El balance de un año de tensiones que transformó las relaciones entre Colombia y EE.UU.
Mientras Trump retoma su agenda de 'mano dura' y presión internacional, Petro se mantiene en su retórica de soberanía y lucha contra las drogas.
El 2025 fue un año intenso en materia de relaciones internacionales para el Presidente Gustavo Petro. Sus duros y reiterados enfrentamientos con su homólogo de Estados Unidos, Donald Trump, consolidaron lo que muchos analistas vaticinaban: un choque frontal de trenes entre la Casa Blanca y la Casa de Nariño.
Mientras Trump retoma su agenda de 'mano dura' y presión internacional, Petro se mantiene en su retórica de soberanía y cambio de paradigma en la lucha contra las drogas.
Esta confrontación, lejos de quedarse en simples mensajes de X (antes Twitter), ha empezado a pasarle factura a la arquitectura diplomática que ambos países construyeron durante décadas.
El factor de la "descertificación" y los aranceles

Durante el segundo semestre de 2025, Trump cumplió su amenaza de suspender ayudas económicas a Colombia, como las de USAID y apoyo militar, valorados en más de USD 200 millones, tras calificar a Petro de "lunático" y señalarlo por supuestos vínculos con el narcotráfico. La suspensión de estos fondos ha obligado al Gobierno Nacional a reajustar el presupuesto de sustitución de cultivos de cara a 2026.
Para Mario de la Puente, director de investigaciones de la División de Derecho, Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Del Norte, este choque se ha dado "porque Estados Unidos ha condicionado la cooperación a sanciones y amenazas, lo que ha deteriorado la confianza bilateral y reducido la coordinación efectiva en temas donde antes existía un manejo más técnico e institucional".
El analista explicó que como consecuencias para Colombia, "las críticas constantes de Trump elevan la percepción de riesgo en el país, encarecen el financiamiento y retrasan decisiones de inversión, afectando principalmente la confianza y la previsibilidad del entorno económico".
Trump también ha implementado durante este año un arancel base del 10% a las exportaciones colombianas como medida de presión, algo que sin lugar a dudas ha absorbido costos en sectores como el de las flores o el café.
Uno de los puntos de mayor fricción en la agenda binacional ha sido el despliegue de poderío militar en aguas territoriales. Mientras Petro defiende una seguridad basada en la 'paz total' y la autonomía del territorio, la reactivación de una doctrina de control marítimo por parte de Washington plantea un dilema estratégico: ¿es posible cooperar sin ceder el mando?
"La presencia militar y naval de EE.UU. limita la autonomía de la política de seguridad de Petro al fijar prioridades operativas y crear dependencia de capacidades externas, lo que dificulta redefinir estrategias nacionales sin generar tensiones diplomáticas", resaltó De la Puente.
Asimismo, el internacionalista analizó el tema de la migración, la cual se ha convertido en la 'moneda de cambio' de la administración Trump, afectando directamente a miles de colombianos que ven en el retorno forzado una realidad inminente.
Esta presión no solo satura los servicios sociales en Colombia, sino que redefine los acuerdos diplomáticos que se habían tejido en años anteriores.
"La política migratoria restrictiva de Trump aumenta las deportaciones y endurece los acuerdos de retorno, elevando los costos políticos y administrativos para Colombia sin reducir de manera estructural la migración", afirmó el experto.
Y la tensión aumenta también por la reactivación del cerco económico y el reciente bloqueo de buques petroleros a Venezuela, decretado el 16 de diciembre, el cual ha dejado a Colombia en una encrucijada geopolítica.
Mientras el Presidente Petro insiste en una salida negociada y pacífica, el endurecimiento de las sanciones por parte de Estados Unidos parece dejar sin oxígeno cualquier intento de acercamiento diplomático. Por lo que De la Puente consideró que este "endurecimiento unilateral de sanciones debilita la capacidad de Colombia como mediador regional al reducir su margen diplomático y forzarla a equilibrar su autonomía con los costos de la relación con Estados Unidos".
Lo que viene en 2026

El panorama en el último año de Gobierno del Presidente Petro pinta igual. Con elecciones a bordo, la fricción constante entre Bogotá y Washington ha dejado de ser un asunto de cancillerías para transformarse en un combustible electoral que la oposición y el oficialismo intentarán capitalizar.
En este contexto, la figura de Donald Trump emerge como un factor determinante en la construcción de los discursos de campaña. "Trump puede influir en la narrativa electoral de 2026 al convertir las tensiones bilaterales en temas de campaña asociados a soberanía, seguridad, aislamiento internacional y clima para la inversión", argumentó Mario de la Puente.
Esto, dado que desde la óptica de la Casa Blanca, el próximo presidente de Colombia debe ser, ante todo, un socio operativo. Para expertos, este perfil se caracteriza por un discurso de orden público radical, una defensa irrestricta de la libertad de mercado y una alineación total con Estados Unidos en la lucha contra el narcotráfico, prefiriendo la aspersión y la interdicción militar sobre los programas de sustitución social.
"El candidato más compatible sería uno que ofrezca cooperación clara en seguridad y migración, junto con una agenda promercado basada en reglas estables y previsibilidad económica", destacó el docente investigador.
Sin embargo, el analista concluyó indicando que no cree que estemos ante una ruptura estructural de la relación histórica entre Colombia y EE. UU..
"Más que una ruptura estructural, se trata de un ciclo de tensión política entre visiones opuestas, sostenido por una interdependencia que hace poco probable una ruptura profunda, aunque sí un período prolongado de fricciones", que quizá pueda mejorar o empeorar en los próximos años, dependiendo de quién llegue al poder en la Presidencia.
En definitiva, el 2025 deja una relación binacional herida, donde el lenguaje de la cooperación técnica ha sido desplazado por el de la confrontación ideológica. Mientras Petro apuesta por una 'paz grande' que incluya a sus vecinos, Trump ha dejado claro que su prioridad es el control y la 'mano dura' en el hemisferio.
Esta colisión de visiones ha convertido a Colombia en el tablero de una partida geopolítica mayor, donde cada decisión tomada en Bogotá o Washington de cara a 2026 tendrá un eco directo en el bolsillo y la seguridad de los colombianos.
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