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‘Timochenko’ vs. Mancuso: Paz sin condenas

Fue impresionante ver pacíficamente a dos enemigos de tal tamaño, sentados, dialogando cara a cara, virtualmente, bajo un aparente propósito común: Hablar su verdad sobre el conflicto armado. Francisco de Roux, con su característica búsqueda loable de la verdad, puso sobre la mesa un hecho imposible, el líder guerrillero y el líder paramilitar más emblemático actuando en pro de las víctimas, de la verdad, para esclarecer qué pasó realmente, en un foro no judicial, que menos mal no sirve de prueba en un proceso pero da contexto sobre lo ocurrido, sobre lo que pasó, según sus versiones, según su verdad, en Colombia.

Un hecho histórico que para mí significa principalmente tres cosas: Primero, que hay que tener cuidado con los intereses de ambos líderes condenados social y jurídicamente sobre la veracidad de su dicho, qué tan cierto puede ser y qué tan conveniente a sus propósitos; menos mal, Francisco De Roux fue claro en que dichas versiones no hacen parte de un foro judicial, no se evaluarán con la rigidez de un proceso, sino que se contrastarán con declaraciones y demás soportes y evidencias dentro de un foro histórico, no judicial que busca crear, entre ficción y realidad, la verdad de lo ocurrido.

Segundo, que en la Comisión de la Verdad, simbólica, tangible y primero que en la JEP, podrán escuchar las víctimas a sus victimarios, ambos bandos, a viva voz, su confesión sobre actos crueles, criminales, de su arrepentimiento y de su promesa y pacto eterno por la no repetición; esto pone a los personajes principales, las víctimas, en donde deben ir, en el centro de todo el debate, de todo el conflicto, de toda la paz, sin procedimiento jurídico alguno. Y tercero, que el propósito de ambos, dicho por su propia declaración, es  jamás volver a la guerra, de no tener que someternos vilmente a todos a esta locura llamada conflicto armado y de abstenerse de manera total y definitiva de continuar como enemigos, en una guerra donde eran sus ideólogos, sus líderes políticos. Es terminar de una vez con todas con el ‘Timochenko’ vs. Mancuso, de la guerrilla vs. los paramilitares. Ambos, ‘Timochenko’ y Mancuso, dejan claro que los demás que continúan armados, no son sino calanchines y narcotraficantes que sólo buscan beneficios económicos y que merecen la persecución inmisericorde, legal y contundente del Estado.

Sin embargo, la realidad me persigue en que la noble idea del Padre Francisco De Roux quede en nada; la idea mística del tiempo circular que mucha razón tiene en evidencias palpables en el propio universo, en la historia que se repite y repite en las diferentes latitudes, en que cambian de ropaje pero perpetúan a las víctimas y de la horrible idea de que quien ignora la historia, como Colombia, está condenado a repetirla, me persigue; ya es hora de que nos liberemos de ese pasado que nos condena a guerras y más guerras sin sentido, unas con armas y otras legales, supuestamente loables, justificables, y que demos un paso al frente y de manera lineal, contradiciendo el círculo vicioso, avanzando hacia un futuro mejor, por la razón que sea, costándonos lo que nos cueste.

Como colombianos, ya basta de ensimismarnos en esa naturaleza que hemos asumido como violenta, que podamos confiar de una vez en las soluciones auto-compositivas, que cerremos un capítulo que nos avergonzará por siempre, pero que nos empecinemos en no repetir; que dejemos de tomar decisiones teniendo en cuenta únicamente el proceso, el condenar, el encontrar culpables, sino pensar cómo ese interés suma en un todo, en una colectividad, en la verdadera paz, la del individuo, la de la víctima y no la del político. Sólo así lograremos, con JEP o sin JEP, con Comisión o sin Comisión, con verdad o sin verdad, con condenados o sin ellos, sanar a las víctimas y no repetir este conflicto malsano y eterno, cíclico y degradante que parece reiniciarse mientras buscamos su propio fin.

Que Mancuso quiera vengarse de quien lo envió condenado a Estados Unidos, de empresarios traidores, que quiera aprovechar, desde una cárcel, uniformado, para limpiar su historia, señalar otros culpables y pintarnos una realidad que no conocemos, es predecible; pero que esto servirá para que las víctimas escuchen a su perpretador, criminal, verdugo pedirles perdón, permiten darle valor a dicha declaración por permitir la reparación de las víctimas, no la condena de nadie.

Que ‘Timochenko’ aproveche para hablar de unas FARC disonantes, distantes de la evidencia, víctimas y justificadas en una realidad social que no vuelve asesino a nadie, sino pobres y olvidados, relegados y victimizados, que intente limpiar el nombre de compañeros, otros criminales y re-abrirles campo en un lugar que ya han perdido, que abandonaron, tal vez; pero su declaración sólo tendrá un solo propósito, la reparación de las víctimas y no la condena de nadie.

Porque al final la simbología de los dos enemigos irreconciliables, dialogando, sin armas, uno preso y otro en casa, con un supuesto y aparente propósito común como son las víctimas del conflicto, cumpliendo su intención loable y simbólica de darle paz a las millones de personas afectadas por esta guerra, sólo tendrá valor sino se convierte en un insumo para tribunales, políticos y rufianes de continuar cíclicamente un conflicto que parece repetirse en un eterno presente, en un sinfín de violencia; porque debemos decidir como colombianos si queremos tener paz o tener la razón, si tener a todos condenados o a todos reparados

¿Qué tan conveniente, de verdad, ha sido judicializar el conflicto, darle prioridad a la condena sobre la reparación? Buscar responsables, que en su defensa perpetúan y eternizan guerras en pro de intereses que mutan pero se calan en ideologías, que no solucionan y que normalmente enredan más la pita de lo que la sueltan.

Que hablen, que liberen a las víctimas y que las víctimas les crean. Que encuentren paz, con culpables pero sin condenas. Con eso nos basta.

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