¿Periodismo o Patrocinios? ¿Crisis de opinión en Colombia?
Soy abogado, no periodista. Sin embargo, leí ya hace un tiempo, en 2017, en un viaje al exterior, la columna de Miguel Franjul sobre el ejercicio del periodismo.
En su reflexión, una editorial, afirmaba que el oficio fundamental del periodista es trasmitir noticias basado en los hechos objetivos que de verdad concitan el interés público, ciñéndose a normas inviolables que exigen exactitud, veracidad y neutralidad para no sesgarlas con ingredientes que susciten desconfianza o incredulidad en sus audiencias.
Porque lo más importante para un periodista es su credibilidad, la confianza de sus contenidos y la lealtad de su público que confía plenamente en ese ejercicio voluntario de informarse a través de sus escritos, videos o redes sociales.
Sin embargo, en Colombia, estamos lejos de esto: “Porque así de impune se está volviendo el ejercicio del [periodismo] en Colombia”, re-figurando la frase utilizada por María Jimena Duzán en su columna contra Álex Char, me inspiro para escribir esta crítica respetuosa ante lo preocupante y vacía que se puede estar convirtiendo la práctica del periodismo en nuestro país.
Y no es un ataque personal ante la afamada periodista, no, sino contra los forjadores de opinión que todos conocemos, que empiezan a basar sus documentos en pocas fuentes, muchos aplausos y millones de likes en redes sociales ¿Qué importa si destruyen la vida, carrera o futuro de alguien? Terminaríamos con un periodismo poco creíble basado más en aplausos de auditorio, un periodismo que todo lo cree y poco indaga y que forja opiniones acordes a intereses de patrocinadores escondidos tras grandes personajes informativos, en eso terminaría la guerra de la información en nuestro país.
No quiero creerlo, pero es así. Hace ya un tiempo, en Estados Unidos, los canales informativos como Fox se han vestido de banderas claramente partidistas y las autoridades han comprendido que dichos canales no informan la verdad de manera imparcial sino la verdad de manera que entretenga a sus espectadores, diciéndoles lo que quieren oír y cómo lo quieren oír.
En Colombia estamos contagiándonos de lo mismo, pero nadie nos lo ha dicho.
Grandes canales informativos parecen izar banderas partidistas de aquí o de allá, cuyo fin aparente no es revelar esto o aquello, sino que la gente compre, informar lo que permite la sintonía, lo que auspician patrocinadores.
¿Sería eso prensa libre? Las columnas se escribirían para detener posibles candidaturas, investigaciones para ahogar contradictores, un periodismo oficial y otro opositor, verdades acomodadas, noticias incompletas, mentiras verdaderas, con una víctima clara: La sociedad.
Como profesor, este suceso me hizo recordar a una estudiante de este semestre quien estudia dos carreras, periodismo y derecho y conserva la esperanza de ejercer su carrera de manera veraz, transparente y ética; no le quitemos la esperanza a los cientos y miles de futuros periodistas que admiran, respetan y halagan investigaciones serias, profundas y con criterio, así muchas veces no las compartamos.
Porque terminaremos como ya lo empezamos a ver, con forjadores de opinión que acusarían gravemente personas a la orden de sus jefes, en versiones unilaterales, abriendo micrófonos para sus copartidarios que no buscarían reproche ni contrarios, que no le permitirían la defensa a los involucrados en sus textos y programas; que no preguntarían cuestiones difíciles en amiguismos cómplices, que no quisieran sino regar masivamente chismes incómodos, injuriosos y calumniosos para incomodar a los contradictores de sus patrocinadores.
¿Sería esto periodismo o entretenimiento, sería esto transmitir la verdad imparcial o una verdad acomodada para que caigas en el juego de la oferta y la demanda, de la compra y la venta? Me pregunto, sin ser periodista ¿Es esta la forma ética de escribir columnas, hacer programas, informar al público donde se acusa de aparentes delitos a un grupo de personas sólo con una fuente de referencia? Albergo la preocupación de que, así como muchos periodistas afirman que el poder en Colombia está pervertido, espero que existan rezagos en el cuarto poder que conserven ese fin último, la búsqueda de la verdad, que no sea propaganda de nadie, que no crea todo lo que le dicen, que indague la verdad cuando la asume.
Esta columna, de un ciudadano común, no va a despertar el espíritu decadente del periodismo actual, ya dando señales claras de ser de derecha o de izquierda, dependiendo el autor, que se continuarán acusando categóricamente sin mirar todos los frentes, para que tú compres lo que más te guste y escuches sólo la mitad de una historia que merece ser contada completa.
No soy nadie para ellos, lo tengo claro, pero los periodistas forjadores de opinión sí que lo son para muchísimas personas y debemos cuidar ese bien máximo de la información creíble y veraz.
Porque como dijo la reconocida y nombrada María Jimena Duzán: Puede que la gente tenga derecho a decir estupideces, puede ser, o tal vez la mayor estupidez sea que el ejercicio legítimo del derecho constitucional a la libre información se convierta en el entretenimiento de quien es informado, en verdades contadas para el rating, en noticieros camanduleros y periodistas influencers que propagan verdades comerciales a medias, situación que parece estar haciendo carrera en los medios colombianos desde hace ya un tiempo.