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Medios de desinformación: Redes antisociales

Todo está politizado. Lo hablaba hace poco, irónicamente, con un político local, en una charla social; se han politizado los colegios, las universidades, las peluquerías, los centros comerciales y para colmo de males, los medios de comunicación. Muchos miembros del conocido “cuarto poder” renunciaron a su posición de independencia y hoy, sin titubeos, buscan entretener más que informar, vociferando desde una orilla política marcada para interpretar los hechos, filtrando sus comunicaciones.

El problema grave no es ese. El tema importante es que la gran mayoría de los receptores del mensaje, lectores, usuarios o consumidores, como los quieran llamar, no tienen formación técnica alguna para entender que la información que recibe debe ser digerida, filtrada, criticada; que el consumo singular de un solo medio, es conocer sólo parte de la verdad y que, por mucho que lo intente, no tiene las herramientas suficientes para asimilar correctamente el mensaje.

Entonces, todo es parte de una cadena de tragedias: Muchos medios irresponsables que comunican sin confirmar sus noticias, las cuales se reproducen en masa por la gran mayoría de usuarios que las asumen sin verificar, sin criticar y que las comparten como verdades en todas sus redes (Whatsapp, Facebook, Twitter y hasta Instagram).

Cuando ya la noticia se ha vuelto tendencia, se ha enraizado en la memoria del consumidor y ha provocado un sinnúmero de sentimientos y emociones, no saldrá del imaginario colectivo en mucho tiempo o peor aún, se vuelve un tsunami feroz que desaparece sin dejar rastro. Y entonces, otro drama comienza. Meses después, el mencionado medio, basado en la libertad de información, pide excusas por su error “involuntario” pero el daño, ya está hecho. Y a pesar de que el propio medio de comunicación pida perdón, ese lector no olvida los sentimientos efervescentes que le fueron generados y continúa creyendo que la historia o fake new algo de verdad tenía, algo de cierto contenía, “porque si el río suena es porque piedras trae”.

Este pensamiento fútil, un mar de conocimiento con un centímetro de profundidad, que se propaga velozmente y se transmite sin control alguno, ha destruido tantas vidas como empresas, tantos políticos como mecenas, ponen y quitan presidentes, crean víctimas que son victimarios y victimarios que son víctimas. Lo peor, es que esto no tiene vuelta de hoja, no hay forma de echar atrás, las redes llegaron para quedarse y la forma de utilizarlas también.

La única pero imposible manera de solucionar este desbalance colectivo es que estos medios de comunicación actúen éticamente, volviendo a la causa y motivo de su existencia, su origen, mantenerse al margen de manera imparcial e independiente, protegiendo la garantía que hoy le da privilegios, la “libertad” de prensa. Sin embargo, el problema es que, en nuestra sociedad, en nuestra actualidad, muy pocas veces lo correcto le gana al dinero, los principios al poder, la justicia a la palanca, la verdad al chisme, la información a la fake new. 

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