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“Mandan huevo”: ¿Un salario mínimo indigno?

Con una diferencia abismal entre gremios empresariales y trabajadores de casi 12%, ayer culminó la reunión para intentar dizque un acuerdo cada vez más inútil e irreal entre trabajadores y empresarios para fijar el salario mínimo.

Deberíamos afrontarlo: Nunca hay acuerdo y el Gobierno debería escuchar a las partes y tomar la decisión por Decreto del respectivo salario mínimo.

Esa idea romántica de que en teoría negocian las partes cuando lo que hacen, y todos sabemos, es distanciarse lo más que puedan para lograr un punto medio que nunca llega, es un secreto a viva voz.

Ahora, ¿Qué necesitamos como país? En una emisora de la capital, hace poco, discutí lo complicado que es fijar el salario mínimo en este país.

Sin embargo, luego de que los empresarios propusieran en la Comisión de Concertación de Políticas Salariales y Labores un incremento del dos por ciento en Colombia para 2021, el empresario Cristian Dáez lanzó la expresión que todos pensamos: “Mandan huevo”.

Es que un 2% en plena pandemia una propuesta de estas sólo refleja que el asesor de comunicaciones y marketing de los empresarios deberían re-pensarlo.

Ahora, tampoco tiene toda la razón Daez, dejémoslo claro: Ambos mandan huevo: No conviene ni oír a los sindicatos como verdad revelada ni a los empresarios como epifanía. Ni lo uno ni lo otro.

El gobierno en su Decreto debe tomar una medida que permita respetar los cálculos tradicionales que no afecten las finanzas empresariales y la inflación y demás índices macroeconómicos pero a la vez respete el hecho de que la gente necesita un apoyo, una ayuda, un esfuerzo de todos.

La prudencia que caracteriza esta fijación debe tener en cuenta que polìticamente el gobierno no debe usar como campaña el salario pero sí como lo que es, supervivencia.

Un aumento prudente por encima del 2% sin duda sería ideal para mandar un mensaje: El Gobierno no es un mandadero del empresariado ni un populista de las mayorías.

Duque tiene esa oportunidad y no debe desaprovecharla.

A pesar de la caída del PIB, a pesar de la crisis actual, los empresarios, como dice Cristian Daez, debemos entender que TODOS estamos en el mismo barco y que un aumento prudente del salario mínimo implicaría un esfuerzo de todos: de los empresario con uno o dos puntos porcentuales más de lo que establecen las mediciones matemáticas y poco empáticas de los cálculos financieros y que los trabajadores deben dejar de ver como enemigo a aquél que haciendo un esfuerzo extra, saca de lo propio para mantener a flote un negocio que si se quiebra, cualquiera que sea, perjudica a todos. Fin de la historia.

En este cuento no hay contrapartes, somos todos en el mismo barco y tirando al mismo propósito, el bien común. Basta de enemigos en las relaciones laborales.

Un buen empleador jamás tendrá enemigos sino apoyo y sacrificio por parte de su planta, de su equipo, de su segunda familia.

El Gobierno Duque lo tiene todo ahora, en sus manos, para por fin limpiar su imagen: ¿Cuánto se necesita aumentar para no afectar las finanzas de las empresas que se han visto más lastimadas que cualquiera, y a la vez satisfacer el ingreso del ciudadano de a pie, el del trabajador que en el mismo barco que el empresario ha visto su vida afectada por la pandemia, la crisis y la escases? La respuesta la sabremos pronto, pero sí o sí, deberá generar satisfacción a todas las partes.

Espero que no me toque repetir “Mandan huevo”, subieron tan poco que complacieron a los empresarios o tanto que complacieron a los sindicatos, “Mandan huevo”.

A sacar números presidente, menos pantalla y más cálculo, menos complacencia y más justicia social, equidad y matemática social.