro años. Y como reza en el juramento, si no lo salvan, Dios y la Patria os condenarán.