Poemas del Tuerto López
Luis Carlos López (más conocido como el Tuerto López) nació en Cartagena en 1879 y murió en esta ciudad en 1950. El Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional de Colombia le publicaron, en el año 2016, toda su obra poética, bajo el sello de la Biblioteca Básica Colombiana. El libro se llama Poesía Completa y se puede conseguir aquí en la web en una edición digital bastante buena.
El Tuerto López (nombre completo: Luis Carlos Bernabé del Monte Carmelo López Escauriaza) ha logrado dividir a los críticos, alineándose en un lado quienes lo consideran un poeta de talla nacional y, en el otro, los que no le entregan ese mérito, al lado de otros pesos pesados de la poesía colombiana. Con todo, López ha pervivido en la memoria colectiva mucho más y mejor que otros autores considerados por encima de él.
La poesía del Tuerto es muy satírica; este es, quizás, su rasgo más singular. Una sátira que se despliega hacia un humor agradable, o hacia la acidez corrosiva que exhibe cuando se refiere a personas, lugares o situaciones que le irritan. Tal estilo parece muy influido por la forma de expresarse de Nietzsche, filósofo al que conocía bien.
Algunos críticos lo han catalogada de costumbrista y ese aserto tal vez tenga algo de razonable, si se tiene en cuenta que sus poemas describen y problematizan las costumbres de su natal Cartagena, asociadas a sus calles, a otros lugares y a las personas.

Pero esa aseveración se queda corta si atendemos a la crítica social que desarrolla el Tuerto (le llamaban así porque tenía un ojo con estrabismo, por el cual decía no poder ver), y a la mordacidad con que destroza los hábitos y las tradiciones que no comparte. A propósito del Año Nuevo, una fiesta tradicional muy arraigada en el país, escribe el vate:
El Año Nuevo
Todo es lo mismo: ayer
pasó, como ahora,
la mujer
que vende a gritos queso y pan. La casa
vecina, un caserón
tan ruinoso que no resiste un tajo
ni un ligero empujón,
no se ha venido abajo…
La calleja
tal cual. Y en el agudo
triángulo de una teja,
mudo y senil asoma el sol. ¿Qué hacer
para ir tras el imán
del optimismo en un amanecer
que huele a queso y pan?
En un poema dedicado a Cartagena mezcla una nostalgia genuina por lo que fue y ya no es su ciudad con una crítica corrosiva al ahora, incluida la gente:
A mi ciudad nativa
Noble rincón de mis abuelos: nada
como evocar, cruzando callejuelas,
los tiempos de la cruz y de la espada,
del ahumado candil y las pajuelas…
Pues ya pasó, ciudad amurallada,
tu edad de folletín… Las carabelas
se fueron para siempre de tu rada…
--¡Ya no viene el aceite en botijuelas!
Fuiste heroica en los años coloniales,
cuando tus hijos, águilas caudales,
no eran una caterva de vencejos.
Mas hoy, plena de rancio desaliño,
bien puedes inspirar ese cariño
que uno les tiene a sus zapatos viejos.
Este es el poema más conocido de Luis Carlos, y su validez parece trascender el tiempo, si nos atenemos a los graves problemas de liderazgo y de otro tipo que ahora padece La Heroica.
Cerraré este corto comentario ilustrado con un poema que le inspiró Benito Mussolini, el cual es una muestra más de su estilo satírico, en este caso impregnado de humor:
Se murió Mussolini
Se murió Mussolini, aquel perrito
de la bella Margot de Zubiría,
y toda la familia de Benito
le rezó más de un Ave María.
Lo enterraron debajo de un caimito,
en la frescura de una noche umbría,
con todo el rito, el imponente rito
de nuestra inimitable clerecía.
¿Por qué Señor, por qué
se muere un can hermoso
y no se muere un tal Ernesto Posso?
Cosas de Dios, que no comete un yerro,
según dice en su epístola San Pablo,
que le quita la vida a un pobre perro
y le deja la vida a un pobre diablo.
Invito a los jóvenes y a los adultos a leer la poesía del Tuerto López, un poeta costeño que parece también hablarle al presente, a los críticos y a los satíricos descontentos con el mundo que les rodea. Como dije arriba, la obra se consigue gratis en la red mundial en una edición excelente. Luis Carlos los espera.
