Nefasta figura del Covid 19 nos robó la alegría del Carnaval 2021
En más de cien años de celebraciones carnestoléndicas, la historia nos marcará la primera cancelación de estas tradicionales fiestas de los barranquilleros por motivos inesperados pero conocidos por la endemoniada enfermedad del Covid 19.
La pandemia, que según los científicos, es originaria de China, ha marcado para el mundo un capítulo muy particular y para nuestra región caribeña tampoco ha sido ajena.
Costumbres, cultura, educación, comportamiento social, capacidad económica y tristemente millones de seres humanos caídos como víctimas mortales son consecuencias de la enfermedad que a través de los tiempos quedará impregnada como una de las más devastadoras que han existido en nuestro planeta.
Barranquilla, también recibió el malsano influjo y aunque se resistía a no marginarse de su fiesta por excelencia, la fuerza de la naturaleza resultó más contundente.
El Carnaval de Barranquilla, la fiesta folclórica y de mayor significado cultural y social de Colombia, cambia de cara por esta vez. Ya no se verán los tradicionales desfiles de la Vía 40, Batalla de flores y Gran Parada, que engalanan sábado y domingo de principio a fin en más de 5 kilómetros en medio de la alegría del pueblo. No hubo Noche de Guacherna, no se verán las máscaras y disfraces alusivos a personajes de la política corrupta, ni las marimondas burlescas ni los monocucos ni micos con sus brinquitos y manoseos que divierten a la gente.
Tampoco se verán los Cabezones, ni los descabezados amenazantes con machete en mano, tampoco los rostros pintados de rojo y blanco de “los hinchas del Junior” con el balón perforando las redes de Nacional y América bajo el grito estridente ¡Junior tu Papá..!. No, esta vez la pandemia nos hizo perder el año 2020. Una mala jugada del “Bendito virus” se congració con el trinche del Diablo Rojo y nos dejó viendo un chispero.

Este año, el escenario cambió. La soledad de las calles asustará cual fantasma buscando a quien hacer correr. Solo que esta vez esos fantasmas tendrán que irse con el rabo entre las piernas porque no habrá con quien divertirse.
La celebración de este 2021 no tendrá las muestras emblemáticas que nos distinguen. Esas expresiones son en esta oportunidad la del miedo, y escondidos por una figura rechoncha como deformada pelota de fútbol adornada con una corona de espirales y unos tentáculos venenosos que acongojan y nos mantendrán encerrado por un largo rato más.
Y por culpa de tan nefasta y repugnante figura, tampoco podremos degustar de los acostumbrados sorbos de vino, ron y cerveza. Ese gusto está limitado a reuniones familiares en pequeños grupos. Y la alegría bailable se restringe a tal punto que ni siquiera valdrá la pena poner a sonar el equipo de sonido. Entonces aparecerán en escena mental todos esos recuerdos vividos hasta hace un año, el azote de baldosa, el apretujón a la compañera y la sonrisa cómplice por el feliz momento bailando un paseo, una salsa, una guaracha y hasta la cumbia tropical del Carnaval.

Por suerte, todo pasará rápidamente, más rápido que la pandemia que nos azota sin misericordia y que nos ha hecho cambiar en la vida. Habrá entonces tiempo disponible para burlarnos de este “Bendito virus” que nos ha encerrado durante el último año y que intenta extender su dominio frente a nuestra resistencia de no dejarnos vencer.
Si hemos aguantado doce meses encerrados, respirando con limitaciones y devolviendo cada embestida del Covid-19, seguramente que podremos aguantar unos días más. Y cuando eso suceda, entonces saldremos disfrazados a las calles a mostrarnos como somos los caribeños, abiertos y descomplicados y a burlarnos de ese adefesio con figura rechoncha, de espirales y tentáculos venenosos que tanto mal nos ha causado.
En la historia quedará escrito que en el año 2021 por primera vez a los barranquilleros nos privaron de nuestra más representativa fiesta: el Carnaval. En 155 años, la única vez que fueron suspendidos algunos eventos oficiales, más no los populares, fue en 1947. El 15 de febrero mientras se desarrollaba la Batalla de Flores, en un accidente de aviación en el Cerro El Tablazo, en Bogotá, murieron 48 personas entre las cuales reconocidas miembros de las familias Dugand, Donado y Volpe de la sociedad barranquillera y ejecutivos norteamericanos, de la Oil Company Petroleum, un canadiense, un francés y un británico y el reconocido futbolista Romelio Martínez igual que su pequeño hijo Romelio Jr. Las autoridades decidieron suspender eventos en clubes y sitios sociales, pero los bailes populares y desfiles individuales en las calles siguieron desarrollándose.
Esta vez, “El Rey Momo, hijo del sueño y de la noche, el que preside las fiestas de los locos, el dios de la burla, el amo de la sátira hiriente y del sarcasmo cruel y de la más despiadada ironía” como diría algún historiador de nuestra tradicional fiesta, se transformó en la regordeta, nefasta y malformada figura llamada Covid 19.
¡Pero, no hay mal que dure cien años. Y… de eso sí, estamos seguros, habrá cuerpo que lo resista..!.