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Recordando al ‘Judío Maravilloso’

De haber estado vivo, Larry Harlow, el inolvidable pianista de las Estrellas de Fania, habría festejado el pasado domingo 20 de marzo su cumpleaños número 83.

“Aspiro a vivir 90 años pleno de salud y lucidez mental”, me había dicho ‘El Judío Maravilloso’, en conversación telefónica que sostuvimos en febrero de 2014, días antes de su viaje de Nueva York a Barranquilla, donde clausuraría la octava edición del Carnaval Internacional de las Artes. A la capital del

Atlántico llegó en compañía de su más reciente novia, María del Carmen.

No pudo cumplir el sueño de vivir un poco más de los 90, pues la muerte lo sorprendió en la media noche del viernes 20 de agosto de 2021, en plena pandemia de la Covid 19. En verdad estaba bastante mal de salud debido a una enfermedad renal. El último lustro fue duro para él. Debía realizarse diálisis muy seguidas. Los riñones no le funcionaban. Su deceso se produjo en un hospital de Nueva York. Tenía 81 años.

Su nombre de pila era Lawrence Ira Kahn y había nacido en Nueva York, en 1939. Era seis años mayor que su hermano Andy, diestro ejecutor de  la flauta, el clarinete, el saxofón y el vibráfono.

Larry estudió en la Music and Art High School. Allí aprendió a tocar el oboe, el corno inglés, la flauta, el bajo, el vibráfono y por supuesto, el piano.

Adoptó el nombre de Larry Harlow como un reconocimiento al cirujano que le practicó una delicadísima cirugía a corazón abierto a su padre.

El remoquete de ‘Judío maravilloso’ lo llevó con dignidad por su estirpe y devoción musical hacia el memorable compositor matancero Arsenio Rodríguez, apodado ‘El Ciego Maravilloso’. “Si Arsenio es el Ciego Maravilloso’, entonces yo soy ‘El Judío Maravilloso’, y así fue”, me dijo Harlow.

Fue tanta la admiración de Larry por el ejecutor impecable del tres, que se internó en la isla centroamericana con la idea, entre ceja ceja, de formarse como músico.

En 1971 sacó a la luz el álbum ‘Tribute a Arsenio Rodríguez’, con el que le rindió honores al autor de las célebres piezas ‘Bruca maniguá y ‘Fuego en el 23’.

Larry se ufanaba de haber forjado a los talentosos cantantes Ismael Miranda y Junior González, con los que consolidó canciones que hoy son atesoradas por los salseros. Entre sus canciones cimeras sobresalen ‘La cartera’, ‘Jardinero del amor’, ‘Abran paso’, ‘El paso de Encarnación’, ‘Lo que dice usted’.

Parte del diálogo que sostuve, vía telefónica, con ese personaje que tiene su puesto inamovible en la historia de la música afroantillana por su participación como director, productor, arreglista y pianista, fue publicado por El Heraldo. Por cuestión de espacio no pude publicar toda la entrevista, lo que hago ahora en el portal de Zonacero.

Larry Harlow, el inolvidable pianista de las Estrellas de Fania

Él fue uno de los pilares en la configuración de ese fenómeno denominado Estrellas de Fania, cuyos albores se dieron a finales de la década de los 60 al lado de figuras no menos deslumbrantes como Johnny Pacheco, Ray Barreto, Bobby Valentin, Willie Colón y Héctor Lavoe, entre otros. He aquí la conversación que sostuvimos:

¿Qué representa para usted venir a Barranquilla a compartir sus conocimientos frente a un público que goza y valora su música?

“Tiene una gran significación para mí. El público de Colombia, y en especial el de Barranquilla, conoce y valora la salsa. Siempre será placentero para mí actuar en esa ciudad que está bien referenciada por los músicos y cantantes”.

¿De dónde viene su vocación por la música?

“Lo mío es hereditario. Mi padre, americano de nacimiento, de ascendencia austriaca, era bajista; mi abuelo también era músico. Mi madre, de origen rumano, era cantante de ópera. De modo que yo no podía ser otra cosa distinta que músico”.

¿Cuándo aprendió a tocar piano?

“Como a los cinco años. Estudié en el Brooklyn College, en el barrio de judíos donde nací”.

¿Qué músicos influyeron en sus comienzos?

“En 1952 salí por primera vez de Nueva York y fui a La Habana. Yo tenía entonces 13 años cumplidos y conocí la música de Arsenio Rodríguez, de Roberto Faz, de Benny Moré, de la Orquesta Aragón. Eso fue un descubrimiento asombroso para mí. Supe enseguida que lo mío era la música. Años después, en Nueva York, cuando visité el Palladium y vi a Tito Puente dándole duro a los cueros con los palitos, estalló la locura”.

En el piano, el instrumento de su predilección, ¿a quién admira?

“Hay varios: Noro Morales, Peruchín, Ricardo Ray”.

Su Orquesta Harlow se distinguió por la extraordinaria fusión de dos trompetas, con dos trombones. ¿Qué lo motivó a matrimoniar esos dos instrumentos?

“Cuando yo irrumpo en la música estaban en auge las agrupaciones con violines y flautas, algunas con trompetas y otras con trombones. Entonces, yo quise diferenciarme y mostrar mi propio sonido”.

Por su orquesta han desfilado cantantes de altos kilates como Felo Brito, Monguito, Ismael Miranda, Heny Álvarez, Junior González, Néstor Sánchez, Rubén Blades. ¿De ellos, cuál considera el mejor de todos?

“Es una pregunta difícil, pero le respondo: para mi gusto, el más creativo, el de mayor sabor y el de afinación perfecta, es el albino Néstor Sánchez, ya fallecido. Es más, para mí era mucho mejor que Héctor Lavoe”.

Usted, que se destacó por tener tantos cantantes, ¿por qué no grabó una producción completa con Celia Cruz?

Muy buena pregunta: con Celia grabé una cosita, por allá en 1974, titulada ‘Gracia divina’, del puertorriqueño Genaro Henry Álvarez Domenech, con arreglos míos, que también grabaría conmigo Junior González. Pero, ¡qué cosa, nunca grabamos un disco completo! Ojalá Celia pudiera resucitar para preguntarle por eso.

Hubo una respuesta que me quedó debiendo: su pensamiento sobre Jesús de Nazareth. “Esa es una pregunta compleja. Cuando esté en Barranquilla hablaremos al respecto”. Por diversas ocupaciones no pudimos hablar...