¡Adiós Tomás Arrieta, que te guarde el cielo!
Parece haber entrado en firme el desarrollo del proyecto para la construcción del nuevo estadio de béisbol de Barranquilla. Así se puede colegir luego de la presentación de los diseños del nuevo escenario peloteril el miércoles con la presencia del Alcalde Alex Char, del ex big-leaguer Édgar Rentería, de otros funcionarios del deporte y algunos periodistas invitados al acto.
Digo, “parece”, porque en esta ciudad muchísimas veces se hacen anuncios en alta voces que terminan siendo promesas de cumbiamberas (esas que terminan cuando se acaban las velas) como dice el maestro Julián Carvajalino en “Los amores de Petrona”, canción popular por épocas de Carnaval.
La presentación de los diseños se constituyó en un evento de alto contenido deportivo para quienes asistieron al mismo, especialmente porque fue un miércoles de ceniza, un día después de terminado el carnaval 2016 y de haberse celebrado el Día del Periodista. Lo extraño es que allí no estuvieron presentes muchos reconocidos narradores y comentaristas, es decir los entendidos del deporte rey como lo es el béisbol. Me refiero a personalidades como Mike Schmulson, Chelo De Castro, Jaime Jiménez, “El monarca” Antonio Borja Suárez, Enrique Schiller, Luis Gutiérrez, Alfonso Ruiz y tantos otros que por años han estado al pie de la jugada beisbolera.
Hubiera sido interesante escuchar conceptos de esos especialistas, particularmente por lo del cambio del nombre del escenario. Ya no se llamará Estadio de Béisbol Tomás Arrieta (nombre original), sino que se llamará Édgar Rentería Herazo, en honor a quien es considerado el mejor pelotero colombiano. Valga aclarar del béisbol profesional, que del béisbol amateur no se tienen mayores ni mejores registros de Rentería, como sí en su carrera profesional en Estados Unidos donde cosechó todas las victorias que pelotero alguno puede aspirar, incluidas dos Series Mundiales.
Nunca hemos sido enemigos de colocarle el nombre de Édgar Rentería a un estadio de béisbol. Creemos más que merecido y justificado, en reconocimiento a toda esa exitosa trayectoria que dio lustre y fama a nuestro país y particularmente a nuestra Barranquilla. Pero seguiremos sí pensando que cada cual recibe lo que merece. Y no es o no debe ser sacrificando el honor y la gloria de otros deportistas que también hicieron grande y colocaron en la cúspide el nombre de nuestro país como lo fue Tomás Arrieta en su tiempo de amateurismo.
Desde hace meses atrás en el mandato de Elsa Noguera se habló voz en cuello que se respetaría la tradición y la historia, que se construiría un nuevo estadio y que el actual permanecería intacto con el nombre de Tomás Arrieta. Puro carameleo y contentillo como saben hacer los políticos y manejadores de nuestro deporte. Hoy, ya en la nueva administración se oficializa el nombre de Édgar Rentería y pasamos la página histórica de Tomás Arrieta. Si bien la historia se escribe día a día como afirman los grandes filósofos, es fundamentándose en el pasado como se construyen las nuevas páginas. Porque quien no conoce su pasado está condenado a repetir los mismos errores.
Preguntamos, ¿por qué no se construye un nuevo escenario tal como se había afirmado y se deja el actual para la práctica y competencia de las categorías menores, donde el semillero beisbolero pueda tener su propio y adecuado espacio? Si se está pensando en los Juegos Centroamericanos y del Caribe del 2018 con un escenario moderno y ajustado a las recomendaciones de las Ligas Mayores de Estados Unidos, ¿por qué no construirlo en un sitio distinto como se prometió alguna vez?.
Ese “nuevo estadio” remodelado sustancialmente, incluyendo nuevas gradas y giro de 180 grados en su ubicación, seguramente que costaría mucho menos de los 45 mil millones de pesos que demanda demolerlo totalmente y construir uno nuevo donde está actualmente el Tomás Arrieta. Y no se tardaría casi tres años como se tiene pensado. Tres meses demandó la construcción del Tomás Arrieta (agosto-noviembre de 1946) tiempo récord para los V Juegos Centroamericanos y del Caribe.
¿Por qué ese empeño de dañar la historia, arrebatándole a la dinastía de los Arrieta, el honor que le cabe a quizás el más grande pelotero amateur que ha tenido nuestro país? ¿Será que cuando se reconstruya o se tumbe el actual coliseo Humberto Perea y se levante otro escenario, se le colocará otro nombre, por ejemplo Catherine Ibarguen que nos ha dado tanta gloria en juegos olímpicos y mundiales de atletismo? ¿O tal vez le colocaremos Brigitte Merlano, que es atleta nuestra? ¿Será que por las remodelaciones que se han hecho al Estadio de Fútbol Metropolitano Roberto Meléndez, se le debe cambiar el nombre por el de Teófilo Gutiérrez o Carlos Bacca gracias a sus perfomances y éxitos en Europa?.
Tomás Arrieta Gambín fue uno de los 14 hermanos de la familia Arrieta Gambín, todos deportistas. Alguna vez, al conmemorarse el primer aniversario de la muerte de Tomás Arrieta (1945), el reconocido periodista Marco Aurelio Vásquez, “Nino Yeyo” dijo: “Tomás Arrieta era la cifra más alta del beisbolismo nacional. La figura más gallarda del box, el caballero del estadio, el deportista insigne, la figura más relievante del béisbol colombiano”.
En San Antonio del Táchira, este pelotero quien fue el primer beisbolista colombiano en el extranjero, se convirtió en el delirio de las multitudes, ídolo de una afición, el centro obligado de consultas, simpatías y afectos. También Tomás Arrieta hizo posible que otros jugadores como Carlos “Petaca” Rodríguez, Pedro Meriño “Doble feo” y su hermano Rafael “Capi” Arrieta fueran parte de equipos de Venezuela en el profesionalismo.
Tomás Arrieta formó parte de selecciones Colombia, fue un pitcher extraordinario, un cátcher incomparable, jugó en la primera y segunda base, en el short stop y en el outfielder; posiciones todas que desempeñó con lujo de competencia. Sus triunfos y éxitos los mantuvo acompañado siempre con humildad, caballerosidad y con hidalguía.
¿Será que todas esas virtudes que como persona y deportista nos legó este beisbolista merezcan ser echado al cesto de la basura y al rincón del olvido, solo por complacer el oportunismo de algunos que quieren a nombre de Édgar Rentería sembrarse como adalides del deporte por la construcción de un nuevo estadio?
Si es así, solo nos restaría recordar aquel viejo adagio beisbolero que muchos narradores apuntaban cuando una pelota en el Estadio Tomás Arrieta se iba de jonrón y que dice: Adiós luz que te guarde el Cielo. O mejor, ¡Adiós Tomás, que te guarde el cielo!