Por falta de orden y jerarquía, fracaso del fútbol en Colombia
Escuché a un reconocido analista argentino del fútbol decir que el deporte se rige por tres aspectos fundamentales para la consecución de los objetivos propuestos: orden, jerarquía y organización. Referencia hecha tras la eliminación de Colombia en las eliminatorias pese al triunfo sobre Venezuela y aludiendo casos como los de su país y Brasil.
Fernando Niembro, veterano y reconocido crítico del fútbol, señaló que el fracaso de Colombia, porque así hay que aceptarlo, se concentra en estas tres directrices en las que caben responsabilidades desde la empresa y empresarios que dirigen al fútbol, a los responsables de la dirección técnica y protagonistas del espectáculo, vale decir, los jugadores.
Como toda empresa, el fútbol debe regirse por un orden de quién o quiénes tienen el control, responsabilidad que le cae directamente en la dirigencia; de allí parte la denominada jerarquía en la que los dirigentes deben mostrar la autoridad que le corresponde sobre sus empleados. Orden, que indique quién o quiénes mandan. Y de ese orden generar la jerarquía, el que impone normas y obligaciones que establece un tercer tip, como es la organización en la que cuerpo técnico y jugadores acepten y comprometen para cada evento.
He ahí la diferencia entre la Confederación Brasilera de Fútbol (CBF), la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) y La Federación Colombiana de Fútbol (FCF). Las dos primeras, por demás, las más reconocidas en el ambiente suramericano. Dos representaciones que deportivamente son siempre invitadas a altas competencias internacionales y mundiales.
Colombia, en cambio, se rige por unos argumentos en los que impera tradicionalmente el interés particular, el manejo y dominio regionalista. Dirigentes que sobreponen intereses mezquinos en beneficio propio en vez del interés general de un país que deposita inocentemente la confianza en quienes devuelven en cambio engaños y perjuicios.
En Argentina y Brasil, son dirigentes de sus respectivas federaciones los que imponen condiciones, los que ejercen prioridades y establecen jerarquías; son los directores técnicos los que recogen las condiciones y en segundo término los que cargan enormemente las responsabilidades deportivas en cada certamen internacional. Y, en tercer término, los jugadores que saben que, por encima de sus actuaciones y pretensiones, están los compromisos con toda una nación.
En Argentina, el presidente de la AFA ejerce el dominio dirigencial, los técnicos respetan los mandamientos y los jugadores, por muy Messi que sean, los que obedecen. Igual en Brasil el técnico está sujeto a mandamientos dirigenciales y jugadores por más Neymar que sea, se someten.
Una buena dirigencia obliga entonces a la conformación del mejor cuerpo técnico que esté a la mano. Por ello la misión es conseguir el mejor director técnico y colaboradores posibles, sin recato alguno y apuntando siempre a la obtención de excelentes resultados. Técnicos modernos, con capacidad, aptitud y actitud frente a sus dirigidos; que ejerzan dominio y no que se dejen mandar por jugadores que por más rótulos de estrellas que tengan, crean tener derecho a decidir.
La eliminación de la selección Colombia ha generado críticas y comentarios de toda clase, desde los que piensan que no merecía estar en el Mundial, como el propio Reynaldo Rueda lo anticipó antes del último juego, cuando afirmó que si no íbamos a Catar era porque no lo merecíamos. Preguntamos ¿acaso es solo merecimiento?, de ser así ni Perú debería estar en el repechaje. Colombia en el resumen de la tabla marcó un gol más que Perú y quedó con diferencia de más uno, eso que estuvo siete partidos sin marcar uno solo.
Lo de la selección vino calando de atrás, desde la salida de José Pékerman por los dirigentes complaciendo a ciertos críticos deportivos, desde la salida luego de Queiroz, sometido también a caprichos de una parte de la prensa que obligó a la dirigencia a cambiarlo. Todo ello afianzado en la contratación de Reynaldo Rueda, que llegó sin pergaminos halagadores cuando dirigía a Chile. Situación que se incrementó con posiciones de jugadores que creyéndose totalmente indispensables enmarcaron al técnico Rueda en controversias periodísticas que seguramente le confundieron en el manejo del grupo.
Este rotundo fracaso no es para que -como dicen algunos- haya que pasar la página, sino del que se deben sacar conclusiones, para que no vuelva a repetirse el fracaso. Comenzando por la dirigencia que debería ser renovada, con directores técnicos modernos, que hablen el verdadero idioma universal del fútbol que estén actualizados, que no sean “amigos” de los jugadores, que tengan manejo y autoridad, que manden y no se dejen mandar.
Y jugadores que sepan que hoy el futbolista profesional debe ser integral, de ida y vuelta, defendiendo y atacando, que corra la cancha y no que trote ni camine. Jugadores que sean honestos con ellos mismos y con el público, jugadores con dotes de lideres, no necesariamente porque sean los mejores dotados en técnica, también que ejerzan y sepan ejercer mandato y respeto en el grupo. Y en Colombia no existe, orden, ni jerarquía y mucho menos organización.