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Ucrania: Cuando el río suena

Hay un refrán muy popular que sostiene que “cuando el río suena, piedras trae” y en las últimas semanas, las tensiones entre Rusia, Estados Unidos y Ucrania parecen confirmar la sabiduría del dicho popular. Aunque hay diversas teorías que inundan las redes sociales, algunas de las cuales, parecen sacadas de una película de terror, existen tres puntos que quiero destacar a propósito de este conflicto geopolítico, pero antes, quiero recordar que las tensiones entre Ucrania y el gigante euroasiático no son nuevas; de hecho, vienen creciendo desde 2014 como consecuencia de la anexión del territorio de Crimea a Rusia.

Ahora bien, un primer punto que es necesario mencionar está basado en una norma de las relaciones internacionales que afirma que “dos democracias no se declararan la guerra”, de la que su sustento principal es la historia. Lamentablemente, ni Rusia es una democracia tal como la conocemos, ni Estados Unidos se encuentra en su mejor momento institucional; por tanto, lo que pueda suceder en adelante es difícil de prever. ¿Y qué pasa con Ucrania? Después de dos años de pandemia y confinamiento, su economía, al igual que las de casi todos los países, está debilitada y con ello, se ha vuelto un caldo de cultivo para el surgimiento del sentimiento nacionalista ucraniano y al mismo tiempo, para que algunos grupos añoren una Unión Soviética, que de gloriosa tuvo poco.

Un segundo punto tiene que ver con un asunto estratégico: las guerras no son gratis y su costo, lo asumen los ciudadanos. ¿Qué gobierno estará dispuesto a enfrentar a Putin y sus anhelos expansionistas? Y más aún, ¿Qué político está dispuesto a asumir el peor escenario con una economía debilitada?  Este es un momento decisivo para la administración de Biden, que debe decidir entre cambiar su discurso de campaña y mandar militares o ser fiel a sus votantes y no intervenir. En cualquier caso, su decisión deberá tomarla en un momento donde su popularidad llega a los niveles más bajos, de ahí que se vea como inminente el rebrote de protestas. Por su parte, la Unión Europea enfrenta el temor de una escalada continental de un conflicto, que podría tener lugar por su intervención o por su omisión, tal como sucedió en el siglo pasado. Así entonces, ¿quién será el nuevo Winston Churchill? 

Finalmente, un tercer punto para considerar se refiere a las implicancias que podrían tener este conflicto en países como el nuestro y a priori, lo único que se puede decir es que la respuesta dependerá del desenvolvimiento de los acontecimientos. No obstante, el COVID-19 nos recordó que, al estar en un mundo globalizado, el resfrío de algunos países se propaga más rápido y eso incluye, el posible impacto económico que el inicio de las hostilidades podría traer. Entendiendo que estamos saliendo de una pandemia que golpeó muy fuerte nuestras economías, una nueva crisis podría alentar la aparición de ciertas actitudes entre la población, entre ellas, el nacionalismo, la xenofobia o los deseos refundacionales. Conscientes del periodo electoral en el que nos encontramos, el pragmatismo político parece ser la mejor receta que tenemos para enfrentar los vientos que se avecinan.