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Sergio Fajardo en el cadalso

Antes de iniciar el análisis aclararé que no pertenezco a ningún partido político de centro, ni al grupo Compromiso Ciudadano, que dirige el excandidato presidencial Sergio Fajardo. Este análisis solo busca establecer algunos hechos relacionados con su actividad política y la de sus adversarios.

Sergio Fajardo está en la picota pública desde las anteriores elecciones presidenciales, por lo menos. Su decisión de no votar por Petro fue vista por la extrema izquierda como una traición, y como la principal causa de la derrota de la Colombia Humana.

Lo cierto es que Fajardo no tenía la obligación de votar por un aspirante con el cual no se identificaba, como él lo expresó antes y después de la derrota de Petro ante el candidato de Uribe. Por eso decidió irse por la abstención o el voto en blanco, como lo hicieron otros líderes centristas.

Pero las huestes del extremo izquierdo del espectro político vieron en Fajardo el principal culpable por no haber podido derrotar a Duque, dando por supuesto que los votos del centro que apoyaban a Fajardo debían ir hacia Petro.

Lo cierto es que muchas personas de la centro-izquierda le dieron su voto a Petro, a pesar de la posición de Fajardo y de otros partidos o líderes del centro político. En consecuencia, quizás la razón de la derrota no esté en la supuesta traición de Fajardo o Robledo, sino en otras causas.

Con lo que se ha descubierto después de las elecciones, parece quedar muy claro que la derecha y la ultraderecha se fueron con todo para evitar el triunfo de Petro, utilizando vías legales e ilegales para alcanzar ese objetivo. La compra de votos y la corrupción más abierta estuvieron en la agenda del uribismo para conseguir la victoria.

Quizás hasta con el apoyo de todo el centro político no se hubiera podido derrotar la maquinaria de comprar votos y la corrupción generalizada que implementó la ultraderecha para imponer su ley. Pero decirle esto a las bodegas de la ultraizquierda es como arar en el mar.

Fajardo sigue siendo exhibido como el principal responsable de la derrota, y es flagelado en las redes sin ninguna consideración. Tan o más satanizado que Uribe, a quien han quemado como un simple muñeco de trapo.

El cadalso para Sergio Fajardo ardió en llamas intensas con su vinculación, por parte de la Contraloría General de la República, al escandaloso caso de Hidroituango. Aunque apenas se trata del inicio de una investigación formal, ya los bodegueros de la ultraizquierda lo han declarado culpable.

En esta decisión mediática de las bodegas de la ultraizquierda no están en juego las reglas del derecho, sino el odio que sienten por Fajardo, al continuar percibiéndolo como el culpable de la derrota en las anteriores presidenciales.

No se sabe lo que ocurrirá en el mediano futuro con las aspiraciones políticas de Sergio Fajardo. Él sigue empeñado en ser presidente de Colombia, a pesar del trabajo contrario de las bodegas extremistas de la izquierda.

Que logre sobreponerse a esta presión y limpiar su nombre de los problemas legales derivados de Hidroituango será decisivo para mantener el propósito de victoria en 2022. Pero nada garantiza que esto será así, ni siquiera el esfuerzo decidido del candidato y de su grupo, debido al cadalso ardiente en que lo tienen sus enemigos políticos. 

Aunque ya hay varios aspirantes a la presidencia, todavía es incierta la manera como se reagrupará la correlación de fuerzas, incluyendo todos los factores del espectro político. Es claro que Petro está en el ruedo y que el uribismo lanzará su propio gallo para frenar al líder de la Colombia Humana.

Pero nada se sabe sobre el comportamiento del centro político, si exceptuamos a Sergio Fajardo. Con el cadalso ardiendo, y si este no logra zafarse de sus líos legales, lo más probable es que deje el espacio para otro candidato, todavía por definirse.

Es real y políticamente comprobable que existen personas y partidos que no le caminan a la descomposición uribista, ni al extremismo o la vulgaridad de la ultraizquierda totalitaria. O sea, personas y grupos que detestan el estilo bodeguero de la ultraizquierda y de la ultraderecha, y que tratan de situarse en el terreno de la decencia.

Esto es lo que en Colombia se llama centro político. Se supone que, de ese centro, hay núcleos que simpatizan con muchas de las ideas de izquierda. Utilizando las categorías de la teoría política, ese sector de centroizquierda podría votar por un candidato de la izquierda.

Aquí es donde las bodegas y los bodegueros de la ultraizquierda entran a hacerle daño al proceso político. En vez de ayudar a atraer a la centroizquierda, los botacandelas de las bodegas están contribuyendo a alejar a los sectores moderados del espectro.

Aunque no lo piensen así, este trabajo destructivo termina favoreciendo a la ultraderecha. Es decir, a pesar de que los bodegueros de la ultraizquierda no vean el problema, ellos no están trabajando para los sectores democráticos y progresivos de la sociedad, sino para los más regresivos, para la ultraderecha.

Convertir a Sergio Fajardo, Claudia López, Jorge Robledo y a otros líderes del centro político en sus enemigos no ayuda a las aspiraciones de la izquierda, encabezada por Petro, sino que favorece los intereses del uribismo.

Si las bodegas y los bodegueros no ven esto es porque el sectarismo y las creencias ilusas no los dejan ver. A ellos, en realidad, no les importa el cambio real del país, sino desatar su furia en los cadalsos mediáticos. El odio siempre los niega para el análisis político sereno.

Ojalá que ese odio no termine también incinerando a su propio candidato.     

Sergio Fajardo.