Ajá, ¿y del Junior qué?
El fallecimiento del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, primero, y la trágica muerte de 71 deportistas y periodistas en la noche fatídica de Medellín, coparon sin duda en los últimos días la atención general, dejando de lado o segundo plano las apuradas críticas sobre el equipo Junior y su inmediato devenir.
Una ciudad tan impregnada de pasión por la divisa rojiblanca pareció tomar un respiro con los acontecimientos anotados en la que un líder de la talla de Fidel Castro dijo adiós a este mundo y en la que el fútbol se vistió de luto por la desaparición del club Chapecoense y el periodismo brasilero dejando “huérfanas a muchas familias” de la hermana república.
Uno y otro acontecimiento concitaron la atención universal por el talante de la prestancia de los desaparecidos. Uno en el campo político social en el que Cuba defendió y permaneció libre del poder extranjero aun soportando estoicamente el llamado embargo económico que naciones poderosas aplicaron durante más de medio siglo. La desaparición de deportistas y periodistas en un absurdo accidente aéreo a menos de cinco minutos de iniciar lo que para los Chapecoenses sería el primer gran paso a la conquista de la Copa Suramericana, fue igualmente la ocasión para mostrar a un mundo dolido pero solidario.
Mientras tanto, en los campos de entrenamientos, el Junior bajo la dirección de Ferney López, cumple y lo hará por otros días más, con el deber del trabajo. No importando ya que este esfuerzo laboral pretenda algún objetivo. La suerte del Junior quedó sellada hace dos semanas con todas las eliminaciones posibles.
Sin embargo llama la atención que a estas alturas, después de dos semanas de haber quedado por fuera, nadie en el club se pronuncie sobre el proyecto 2017. Es decir, qué se pretende para la próxima temporada, qué cambios se han de producir, quién llega y quiénes salen. Y quién será el nuevo timonel. Solo rumores de nombres como Alberto Gamero y Cheché Hernández siguen en el sonajero pero sin declaración oficial de directivos y con la salvedad de que son técnicos con compromisos actuales.
Pero, de nuevos jugadores, eso sí que está bien crudo. En estos momentos en que deberían conocerse nombre de los refuerzos, nada hay al respecto. La excusa infaltable y tradicional es que se están haciendo todas las gestiones posibles, pero los que se pretenden están fuera de alcances económicos por altos costos de contrato o negociación de sus clubes,
Nos asalta la idea que en enero cuando comiencen las pretemporadas, Junior sea, como es su característica, uno de los equipos sin estar plenamente conformado en su nómina y que a las carreras sean traídos jugadores de segundo y tercer nivel, que llegan faltos de juego, sin preparación física y con severas lesiones que intentan superar aquí. Hemos dicho muchas veces que para sacar adelante un proyecto, sea cual fuere, se necesita cumplir tres ítems contempladas en toda buena administración: planificar, organizar y desarrollar. Es lo que mejor garantiza el éxito pretendido.
Sí, aceptamos que somos persistentes y exigentes, como nos califican algunas personas. Y lo seguiremos siendo mientras el nombre del Junior persista en nuestra pasión y en la pasión de los barranquilleros. Porque conocemos bien su historia. Y nos duele que año tras año la bella historia nacida hace 92 años se repita en los errores de los últimos tiempos y que la tradición y jerarquía de la divisa de en vez de engrandecernos más, nos avergüenza enormemente por la falta de vocación y el desinterés de quienes la dirigen.