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Petro o Hernández: entre el miedo y la esperanza

Las elecciones presidenciales que concluyen el 19 de junio son diferentes a las anteriores en más de un sentido: ambos aspirantes están a favor del cambio, contra la corrupción y se autoproclaman enemigos de las maquinarias políticas tradicionales.

Los dos despiertan mucho interés, aunque por distintas razones: Petro, por su trayectoria contestaría y su programa perfilado hacia la solución de varios problemas sociales; Hernández, por su estilo desfachatado, tratando de presentarse como un candidato “antipolítico” que detesta la polarización y sus secuelas.

El ingeniero emergió como una especie de bala perdida al fracasar el intento de Federico Gutiérrez, a quien le pesó demasiado el apoyo de Uribe y del gobierno. Parece ser que un sector amplio del electorado no estuvo de acuerdo con el continuismo ni con lo que representa Petro, y por eso se alineó con Rodolfo.

Las píldoras precisas y urticantes de Hernández contra el sistema y la corrupción, utilizando los recursos mediáticos menos convencionales, estimularon la esperanza de muchas personas que no quieren ni a Petro ni a Uribe. Esos votantes han visto en él una especie de outsider que podría darle un tatequieto a la pelotera en que se ha convertido la política nacional.

Pero el ingeniero recibe más impulso de fuerzas que no controla que de sus propias capacidades o del programa que preparó. Él está anclado en la esperanza de todos los que quieren la derrota de Petro, debido a los temores que produce ese candidato.

El miedo a que utilice el aparato estatal para organizar un régimen autoritario; el temor a que, si gana, pretenda mantenerse en el poder como lo hicieron Chávez, Maduro u Ortega; la angustia de que vaya a estrangular la economía privada y el mercado, sumiendo al país en una crisis parecida a la que sufre Venezuela… Estas son ideas, entre otras, que acompañan al antipetrismo, que irá con todo contra Petro.

El jefe del Pacto Histórico es impulsado, más que nada, por los pobres, los desempleados y por todos los que están del lado perdedor de la desigualdad económica extrema, en la parte que ha sufrido los efectos más duros de la excesiva concentración de la riqueza. Él encarna la esperanza de la pobresía; por eso ha despertado tanto entusiasmo en esa población que es, de lejos, mayoritaria en este país.

Rodolfo Hernández será catapultado, en la segunda vuelta, por las maquinarias políticas tradicionales y por el grueso de los líderes del establecimiento. Para estos, el político santandereano representa el único medio para frenar a Petro, pues el candidato de la Colombia Humana es percibido como una seria amenaza para sus intereses y para la estabilidad de la nación.

Esa angustia se incrementa por el hecho de que la izquierda marxista, en bloque, está detrás de las aspiraciones de Gustavo Petro. Dicha izquierda todavía cree en el socialismo, en el estatismo a ultranza, y detesta la democracia representativa, a la cual solo la concibe como un simple trampolín para acceder al poder.

Sin importar el fracaso de las teorías del cambio social de Marx, tal izquierda aún defiende sus fallidas estrategias, y todavía concibe a la economía privada y al mercado como dos engendros del mal, como la principal causa de todas las dificultades de la sociedad, sin darse cuenta, debido al dogmatismo que la domina, que los chinos y los vietnamitas han logrado superar muchos de sus problemas sociales gracias a la economía privada y al mercado.

Los marxistas que acompañan a Petro alimentan la esperanza de que él los conduzca al socialismo, a pesar de que ese sistema se ha hundido, por inoperante, en todas partes. Por esta razón, lo siguen con entusiasmo y lo votarán sin pensarlo mucho.

El antipetrismo votará por Rodolfo Hernández, olvidando sus debilidades o torpezas. Muchos de los antipetristas sufragarán por el ingeniero solo por parar a Petro, a raíz del miedo que le tienen a ese líder. Estos alimentan la esperanza de que, derrotando a Gustavo Petro, se evitará la catástrofe, es decir, la conversión de Colombia en otra Venezuela.

Los votantes no marxistas (liberales, independientes, etcétera) que apoyan a Petro lo hacen imbuidos por el deseo de que las cosas cambien, de que cedan el desempleo, la falta de oportunidades y las angustias sociales. Así mismo, por el coraje provocado por la corrupción y las malas maneras de los politiqueros del establecimiento.

Esta aspiración genuina de muchos electores no marxistas es diferente a la esperanza oscura del marxismo radical, que quiere enfrentar las dificultades de la sociedad aplicando las mismas fórmulas de Marx que han acabado con la economía y con la libertad desde los tiempos de la Revolución Rusa de 1917.

Tales son las variables fundamentales, visibles u ocultas, que estarán en juego el próximo 19 de junio. Del lado de Petro y de Hernández aflorarán los miedos y las esperanzas colectivas, así como la incertidumbre.

Habrá incertidumbre porque, si gana Petro, no se sabe hasta dónde llegue. Y si triunfa Hernández se abren muchas dudas sobre cómo y con quién gobernará. A esto se agrega el pronóstico de las encuestas, según las cuales el combate en las urnas será muy cerrado.

¿Qué podría ocurrir con los electores de Petro, los cuales se han sentido siempre ganadores, si su candidato pierde en un resultado de voto finish? ¿Y qué harán las élites del establecimiento si el outsider resulta vencido por muy pocos votos?  

 Gustavo Petro y Rodolfo Hernández