¿Qué es la violencia simbólica?
El concepto violencia simbólica fue acuñado en el marco de la sociología. Quien más se ocupó del asunto fue el sociólogo marxista francés Pierre Bourdieu, cuyos libros y entrevistas se pueden consultar aquí en la web.
Esa violencia simbólica es diferente a la que se expresa físicamente, en las guerras o en la relación directa entre los individuos, grupos o clases. Históricamente, ha existido en el marco de la cultura simbólica construida por las clases dominantes, para referirse a los sectores dominados o subalternos.
A menudo, los contenidos clasistas que pordebajean a quienes no tienen el nivel de los sectores dominantes se combinan con contenidos racistas, ideológicos o machistas. Esa violencia simbólica puede rastrearse fácilmente en la evidencia empírica que nos legó el tiempo sobre la sociedad feudal, o sobre el esclavismo en Latinoamérica, por ejemplo.
Las grandes guerras del siglo XX son un gran reservorio de violencia simbólica, mediante la cual se buscaba desinformar, confundir o derrotar al enemigo. La estrategia era muy simple: lo que se buscaba esa desacreditar al adversario y construir un enemigo sobre el cual se justificara, sin atenuantes, el empleo de la violencia física.
Los fascistas y los estalinistas aplicaron sistemáticamente la violencia simbólica contra sus adversarios, siempre bajo el supuesto de destrozarlos moral y políticamente, como un paso previo al encarcelamiento o a la aplicación de la pena de muerte.
El mismo método utilizaron los curas fanáticos del medievo contra sus opositores o contra quienes no pensaban como ellos. La metodología era simple, pero macabra y efectiva: primero descalificaban a los otros con mentiras y calumnias (construcción simbólica del enemigo), y después lo llevaban a la hoguera.
Hoy asistimos a una multiplicación de la violencia simbólica debido al papel de las redes sociales. Estas se han convertido en una caldera del diablo donde es lícito sacrificar al enemigo (o a quien, erróneamente, se percibe como enemigo) debido a las diferencias ideológicas, políticas o de otro tipo.
El matoneo impuesto por los sectores más violentos de la red mundial es una variante internacional de la violencia simbólica sobre la que teorizó Bourdieu. Esa forma de agresión también busca construir un enemigo, de modo parecido a como lo construían los fascistas, los estalinistas y los curas sectarios del medioevo.
Es claro que puede haber discrepancias ideológicas o políticas en la base del matoneo, pero también mucho odio y bastante precariedad cultural. Es decir, el matoneo existe porque hay personas que odian, las cuales tienen un nivel cultural irrisorio y que, además, expresan su animadversión hacia el otro de manera brutal, utilizando el peor lenguaje posible.
El matoneo como forma de violencia simbólica se nutre de la mentira, de la calumnia, y viaja en el vehículo de la expresión soez, como si ser más agresivo y más rudimentario se midiera en kilómetros de vulgaridades. Esta proyección violenta de la cultura expresa una degradación profunda de sus agentes.
Y manifiesta también una descomposición de la cultura simbólica que circula en la red, llevada de la mano por las personas que carecen de talanqueras éticas para respetar al otro, sea mujer o distinto desde el punto de vista ideológico o político.
Evitar que la plaga de la violencia simbólica se siga esparciendo debe ser tarea de los maestros, de la estructura educativa y de los medios de comunicación, entre otras instituciones. Cruzarse de brazos no es una opción, pues lo que está en juego es la vida o la muerte de la cultura.
Cruzarse de brazos equivale a esperar pasivamente la muerte después del ataque de un virus desconocido. El virus de la violencia simbólica y del matoneo ya ha sido bien fotografiado por los estudiosos, y lo que se impone ahora es una terapia profunda que ayude a combatir o prevenir la enfermedad.
No es un trabajo fácil, pero debe iniciarse desde ya en las familias, en las escuelas y universidades. La propia web debería ser un escenario para luchar contra ese pernicioso engendro, más agresivo que cualquier otro. La salud de la cultura está en peligro, y es nuestra responsabilidad ayudar a que no muera.