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Los violentos de las redes sociales

Un análisis sociológico de los violentos de las redes sociales debe intentar descubrir lo que está más allá de su comportamiento, pues esa actitud es una consecuencia de su forma de vida, de los traumas y problemas que los aquejan o de la manera como han enfrentado o padecido la existencia.

Los violentos encarnan mucho dolor y frustración; en general, se trata de personas maltratadas en la sociedad, por sus padres o familiares, por los otros, en la escuela…si se indaga en los orígenes sale a la luz que se trata de individuos provenientes de hogares disfuncionales que han acumulado una rabia que avasalla a los contrarios y que les sale de lo más profundo, del inconsciente.

Los violentos de las redes no son tan individuales como pudiera pensarse pues están articulados a fenómenos más genéricos, como la polarización o el hecho de creerse haciendo parte de un ejército de los buenos que se enfrenta a los malos; los malos son, de manera muy global, todos los que no piensan como ellos.

Aquí aparece una variable más profunda para explicar la tipología de los violentos: las justificaciones ideológicas o políticas para atacar al otro. El enemigo es el enemigo y hay que darle con todo, sin pensar mucho en las formas o en lo que se escribe. Si la mentira sirve para azararlo o reducirlo, válida es la mentira.

Los violentos de las redes utilizan a menudo un juego de falacias para derrotar al adversario. La más empleada es la falacia ad hominem, la cual elude el argumento y se concentra en el ataque personal, es decir, no toca el mensaje, el contenido de la argumentación, sino que ataca al mensajero, con el propósito de desacreditarlo y de vencerlo con calumnias o medias verdades que no se relacionan con lo discutido.

En la base de esa actitud está el desconocimiento de la lógica más elemental para establecer intercambios conceptuales, el bajo nivel cultural del violento, su biohistoria familiar y las creencias dogmáticas que lo dominan. Este prototipo de las redes está convencido de que lo que piensa es la verdad y de que quienes no piensan como él son sus enemigos.

Aparece ahora otra causa para explicar la actitud de las hordas violentas que infestan las redes: la de creerse poseedoras de una verdad revelada que solo existe en sus mentes. Poseídas por esa convicción se autoproclaman salvadoras de los demás y actúan en manada contra quienes osan cuestionar su dogmatismo.

El sociólogo francés Pierre Bourdieu

El dogmatismo y el fanatismo de los violentos alimenta una visión autoritaria (o totalitaria) que los hace intolerantes, contrarios al respeto al otro y portadores de un lenguaje soez que va en contravía de su nivel académico, debido a que algunos de ellos han accedido a títulos universitarios. 

Lo que menos importa cuando actúan como energúmenos en las redes es su profesión o estatus académico, pues las fuerzas irracionales que los dominan arrasan con todo y dejan operando solo a una bestia emotiva descontrolada por la pasión más elemental. Se convierten en el lumpen de la virtualidad. 

Los violentos carecen de un buen sustrato de conocimientos, especialmente de las ciencias sociales y de la historia. Pero ellos no se creen incultos sino sabios, aunque su modo de ser los delata. Si fueran personas de saberes profundos no serían violentos en las redes, pues llevarían los debates como lo hacen los individuos que saben.

Los violentos son incultos y son, también, muy primitivos. La preferencia por resolverlo todo a las patadas y sin plantear buenos argumentos se remonta a las primeras etapas de la historia humana, cuando los antepasados utilizaban el golpe con el mazo antes que la persuasión mediante el verbo y la idea.

Esos prototipos virtuales no representan lo mejor de la civilización sino lo peor, la fuerza bruta, el dominio de las bajas pasiones; o sea, los violentos están por fuera del comportamiento razonable, respetuoso, y exhiben siempre una actitud desequilibrada dirigida por las emociones descontroladas.

La violencia en las redes sociales está determinada por la ignorancia, el dogmatismo y la pasión desbocada. Ella toca por igual a todos los estratos y a los diversos rangos de edad. En las bodegas y fuera de estas hay jóvenes, personas mayores, mujeres, de todo. 

Los violentos son un síntoma de la descomposición de la sociedad, un síntoma lamentable del malestar dentro de la cultura simbólica. Sus excesos y el irrespeto que esparcen provienen de un problema de fondo que está más allá de las redes, pues arranca de las entrañas de la sociedad, del atraso cultural, la desigualdad extrema y los conflictos derivados de ese estado de cosas. 

Tal vez la solución de la violencia resida en regular a fondo las redes y en mejorar la calidad de los procesos educativos formales e informales. Pero cada quien debería poner de su parte para enfrentar la dificultad. Cruzarse de brazos pensando que el problema nunca tendrá salida es resignarse sin luchar. 

La violencia en las redes sociales sí tiene salida y esta depende primero de cada quien, de todos: de los jóvenes, de los mayores, de los profesionales, etcétera. Ella es un síntoma muy claro de mala salud social. 

Permanecer en la violencia es mantenerse en el salvajismo. Salir de ella es elevarse hacia la civilización. Ni más ni menos.