Universidad: primera gran muestra de gobernabilidad
Lo que no pudo conseguir el exgobernador Eduardo Verano De la Rosa en sus últimos tres meses de gobierno, lo logró la nueva mandataria departamental Elsa Noguera De la Espriella en sus primeros 30 días en el despacho. Podría calificarse sin duda como la primera gran victoria de Noguera De la Espriella en su mandato como gobernadora. La falta de voluntad política del exmandatario, tal vez obedeciendo directrices de sus jefes o de caciques de la política del Atlántico, sí la tuvo Elsa Noguera demostrando temple para tomar decisiones.
No de otra manera podríamos calificar la actuación de la gobernadora para dar solución al grave problema de la Universidad del Atlántico en la que más de 25 mil estudiantes vigentes y otros miles en expectativa se vieron afectados por el cese de actividades desde el 25 de octubre del año pasado.
Motivaciones diversas, entre estas la salida definitiva del entonces rector Carlos Prasca, los recursos económicos para atender emergencias presupuestales como la de Bellas Artes y la reforma de estatutos fueron ahora sí atendidas por la gobernadora y sus allegados del despacho y de los consejos académicos y superior de la universidad.
Esas mismas motivaciones o exigencias de estudiantes principalmente y de otros estamentos de la universidad como docentes, trabajadores y empleados, fueron relegadas sin atención alguna en los tiempos en que fueron presentados por los afectados y desechados por quienes tenían la potestad de atenderlos.
Las afectaciones a los estudiantes en curso, centenares listos para graduarse, otros tantos dispuestos para intentar ingresar al alma mater, trabajadores, empleados y docentes sin recibir pagos desde hace más de tres meses colocaron la institución ad portas de ser cerrada con la pérdida del semestre de finales del 2019. Sumado a todo esto, los daños por destrozos en el interior de la universidad, enfrentamientos con el Esmad y el sacrificio de una joven estudiante que perdió la vida en la sede de la 43 son tristes y lamentables resultados de un cese de actividades que no debió durar más del tiempo requerido por los protestantes y las directivas del plantel superior.
Casi cuatro meses de paro en los que se evidenció una vez más las profundas divisiones que existen en la población estudiantil y en donde prevaleció más la posición de ocho facultades dirigidas por 18 “jefes” o líderes sobre el deseo de una inmensa población deseosa de seguir estudiando.
Por fortuna apareció la figura de una gobernadora con cabeza fría que luego de entender y atender las manifestaciones y protestas de los huelguistas “dirigió acertadamente el barco en medio de la penumbra” sacándolo a flote. Bien sabido es que la tarea sin embargo no termina allí. Falta mucho por recorrer para llegar a puerto seguro. La Universidad del Atlántico está inmersa desde hace bastante rato en una serie de situaciones que comprometen la imagen de la institución al punto que muchos llegaron a pensar que sería preferible cerrarla y privatizarla como muchas otras empresas públicas del país.
Algunos conocedores de la problemática señalan que la Universidad no solo se ha convertido en un enorme fortín político donde se impone la voluntad y decisión de los caciques de la política que la dirigen, sino que en sus “entrañas” pululan negocios de drogas y prostitución. Según denuncias de algunos estudiantes, existe dentro de las enormes y magnificas torres de la sede norte un lugar llamado “El laguito” donde se vende y consume drogas y que es sitio vedado para muchos. Solo se permite el paso a quienes consumen y administran vicios.
Algo similar se ha pretendido en la sede centro de la carrera 43 donde se produjo recientemente un ataque violento a los celadores que trataron de impedir el ingreso a un grupo de los “tomistas” durante las protestas y donde se realizaron festines nocturnos. Más allá de esto, la muerte de una joven estudiante de 20 años y que aún no logran descifrar las autoridades sobre el grado de responsabilidad sigue enmarcando la situación triste de una huelga en que todos resultaron perjudicados.
La mandataria departamental sin embargo, es optimista cuando dice que “esta profunda crisis la podemos convertir en una gran oportunidad para lograr grandes transformaciones de la mano con nuestros estudiantes, profesores, egresados y todas las personas que amamos la universidad”. “La gobernadora abrió los espacios de diálogo, escuchó a todos los estamentos y logró establecer un nuevo cronograma para adelantar reforma de estatutos” sostuvo a su vez Junior Villarreal, vocero de la Facultad de Bellas Artes, a través de un video difundido por medio de las redes sociales.
Quizás en lo que no estamos de acuerdo sea en las manifestaciones de los voceros de los estudiantes cuando afirman que “este es un triunfo nuestro que, a pesar de todas las trabas, demostramos que la Universidad del Atlántico sí se puede democratizar”.
Yo diría que no es triunfo de nadie, más bien es una situación en la que todos perdieron: estudiantes, profesores, trabajadores, directivos y la misma administración sufrieron y pagan por las consecuencias. Tanto en lo económico como en lo académico y social. El tiempo perdido jamás se recupera. Pero nos alienta eso sí, creer que de todas las consecuencias negativas puedan resultar lecciones beneficiosas para el alma mater. El tiempo se encargará de confirmar lo positivo de todo el recorrido para que el futuro de la Universidad pueda transitar en paz y entusiasmo. Para eso se requiere la voluntad de todos, especialmente en el manejo administrativo y académico que se le dé, al margen de la condición política en que intenten dirigirla.