"Moñona del Santa Fe"
¡Quién lo creyera… o mejor, no debería de extrañar! Así es nuestro fútbol colombiano. Una muestra más de lo que es el balompié doméstico en Colombia lo acaba de dar el Independiente Santa Fe. Frente al Junior, “jugó el partido de su vida” en la Copa Libertadores. Eliminado de antemano y tras el papelón vergonzoso frente al River una semana antes, el cuadro cardenal se encargó de mostrar la “cara hipócrita del balompié” nuestro.
Un empate sin goles como respuesta quizás a las calificaciones de inepto que se le había endilgado tras caer con los argentinos que utilizó un equipo de tercera y sin suplentes, al que no pudo siquiera igualar, esta vez para “demostrar verdadero profesionalismo” le jugó al Junior con el ímpetu y el carácter que le faltó en el partido ante los rioplatenses y que le dejó fuera de competencia.
Santa Fe jugó para cinco puntos a favor del River Plate: los tres perdidos ante los argentinos en Buenos Aires y dos que le quitaron al Junior en Ambato. El cuadro capitalino no solo “eliminó” al Junior, sino que clasificó a los argentinos que, pese a la derrota en casa ante Fluminense, logró su paso a octavos de final de la Copa. Claro, no se puede ocultar que la gran responsabilidad en la eliminación estuvo de parte de los junioristas que no pudieron marcar siquiera el gol que lo clasificara.
Todo nació desde el momento mismo en que escogió la cancha de Ambato, Ecuador, a una altura de más de 1.500 metros. Sabedores de la dificultad de los costeños, Santa Fe recomendó la ciudad ecuatoriana, la Conmebol aceptó, y rechazó la solicitud del Junior de designar otra sede. Habría que mirar desde dos puntos de vista lo que fue la salida rojiblanca: por una parte su incapacidad para anotar un gol en por lo menos cuatro oportunidades que tuvo muy cerca. Por otro lado, la actitud imperiosa de los santafereños como si estuviera peleando una final copera. Ojalá frente a River hubiera mostrado un mínimo porcentaje de esa actitud que tuvieron ante los junioristas.
Pero, como dijimos antes, no es de extrañar. Nuestro fútbol, como muchas otras actitudes de la vida y actividad social son así de similares. Un ejemplo claro es la negativa que el Gobierno colombiano dio a la Comisión de Derechos Humanos para estar presente en el país y ser testigo presencial de si existe o no fuerza exagerada del Estado frente a la multitud de ciudadanos que protestan desde el 28 de abril. En cambio el presidente Iván Duque es el mandatario latino que con más vehemencia ha solicitado a Derechos Humanos que intervenga y condene al Gobierno dictatorial de Nicolás Maduro.
Más allá de las consideraciones que hemos planteado, la eliminación del cuadro costeño se debió a su ineficaz poderío para marcar goles. Santa Fe sometió al rival a una presión constante de la que el cuadro de Amaranto nunca supo superar. Por encima de la “verraquera” de los santafereños en disputa de cada balón como si fuera la gran final de un campeonato, la actitud rojiblanca distó mucho de aquel encuentro frente al Fluminense en el Maracaná. Aquella noche fue totalmente opuesta a la de Ambato. La obligación de buscar la victoria era de los costeños, pero no fue así. La muestra futbolística rojiblanca nos hizo retroceder a partidos de la liga en la que la parsimonia y falta de dinamismo le hizo ceder muchos puntos y triunfos.
Queda por saber si el conato de bronca al final del partido obedeció a la posición de uno u otro equipo. Si fue Junior el provocador reclamando tal vez la actitud imperiosa de Santa Fe, contrario a la mansedumbre frente al River Plate, equivocado el reclamo porque Santa Fe pese a todo jugó para no perder y resarcir parte de la ineptitud de esa noche en Buenos Aires; si fue en cambio el tono de burla de los cardenales por haber eliminado a su rival colombiano, totalmente fuera de sí y por demás, vergonzoso como lo fue en la derrota ante los rioplatenses.
Independiente del estado de postración del fútbol de nuestro país, en el que todos los demás clubes colombianos como el América, Nacional, Tolima y Equidad también hayan quedado eliminados en una muestra clara del bajísimo nivel competitivo que nos enmarca domésticamente, lo de nuestro Junior es realmente preocupante; porque tuvo todo para seguir avanzando. Contando con el goleador del torneo y otras supuestas figuras de primer nivel en nuestro medio, fue incapaz de marcar ese único gol que faltó y que nos dejó por fuera de la Libertadores.
En resumen, lo que queda claro es que Junior, en competencias 2021 acaba de perder medio semestre. La Copa Libertadores era uno de los objetivos; por lo menos para ser protagonista mucho más allá de donde llegó. La eliminación tempranera resulta sencillamente un monumental fracaso. Le queda al equipo de Amaranto, como única tabla de salvación, la Liga Colombiana en la que deberá optar a la disputa del título, para justificar al menos, la cuantiosa conformación de su plantel. Cualquier otro resultado será la ratificación del fracaso total, es decir, la pérdida de un nuevo semestre.