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Salario mínimo es tan mentiroso como lo es el Presidente Duque

Arranca hoy viernes un nuevo año, un 2021 en medio de una enorme expectativa, en medio de esperanza e incertidumbre, entre medido optimismo y melancolía,  pero  con la fe puesta en un Dios que nos libere de tan dramático desastre mundial como lo fue en el 2020 la pandemia del Covid-19.

La gran esperanza es que terminado el dramático año de la pandemia, la plaga universal se desvanezca poco a poco en este nuevo, sin causar tanto daño mortal como el que nos abrasó en el 2020. Para los colombianos, en particular y para no adentrarnos en otras latitudes donde también fue desastroso, la maldad de la pandemia llegó acompañada por la ineficacia de un poder gubernamental y sanitario que bien pudo-creemos nosotros- hacer menos lamentable el panorama familiar. Las medidas y disposiciones del gobierno así nos lo hacen creer, y las estadísticas de muertos y afectados exaltados al máximo nivel, son muestras irrefutables de acciones equivocadas por la prelación a la llamada “Reactivación económica” que al control de la pandemia.

Sin desconocer la importancia de un flujo económico nacional y la recuperación de la fuerza laboral, es decir, la capacidad de empleo, el gobierno del Presidente Duque se fue por las ramas entregando los grandes incentivos a los emporios empresariales; bajo el pretexto de recuperar la economía entregó la gran fuerza monetaria a las grandes empresas e industrias, al comercio y entidades bancarias, desdeñando enormemente a medianas y pequeñas empresas, causando un tremendo desequilibrio entre la fuerza productiva comercial y la capacidad adquisitiva.

Como complemento y como como es costumbre a finales de cada año por el gobierno actuante, envolvió al pueblo con indicadores engañosos, sacando pecho al decretar un aumento al salario mínimo del 3.5 por ciento. Según su criterio y de quienes administran la economía del país, vale decir, los grandes emporios como Andi, Fenalco, Acopi y la Gran Banca, el aumento supera el índice de inflación que fue, según el DANE del 1.5 por ciento y con previsión no mayor del 2.5 por ciento para el nuevo período.

No se necesita ser especialista ni tener doctorado en administración o economía, pero según nos enseñaron en clases de administración, el valor económico del dinero se mide por el poder adquisitivo de la moneda. Con estos incrementos que apenas llegan a 30 mil pesos al salario mínimo,  a una familia promedio de 4 personas seguirá dejando un déficit enorme en cada hogar. 

En Colombia el poder adquisitivo no se mide por la cantidad de bienes o servicios que puedan conseguirse con el dinero que se tenga, porque los precios sin regulación del gobierno, o con el consentimiento del mismo, los establecen los emporios comerciales. La demanda de un producto de primera necesidad por ejemplo, es siempre inferior a la capacidad de recursos de los trabajadores, impidiendo llenar las necesidades de primera línea, tales como subsistencia, vivienda, educación, salud y alimentación.

Y mientras el presidente cierra sus oídos a los reclamos de la gente por el incremento “constitucional” a los legisladores que les arrima a más de 34 millones de pesos mensuales, se  establece una mayor desigualdad entre la clase rica, y la clase pobre del país, haciendo más ricos a los primeros y más pobres a los segundos.

Y mientras, agota explicaciones a través de sus ministros intentando justificar los enormes desafueros,  el Presidente Duque se ufana de enfatizar su empeño contra la corrupción, pero sin mencionar los grandes desfalcos de Reficar, Ecopetrol, Hidroituango, Odebrecht, Interbolsa, Colpensiones, Fonade, y tantos otros innumerables con sumas billonarias” irrecuperables. Sumando a todo esto los escándalos de falsos positivos de la policía y la fiscalía, los carteles de la toga, de la salud y alimentos escolares etc., y con responsabilidades de funcionarios y ejecutivos públicos y privados que ameritan apenas unos meses de casa por cárcel, pero sin resarcimiento de las billonarias sumas desfalcadas.

Razones tienen quienes califican el aumento salarial de ridículo, como ridícula es la participación de los representantes en las centrales obreras que, como se ha hecho costumbre, abandonan las discusiones en el intermedio para dejar en manos del ejecutivo el decreto oficializando el incremento.  Dejando en el ambiente la percepción de, “engrase o mermeladas”, en un país como el nuestro en el que la Corrupción crece diariamente sin control alguno.

Queda claro entonces que el 2021 será tan “miserable” como lo ha sido la pandemia del Covid 19.  Tal es el concepto de la Confederación General de Trabajadores (CGT) y de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT). Como diría el senador Gustavo Bolívar “el aumento de 30 mil pesos es una ofensa al trabajador”. O como dirían algunos otros críticos, cuyo concepto comparto totalmente: “El aumento al salario mínimo es tan mentiroso, como mentiroso lo es el Presidente Duque con los colombianos”.