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Ambientes escolares libres de discriminación: ¿la “cartilla” del diablo?

Este escrito de orientación del debate, diseñado para directivos y maestros de los colegios del país, fue la causa de una ácida disputa en toda la nación porque, supuestamente, pretendía imponer una perspectiva errónea para resolver el asunto de la discriminación en las escuelas contra los niños y jóvenes diferentes.

Buena parte del documento se compone de abundante información sexológica que se apoya en fuentes internacionales de reconocido prestigio, la cual está conectada con lo último que se discute a nivel planetario en materia de sexos, géneros, orientación sexual y otros problemas relacionados.

Al lado de los autores independientes se citan y retoman los conceptos de la Asociación Americana de Psicología, de la Asociación Americana de Pediatría y de los paneles de expertos de la ONU sobre aquellos asuntos, entre otras reconocidas instituciones. De acuerdo con lo anterior, quien escriba que este material carece de bases científicas es porque no lo ha leído.

El documento está muy bien soportado en normas legales, constitucionales y en las disposiciones de la Corte Constitucional que intentan garantizar el derecho a la igualdad de las personas diferentes por sexo, género u orientación sexual, para prevenir o evitar que sean discriminadas o vejadas debido a sus características especiales, que las convierten en una minoría rechazada y vulnerable.

¿Qué se pretendía con este escrito que ha despertado tanto estupor en amplios sectores de la población colombiana? Educar a los educadores y directivos acerca de las nuevas tendencias en los análisis de la sexualidad y de los géneros. Facilitar la comprensión de las diferencias entre los individuos en función de sus características sexuales o de género, para que eso se comprenda mejor y no sea objeto de discriminación o rechazo.

De igual modo, ayudar a los interesados a establecer que la vida humana trasciende el binomio hombre/mujer y a encontrar soluciones inteligentes para entregarle un trato justo e igualitario a quienes son diferentes, es decir, aquellas personas que nacen con la tendencia natural a ser bisexuales, homosexuales o trans.

Una forma de combatir la discriminación y la violencia contra los niños y jóvenes de la minoría distinta, consiste en saber por qué son así y en entender que su condición obedece a una expresión de la naturaleza, que no es una anormalidad reprensible o sujeta a burla o desprecio, pues se trata de un estado involuntario que debe ser protegido y comprendido en el ambiente escolar, debido al matoneo de que son objeto sus portadores.

No comprender este mensaje profundo, apoyado en la ciencia y en los conocimientos de punta, equivale a negarse al entendimiento del mundo complejo de la sexualidad, los géneros y las orientaciones sexuales, ya sea por prejuicio, miedo, tabúes sociales o por cualquier otro motivo divorciado de una visión humanista y avanzada, capaz de mirar la realidad sin ninguna clase de temor.

Es necesario invitar a los maestros y a la ciudadanía a leer ese cuestionado documento con atención, y a informarse bien acerca de la problemática, con miras a empezar a construir una cultura más incluyente en los escenarios escolares.

La “cartilla” del diablo, como la han catalogado algunos, no le rinde culto a Lucifer, sino a la tolerancia, al respeto, al pluralismo y a la dignificación y libertad de los niños y jóvenes que hoy son demonizados porque no se les comprende.

Hablar o escribir sin leer o conocer no es lo más conveniente, si lo que se quiere es resolver un problema nacional que está llevando a los jóvenes diferentes a la desesperación y a la caldera horrorosa del suicidio. No es humano, por no decir cristiano, seguir tolerando ese estado de cosas que habla muy mal de nuestra cultura y de nosotros mismos.

El debate que originó el famoso escrito guía queda aplazado, pues la coyuntura se estaba saliendo de control al ser aprovechada por los enemigos de la paz para hacer su agosto. Eso no quiere decir que no sea necesario proseguirlo, persuadidos de que lo que se busca no es universalizar el homosexualismo, sino otorgar un mínimo de respeto y justicia a unos seres humanos sometidos al escarnio en las escuelas.

A pesar de todo lo que se ha dicho y escrito, lo que está en juego aquí no es la familia tradicional, ni los valores cristianos (que no son objeto de discriminación y matoneo y que no corren ningún riesgo), sino la gente diferente que sí es discriminada, matoneada y sacrificada debido a su singularidad y a nuestros prejuicios.

Quienes necesitan la protección de la ley y de la institución escolar son esos seres indefensos e incomprendidos de la minoría diferente que hoy padecen la escuela como si fuera un infierno. ¿Sería mucho pedir un poco de comprensión y de justicia para esos seres humanos rechazados y discriminados?

Quizá el procedimiento de la Ministra Parody no haya sido el más adecuado, debido a la complejidad de la problemática y a las resistencias normales al cambio y a lo nuevo que subyacen en las escuelas y en la sociedad. Pero ese es otro asunto a tener en cuenta, sin dejar de lado que se requiere transmitir información y educar a nuestros maestros para comprender y solucionar el grave problema del matoneo a la minoría diferente.

En resumen: a) un material de orientación sexológica y pedagógica fue demonizado por gran parte de la población sin haberlo leído o porque desea tapar el sol con las manos, es decir, negar (o negarse a entender por prejuicios) que hay personas diferentes a nosotros, los heterosexuales, que merecen buen trato y protección.

b) La “cartilla” del diablo es un documento con una concepción pedagógica y psicológica que contiene información de punta, la cual es muy diferente a lo que se divulgó en las redes sociales buscando confundir a la gente para alimentar el caos.

Sobre la base de la desinformación y la tergiversación se divulgó que la idea era destruir la familia tradicional, atacar los valores cristianos y rendirle culto al homosexualismo en las escuelas.

Estas exageraciones y mentiras no son otra cosa que la proyección de los miedos, la ignorancia, los prejuicios, o la ingenuidad de las personas e instituciones que convirtieron, por estas razones, un instructivo guía en la acción funesta del demonio en las escuelas, de la mano de la política de la Ministra Gina Parody.

c) El Manual de Convivencia no es la “cartilla” del diablo ni puede ser definido a la fuerza por personas o entidades ajenas al escenario escolar. Eso está establecido así en las normas legales, que no puede violar nadie. En ese Manual debe insertarse lo que se ha dispuesto a nivel nacional por ley o norma constitucional para proteger a la minoría diferente.

Cabe destacar que este debate no solo despertó los miedos y prejuicios más generalizados de nuestra nación, sino que llamó la atención sobre un estado de cosas que debe ser transformado: el de la injusticia y la persecución de la minoría diferente en las escuelas.

La tarea que nos queda pendiente a todos, pero más que nada a nuestros maestros, es leer con atención lo que se está produciendo a nivel nacional y mundial sobre enseñanza sexológica, con el propósito de reformar los manuales de convivencia de las escuelas y colegios, para ampliar la democracia y la justicia hacia unos seres humanos que también las merecen y que hoy son tratados como brujas o demonios del medioevo.

¿Sí seremos capaces de asumir este reto en el futuro inmediato? ¿Quién ganará el pulso por la igualdad y el humanismo: la intolerancia alimentada por los prejuicios o la inteligencia nutrida por los conocimientos de punta? Vencer nuestros miedos colectivos es la primera condición para resolver la problemática. Indudablemente.