La historia de Luis Felipe Vertel: Sombra son la gente y nada más
Esta semana, como profesor de una Universidad en Bogotá, dialogábamos en la clase sobre las fallas de la justicia, la verdad procesal y la verdad verdadera, la ética de la profesión de fiscales, jueces y litigantes y la cruda realidad de que en este país, la presunción de inocencia y que quien afirma cualquier cosa en tu contra en teoría deba probarlo, no existe. En dicho diálogo, muchos estudiantes, preocupados, constataban con ejemplos, de que efectivamente un sistema que intente ser democrático, velará tanto porque los culpables no se vuelen de sus penas como que no haya ningún inocente tras las rejas.
Coincidencialmente, el 12 de febrero, en twitter, vi un mensaje de la Corte Suprema de Justicia, ordenando la libertad inmediata de Luis Felipe Vertel, un campesino que por tener su nombre de pila y su apellido fonéticamente igual pero con ortografía diferente al jefe paramiliar “el Compadre”, Luis Gonzaga Bertel Durango, permaneció preso 6 años de los 40 a los que había sido condenado como reo ausente.
Dice su testimonio que siempre se declaró inocente pero como aquí, de manera poco profesional, algunos fiscales y jueces no entienden la importancia que implica la presunción de inocencia, la duda razonable y el onus probandi, terminaron sin prueba seria alguna, condenando a una persona totalmente ajena a los hechos, por coincidir fonéticamente su nombre con el de un mafioso, con un material probatorio paupérrimo y un debate procesal totalmente ausente. La Corte Suprema de Justicia se complace de liberarlo pero ¿Dónde está el proceso disciplinario contra estos funcionarios? ¿Dónde está la ética de la profesión en quien acusó, capturó, mantuvo preso y condenado a este ciudadano?
Nada le devolverá el tiempo perdido a Luis Felipe Vertel, el compartir celda con verdaderos condenados (que no sabemos cuántos realmente lo son luego de semajante ligereza judicial), el temer todos los días por su vida. En la entrevista, con cara de impotencia y cargando una pena en sus ojos que no debió pagar siquiera un instante, me surge la duda como profesor de la formación profesional que están recibiendo nuestros abogados, en la cantidad de universidades e instituciones que ofrecen el programa de derecho. Porque una verdadera reforma de la justicia empezaría por ahí: En limitar los programas de derecho con requisitos humanos, académicos y procedimentales tan exigentes como la altura que queremos para la profesión, como aspiramos que sean los jueces, los funcionarios, como deseamos que sea un trámite legal.

No logro imaginar, ni enlodando mi conciencia con el peor de los temores, cómo pudo sentirse este campesino costeño al enterarse que estaba condenado en un proceso que ni conocía, que no le fue notificado, sobre hechos que no cometió y sobre un asunto que no le competía. José Luis Aguilar, el colega que asumió este proceso, simplemente reconocerlo, aplausos de pie, porque para hacer esto es que tantos jóvenes hoy en día conservan la esperanza de estudiar esta profesión tan maltrecha y vitupereada, para hacer lo que Ud. hizo, justicia apoyando al inocente. Otro delincuente aquí por condenar a Luis Felipe Vergel, es el Juez que sentenció el caso, que poco o nada puede añadir a su defensa. Porque no son todos los jueces, son unos cuantos que no han querido admitir que en sus venas no llevan el material profesional suficiente para ejercer en la judicatura.
Liberarlo jamás será un logro, personas así hay que repararlas, al menos simbólicamente, porque el daño psicológico, físico y emocional es devastador, imposible de compensar. Basta de seguir midiendo fiscales por el número de condenas, basta de funcionarios cansados de su propia profesión, sin alma, poco empáticos, que no entiendan la trascendentalidad de su función, de la simbología y materialización de la justicia, del poder de su “´si” de su “no”, de afirmar “inocente” de confirmar “responsable”. Porque lo saben de memoria mis estudiantes, el cargo más importante de toda democracia es y será el juez, el impoluto, el convencido de su función, el incorruptible, incansable y consciente que su retribución será, durante su función, la paz del deber cumplido, del respeto de las formas, la convicción de la condena y el sustento suficiente de sus decisiones. Que este caso es una pena, una vergüenza y es sólo uno de muchos que hoy habitan las cárceles del país, las demandas civiles, laborales, administrativas que mal administradas en la justicia, generan re-victimizaciones constantes y acolitaciones a los verdaderos culpables.
Hay que re-pensar la justicia, desde lo más básico. ¿Por qué quieres ser juez? ¿Porque no había más trabajo, porque pagan bien, porque de ahí salto a una firma, porque aquí creo contactos? Por favor, no seas juez, no participes de los concursos si esos son tus propósitos; se juez porque entiendes la importancia que lleva poner los pies donde pones las palabras, porque llevas la certeza de ser el verdugo del culpable y el salvador del inocente, porque así sean pequeños mundos los que atiendes día tras día, entiendes que todos se acercan a tu función judicial, al menos confiando en encontrar alguien que los escuche, que diga lo que ellos buscan, una sentencia equitativa. Porque ya la justicia necesita ayuda: Basta ya de que sombra sean la gente, sombra y nada más.
Luis Felipe Vertel regresa a su casa, con salud y felicidad, manifiestando entre suspiros del alma y ojos llorosos que le queda aun vida, y que sí, cree en la justicia, porque al final logró, así sea tarde, demostrar que nada tenía que ver con la masacre por la que fue condenado. A todos los funcionarios judiciales, ese es su mayor fin: que cada vez más gente crea que en Uds., reposa la posibilidad de encontrar justicia. Falta mucho, pero comencemos por ahí, por entenderlo.
Corte ordena libertad inmediata de campesino condenado a 40 años de cárcel by Zona Cero on Scribd