Las victorias y derrotas de la pandemia
Este año ha sido una prueba de fuego para la fortaleza de los sistemas políticos y económicos de todos los países del mundo. La pandemia puso al límite nuestra capacidad de reacción y aguante en muchos frentes y, aunque bastante magullados, no deja de sorprender lo mucho que la humanidad ha avanzado en su capacidad de resistencia a distintas adversidades. Si bien es cierto que el alto nivel de interconectividad de nuestro mundo, probablemente, hizo que las cosas fueran mucho más difíciles de lo que tenían que ser, también es cierto que, dada la magnitud, el resultado no es tan malo como pudo haber sido.
A nivel político, el Covid-19 supuso un reto a la capacidad coercitiva del Estado. Cuarentenas generalizadas, toques de queda, restricciones al comercio y la libertad de reunión, todas medidas que en otros momentos parecerían de un estado de dictadura generalizada, tuvieron que ser desplegadas de la noche a la mañana como precaución ante la incertidumbre. El nivel de efectividad en la implementación de estas estrategias fue una medida importante de la capacidad estatal de todos los países del mundo. A mayor facilidad en la implementación de restricciones, mayor capacidad del Estado, probablemente.
Las pruebas no acaban ahí, en todo caso. La pandemia no solo puso en riesgo nuestra salud, sino también la salud de todas las democracias del planeta. Poder actuar de forma rápida ante la emergencia requirió capacidades especiales de la rama ejecutiva, una situación que en Colombia vivimos con la declaración de estado de emergencia. Casi todas las naciones tuvieron que activar figuras similares bajo sus propias medidas constitucionales. Una trampa peligrosa de la que algunos países desafortunadamente no saldrán tan bien parados, sin embargo, tomará algo de tiempo poder hacer un balance de daños. Hasta que la pandemia no esté controlada es difícil determinar qué tanto es hecho para poder prevenir la expansión del virus, y qué tanto son malabares para ganar mayor poder político.
A nivel económico, hemos visto la mayor vulnerabilidad de nuestro sistema de mercados y libre comercio: la interconectividad. Un bajón en la producción industrial en China es como una pieza de dominó que puede terminar teniendo consecuencias inesperadas en la economía local de una ciudad africana o centroamericana. El apagón inicial por el virus recordó a todos los gobiernos del mundo la realidad del poco control que tienen individualmente sobre sus propias economías. Cuando el mundo empezó a irse a cuarentena, todos tuvieron que hacerlo, quisieran o no, porque trabajar solo no es redituable.

No obstante, algunas cosas resultan sorprendentes, el hecho de que tantas personas en el mundo se pudieran dar el lujo de ‘parar’ tan de repente y, sin embargo, no morir de hambre es un lujo ganado tan solo en los últimos cien años de crecimiento económico continuado. Las Naciones Unidas han advertido sobre la posibilidad de cientos de millones de personas muriendo de hambre si las medidas adecuadas no son tomadas, sin embargo, no existen aún datos claros de cuántas de esas personas son resultado del Covid-19, y cuántas son, simplemente, resultado de otras problemáticas de vieja data. Venezuela, Yemen, Sudán del Sur, por ejemplo, son todos casos que existían mucho antes de la pandemia.
En general el mundo ha soportado el embate. Existen muchas voces críticas al sistema neoliberal y al modelo capitalista de desarrollo, no obstante, las críticas están, a mi modo de ver, altamente mal encaminadas. Una pandemia de igual magnitud habría sido inmanejable hace cien años, no solo por el obvio hecho de la falta de avances tecnológicos y médicos, sino por la escasa capacidad monetaria del ser humano promedio. Muy pocas personas podían darse el lujo antes de trabajar a media marcha, y aunque todavía hay demasiadas personas en esta condición, lo cierto es que no hay punto de comparación con otras épocas.
Si acaso el problema de nuestro sistema económico ha sido que todos los avances tecnológicos y económicos que ha promovido, son también los responsables de las dimensiones de la pandemia. Sin embargo, a pesar de la tesitura actual, no creo que nadie cambiaría lo logrado hasta ahora por una pandemia que solo se hubiera quedado en China o Asia oriental cuando mucho.
Hay áreas en las que mejorar, en todo caso. La pandemia ha dejado claro que se necesita aumentar la red de seguridad que los gobiernos proveen a sus ciudadanos. Si los Estados europeos tuvieron dificultades para atender las necesidades de su población, es complicado empezar a explicar los problemas que hemos enfrentado en los países en desarrollo. Aunque esto es algo pendiente desde hace tiempo, quizá el virus haya servido para mostrar lo apremiante de la situación y la necesidad, sobre todo, de innovar en materia de políticas públicas. Subsidiar y quitar impuestos no es suficiente. Cuando la vacuna empiece a ser aplicada, y la pandemia controlada, esto debe ser algo en lo que seguir pensando.
Por lo demás, a nivel personal creo que estos tiempos han servido para identificar cuáles son las cosas más importantes de la vida. Muchas veces hemos dado por sentado familia, seres queridos y salud, y cuando estas realidades son amenazadas comprendemos que las presiones del día a día no tienen sentido cuando las primeras cosas faltan. Si el mundo entero pudo parar durante un par de meses, decir que no tenemos tiempo para atender cosas fuera del ciclo de rutinas al que estamos acostumbrados es una mala excusa. Siempre hay tiempo para hacer algo más.