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Messi: “Historia de hadas” dibujada en una servilleta y en un burofax

LIO MUNDIAL, tituló la prensa argentina haciendo eco a lo que este 25 de agosto se convirtió en la noticia más  pronunciada en el mundo deportivo como lo fue el anuncio del futbolista Lionel Messi  Messi de no querer seguir en el club Barcelona de España.

El anuncio cayó como una bomba. Messi, el niño mimado del fútbol, el gran referente del Barça,  en síntesis, el mejor jugador del mundo, el ícono de toda Cataluña y sin duda el más querido por la afición terrenal, acababa de sentenciar su futuro inmediato. “No quiero seguir más en el Barcelona… ".

Para el mundo futbolístico fue impensable, impetuoso aquel anuncio, tal vez, increíble; Messi, el astro del balompié, el de tantos récords y marcas en España, en el club de Cataluña, el tantas veces Balón De Oro como la mejor representación del fútbol año tras año, el insigne goleador, la maravilla en el manejo de la redonda, el astro del Siglo XXI que ha escrito tantas historias en los últimos veinte años decía adiós al equipo que lo amamantó desde que era casi un bebé, que lo crió y lo envolvió con todo el rigor de madre y padre, que lo hizo y lo vio crecer y en el que el propio Lionel dijo siempre querer terminar su carrera. Sí,  ese mismo equipo, quedaría huérfano de un momento a otro, sin que nadie lo predijera.

Un poco más de 20 años, toda una vida conviviendo en el azulgrana, la divisa que lo pechichó y le entregó todo lo que del club podía esperar. Pero al igual, él retribuyó con creces, llenando sus alforjas  de dinero, trofeos y gloria hasta convertir al club en la última década en quizás el mejor equipo del mundo. A los 32 años, entendió que a veces no solo es lo que el hombre dispone, sino lo que el destino le tiene marcado; algo de lo que nadie escapa. Porque hoy, somos, mañana no sabemos. El argentino se cansó de las tensiones del club, al que llegó de forma inverosímil en el 2000 y cuyo contrato se escribió sobre una servilleta. Ahora él devolvía aquella gentileza a través de un “Burofax” para no dejar dudas sobre su decisión.

Cuentan los entendidos que aquella vergonzosa caída ante el Bayern 8-2 en la semifinal de la Champion fue el “trago amargo” que rebosó la copa. Otros entienden que fue el pretexto ideal para decir “No voy más”, porque antes, otras circunstancias no conocidas, le tenían altamente tensionado. Diferencias con miembros de los últimos  cuerpos técnicos  y con uno que otro directivo del club le venían minando la mente hasta hacerlo explotar. A todo ello, sin embargo con sus compañeros fue todo un eje. Dentro y fuera de la cancha mantuvo una firme convicción de defender los colores azul y morado y fue amplio con quienes jugaba en cada contienda. Y a cada uno de sus compañeros les exigía entrega total, como el mismo lo hacía para defender los colores.

Su padre Jorge hizo recordar entonces aquella vez cuando cansado de esperar en un hotel de Barcelona junto a su hijo de apenas 13 años se plantó en  las oficinas del club y dijo que no podía esperar más. “Nos vamos, nos regresamos” a Argentina. El Barcelona le había incumplido un contrato que incluía un tratamiento especial de hormonas para fortalecerlo en peso y crecimiento.

Lionel Messi con el Barcelona

Finalmente, el 14 de diciembre del 2000 el agente Josep María Minguella  y Carles Rexach, secretario técnico del club, en una “servilleta blanca”- como en la canción de Piero- y en el descanso de un juego de tenis dibujaron la firma del contrato que, sin poder imaginarlo, convertiría a Lionel Messi en el hijo maravilla del Barcelona y del mundo entero.

Comenzaría entonces, como en cuentos de hadas, una bella historia, para el Club Catalán, sin pensar que con aquel diminuto y delgaducho jugador argentino, lograría llegar a la cúspide que hasta entonces, pertenecía casi por completo al blanco blanco del Real Madrid.  

Cuatro años después, a los 17 años, hizo su debut con el equipo de primera en Montjuïc. Bella  historia engalanada en coronas de campeón convirtiendo al azulgrana en el Boom de España y mucho más allá, con títulos a tutiplén en medio del frenesí de una hinchada que convirtió al futbolista argentino más que en ídolo, en un dios como nunca antes lo habían tenido. Han sido los mejores 20 años en la historia del Barcelona que se resiste a perder a su máxima estrella, al más representativo de los íconos de Cataluña. Al más codiciado de los jugadores pretendidos por todos los clubes del mundo pero al que los Culés creen solo a ellos les pertenece.

A los 22 años  ganó su primer Balón de Oro y los acumuló tres veces más en forma seguida otorgada por la FIFA. En total seis veces ha ganado tal distinción. Destacado varias veces como el Jugador del año en el Mundo, Messi acumuló hasta ahora 34 títulos de campeón con el Barcelona entre ellas, diez Ligas de España, seis Copas Del Rey, cuatro de la Liga de Campeones, Supercopa de Europa y varias veces goleador de la Liga española.

Lionel Messi con la selección de Argentina fue campeón mundial juvenil y mejor jugador de dicho en el 2005 y medallista de oro olímpico en el 2008. En España ha roto cualquier número de récords en goles de liga y de temporadas. Lo único que le queda pendiente es ser campeón mundial de mayores con Argentina; pero en cualquier otro campeonato en Europa, ha ganado todo lo que en materia de competencias futbolísticas se refiere.

Lionel Messi con la selección de Argentina

Comparado por muchos con Maradona y el Rey Pele, Messi si bien no ostenta título de campeonato mundial como Maradona (1986) y Pelé tricampeón (58-62-70) y Jugador del Siglo XX, Messi podría ser considerado ya y sin discusión, como la gran figura del balompié universal del Siglo XXI. Es posible que en lo que resta de la presente Centuria aparezca alguien que pueda superar sus registros, pero muy y casi que imposible superarlo en su calidad y capacidad para jugar el fútbol. Su habilidad, su destreza, su ingenio y toda su sapiencia que lo han ubicado como jugador de Otro Planeta. 

Independiente de si saldrá o seguirá en el Barcelona, si tiene o no razón en su decisión, de si  estuvo o no de acuerdo con técnicos como Valverde, Guardiola, con Ronald Koeman,  Lionel Messi se debe no así mismo, ni siquiera  a la institución donde se crió y creció; se debe a todo un pueblo, no a un país como España. No es el Patrimonio que sí lo es para todo Brasil Pelé al que se le construyó un monumento inigualable. Messi es sí, un ídolo, tal vez elevado al calificativo de “Dios” para una región, para toda Cataluña y muy especialmente para Barcelona.

Su despedida a través de un burofax al presidente del club Josep María Bartomeu,  es la constancia de que ni siquiera quería hablar con los directivos del equipo. Una constancia no personal, pero sí oficial con registro de día y hora de la comunicación. Tal vez respondiendo de la misma manera en que fue contratado con firmas estampadas en servilleta blanca muchos años atrás. Simpática manera de concluir una “Bella Historia de hadas” que envolvió a todo un pueblo catalán en dos décadas de ensueño del que quizás nunca quisieran despertar.