La perspectiva científica y el fanatismo
Uno de los graves problemas contemporáneos se localiza en la confrontación entre la perspectiva científica y el comportamiento fanático. Ambas formas de ser existen en todo el planeta, pero el fanatismo parece respirar mejor en las sociedades con culturas muy cerradas, que están bajo el control de una ideología fanática, religiosa o laica.
El fanatismo es mucho más viejo que el talante científico. Operó, de manera sistemática, con el surgimiento y desarrollo de las religiones. La historia de la humanidad está plagada de guerras y de muertes por causa del fanatismo.
El fanático religioso es poseído por un sistema de creencias que operan en su mente como verdades reveladas. La intolerancia que lo domina tiene esa raíz, que es también la fuente que lo impulsa para considerar a quienes no son como él herejes, infieles o enemigos.
Muchos grupos cristianos medievales funcionaron así, y hoy las sectas musulmanas más radicalizadas (como los talibanes, Isis y lo que aún queda de Al Qaeda) matan y se hacen matar como soldados de dios, por el cuerpo hermético de ideas que determina su comportamiento.
Pero el dogmatismo y el fanatismo no se agotan en las sectas religiosas. En el siglo XX se configuraron varias expresiones laicas de sistemas de creencias cerradas que funcionaron (y aún funcionan) de modo parecido a como lo han hecho las religiones. El estalinismo y el fascismo son las dos más destacadas.
El fanatismo laico convierte las ideas (que han podido surgir dentro de las tradiciones científicas) en fósiles que están por encima del tiempo y el espacio, en sistemas de creencias que se divorcian de la ciencia y se vuelven autónomas e inmutables, al hacer parte de ideologías cristalizas que no dialogan con la realidad social.
Las personas de mentalidad fascista que aún sobreviven en este mundo pretenden restituir los modelos fracasados del fascismo como si nada hubiera ocurrido con ellos en el planeta. Viven inmersas en sus ilusiones por carecer de visión científica.
Lo mismo ocurre con los militantes del dogmatismo y el fanatismo marxistas, que pretenden reimplantar las teorías del cambio social elaboradas por Marx en el siglo XIX como si esas ideas no hubieran fracasado en el siglo XX, al derrumbarse la Unión Soviética y los países de la cortina de hierro.
La perspectiva científica se opone radicalmente al fanatismo y al dogmatismo. Los científicos de antaño sufrieron mucho porque enfrentaron los enfoques religiosos dogmáticos que controlaban la cultura y la política. Muchos padecieron cárcel, persecuciones y hasta la muerte por defender sus puntos de vista.
En las sociedades contemporáneas se abren paso los logros de la ciencia a través de las universidades, de los demás niveles de la educación formalizada, de los medios de comunicación y hasta de las redes sociales. A pesar de esto, aún existen las mentalidades fanáticas.
Sin embargo, hoy se abrió un amplio campo para la expansión de la perspectiva científica. Por el desarrollo de las ciencias y la divulgación de sus resultados, ya no estamos como en los siglos anteriores, si dejamos de lado algunas sociedades confesionales dominadas por autocracias religiosas, como empieza a ocurrir otra vez en Afganistán.
A pesar de los cambios innegables, ciertas tradiciones ideológicas y religiosas aún se resisten y no ceden ante la influencia de la ciencia. Muchos militantes del fanatismo no han sido tocados por los modos de ser científicos, y continúan operando con estructuras simbólicas autistas que no dialogan con la realidad, y que no cambian por representar universos divorciados de la perspectiva científica.
Los individuos que habitan en esas tradiciones fundamentalistas suelen ser sectarios, intolerantes, y siempre parecen partir del supuesto de que son poseedores de la verdad revelada. Las redes sociales están influidas por esas personas que matonean a quien no piensa como ellas, y que son capaces de agredir a los demás por defender un ideario obsoleto y anticientífico.
La perspectiva científica educa en la prudencia, pues mediante esta se adquiere la convicción de que las ideas siempre deben dialogar con la realidad para afinarse o transformarse; que el cambio es un elemento clave de las variables intelectuales, pues la naturaleza y la sociedad se transforman continuamente.
Las ideologías y las religiones milenaristas son alérgicas a la ciencia y, por lo tanto, se niegan a los cambios sistemáticamente. El principal enemigo del fanatismo ideológico y religioso es la perspectiva científica, y la victoria de esta es la derrota de aquellos.
El arma más importante con que cuenta la humanidad para vencer la ignorancia y el atraso es la ciencia. La hecatombe definitiva del fanatismo en este planeta pasa por el triunfo global de la perspectiva científica. No existe ninguna otra solución para ese grueso problema.