‘La Guacherna’, el desfile nocturno que Esthercita inmortalizó en una canción
Como está concebida en la actualidad, es decir, como un desfile nocturno de faroles, disfraces, cumbiambas y comparsas, La Guacherna fue instaurada en 1974 como fiesta oficial del precarnaval de Barranquilla, después de tanta insistencia infructuosa de Esthercita ante la junta permanente del Carnaval de cada año.
Desde ese 1974, se realiza de forma ininterrumpida, en la noche, una semana antes de los cuatro días del Carnaval, con una nutrida asistencia de gente aglomerada a lado y lado de la vía.
La Guacherna es casi tan vieja como el Carnaval. Tuvo su umbral en el Barrio Abajo, a comienzos del siglo XX, pero como evento organizado de la gran fiesta de Barranquilla, empezó gracias a la gestión de Esthercita Forero.
En su edición del jueves 14 de febrero de 1974, en la página 8 del primer cuerpo, el desaparecido Diario del Caribe tituló a seis columnas: “Vicky preside la noche de Guacherna”. Hacía referencia a Vicky De Andreis, la reina de las festividades carnestoléndicas de ese año.
La noticia, sin nombre del autor, reseñó: “Un espectáculo inusitado que se vivió por última vez hace cerca de 40 años, será presentado hoy en horas de la noche, cuando miles y miles de barranquilleros enmarcados en el alegre alboroto de tambores y gaitas desfilen con faroles y velas por las principales calles de la ciudad y revivan la tradicional ‘Noche de Guacherna’, uno de los actos más auténticos de las fiestas de Momo (…). El rescate y organización del acto, que será sin duda uno de los más bellos del Carnaval, se debe al decidido empeño de la conocida Esthercita Forero y a la entrega de José Rafael Hernández, directivo de la Junta del Carnaval”.
¿Y qué motivó tanta insistencia de Esthercita Forero? Eso nunca lo olvidó ‘La Novia de Barranquilla’: “Los recuerdos más antiguos, nítidos y perdurables de mi existencia se remontan a mi infancia, en el Barrio Abajo –me dijo Esthercita, cuando la entrevisté en su casa, en el barrio El Silencio- Tenía 4 años y escuché el comentario, no sé de quién, sobre el relajo ocasionado la noche anterior en La Guacherna. Era la primera vez que escuchaba esa expresión, y creí, en ese momento, que se trataba de un espanto, y le cogí miedo: ¡Uy, La Guacherna! Ya más grandecita, con 7 años cumplidos, supe lo que era.
En el día, los mayores hablaban con arrebatamiento que esa noche se realizaría. Recuerdo que, al llegar la hora, salí a la puerta de mi casa, para verla. Entonces observé grupitos de 8 y 10 personas, con ropa normal, portando una linternita de gas, una bandera pequeña roja y una botella, que después supe que contenía licor. Los grupitos tocaban las puertas de las casas y despertaban a sus moradores con un sano relajo. Vi que a los vecinos eso les gustaba. ‘¿Esa es la tal Guacherna!?, exclamé para mis adentros. Al poco tiempo esa tradición se fue perdiendo hasta que se acabó un buen día. No se volvió a ver más. Crecí, me mudé, me inicié en el canto, Y en 1951, después de visitar República Dominicana y Puerto Rico, Cuba me recibió con los brazos abiertos después de visitar República Dominicana. Al llegar al Oriente de la isla, en Santiago, me dijeron que ahí se realizaban los mejores carnavales del planeta. Mi respuesta fue categórica: ‘¡Qué va!, cuando ustedes vean, vivan y gocen el Carnaval de Barranquilla, entonces sí sabrán lo que es bueno’. A los pocos días se celebró el Carnaval de Oriente. Yo estaba en la habitación del hotel, en el segundo piso; era de noche, y no me percataba de lo que acontecía afuera. Entonces, empecé a escuchar un bullicio proveniente de la calle, y me asomé a la ventana. El espectáculo que se presentó ante mis ojos alucinaba: un río de personas desfilaba, bailaba arrollando, como dicen allá: tres pasos para aquí y dos pasos para acá; tres allá y dos pa´ tras”.
Tanto atrapó su interés esa escena, que cual ser autómata, poseído por el indomable espíritu del festín sin freno, a los pocos minutos estaba inmersa en medio del gentío, arrollando, envuelta en ese ambiente del jolgorio contagioso que se prolongó hasta la aurora del siguiente día. Alguien, a quien no recordaba, le. Alguien, que no recordaba, le había dicho que eso era una conga. Ese mismo día, en la tarde, aguijoneada por el gusanillo de la curiosidad, indagó por una persona versada que le explicara qué era eso de la conga. Uno de los botones del hotel le indicó quien era el personaje preciso y dónde encontrarlo. No hubo obstáculos para ubicarla. Era un viejito de piel tostada por el sol, de cabello cano y escaso, carente de incisivos, y conocedor al derecho y al revés, de la cultura cubana.
Le decían ‘Mundito’, y –con su hablado ‘golpeao’, típico del cubiche, le dio una genuina cátedra-: “Mira, chica, la conga no es otra cosa que una serie de grupos pequeños, integrados por gente humilde, pero alborozada, que porta un tamborito y una linterna mientras va bailando”. Era algo similar a los grupos que ella había visto en su infancia en el Barrio Abajo, en la noche de Guacherna.
“¿Y por qué la llaman conga?”. ‘Mundito’ respondió: “Porque los integrantes de los grupos van bailando al compás de la la conga, ritmo propio del folclor cubano”. Desde ese momento, la gran barranquillera se le metió, entre ceja y ceja, la idea de revivir y evolucionar La Guacherna.
“Me propuse, a mi regreso a la ciudad que me vio nacer, promover un desfile nocturno organizado con tambores y faroles, pero con disfraces. Esa idea se la manifesté con insistencia a mi amigo Alfredo De la Espriella, pero él solo se reía. No me ‘paraba bolas’, al igual que varios presidentes del Carnaval, a los que les hablaba de La Guacherna. Así duré más de diez años, luchando por ese proyecto, hasta que por fin, Ernesto McCausland Osío, que presidía la Junta del Carnaval de 1974, me tomó en serio y les transmitió la inquietud a Pepe De Andreis y su esposa Alicia Valiente de De Andreis, padres de Vicky, reina de las festividades. La soberana fue un manojo de hilaridad al escuchar mi idea, y solo atinó a soltar: ‘Fabuloso, reviviremos La Guacherna’. Así vio la primera luz la nueva era de La Guacherna”. Su recorrido inicial partió de la Avenida Kennedy (calle 72) con la Avenida Olaya Herrera (carrera 46); bajó por toda la 46 hasta Murillo (calle 45), y giró hacia la derecha hasta llegar a Progreso (carrera 41), en el Parque de los locutores.
EL DESFILE QUE INSPIRÓ LA CANCIÓN
Hubo dos aspectos que no dejaron satisfecha a plenitud a Esthercita: uno, que el recorrido hubiese sido jueves. “El día indicado es viernes, no jueves”, aseveró la ilustre folclorista. Y dos, que el ensayo incial se haya efectuado con diversos vehículos, en caravana, sonando los pitos. “Esa no es la naturaleza de La Guacherna. Los actores tienen que ir bailando, con antorchas, encabezados por la reina. No debe haber carros durante el desfile”, le enfatizó a Alicia de De Andreis, responsable de la logística del certamen. Al año siguiente, el recorrido se efectuó con disfraces y antorchas, liderado por la reina de turno, Katya González, pero solo en 1977, en su tercera edición, el desfile se trasladaría del jueves al viernes, como se realiza en la actualidad. Y en cada año, culminara en el Parque de los Locutores, en la carrera 41, o en el Barrio Abajo, después de transitar por la carrera 44, Esthercita formó parte del desfile hasta que su salud se lo permitió, siendo una anciana cercana a los 92 años. Su último recorrido lo hizo el viernes 25 de febrero de 2011, cuatro meses antes de morir. Se le vio radiante y feliz, vestida de cumbiambera, sobre un campero descapotado. Los médicos le habían recomendado que se abstuviera de participar, pero ella no acató la prescripción.
La Guacherna es recocha de Carnaval, gente que arrastra gente con su música y su baile desordenado. Nuestra protagonista la convirtió en canción, y con el paso de los años, gracias al clamor del común de la gente, llegaría a catalogársele como uno de los himnos imprescindibles de las carnestolendas.
Una vez concluida la segunda edición de La Guacherna, en 1975, Alicia de De Andreis le sugirió a Esthercita que le escribiera una canción a ese desfile que ella había rescatado y ya tomaba relevancia.
La artista meditó por largos días la petición de su amiga, y admitió que la idea no estaba defasada. Así que trabajó la temática, y en una semana quedó lista ‘La Guacherna’. Sin embargo, tardó algunos meses para salir a la luz.
Al despuntar 1976, Gabriel Romero la grabó con su conjunto, pero en palabras de la compositora, “no me gustó ni cinco. Le faltó color, sazón, corazón”.

Gabriel Romero, oriundo de Sabanagrande (Atlántico), había despegado con Los Hermanos Martelo antes de brillar a finales de los 60 y comienzos de los 70 con los Black Stars, agrupación antioqueña con la que, a juicio del maestro José Barros, grabó la mejor versión de ‘La piragua’, su cumbia cimera.
En ritmo de chandé, Gabriel Romero, ya separado de Los Black Stars, puso a consideración del público ‘La Guacherna’, en un disco de 45 revoluciones por minuto que en el reverso incluyó ‘Por qué llora José Modesto’, una cumbia de la misma Esthercita que, en el mes de diciembre de 1975, en la voz del mismo Gabriel Romero, había triunfado en el Festival Nacional de la Canción de Villavicencio.
“Entre otras cosas, fue ese mi primer y único triunfo en ese prestigioso concurso musical”, rememoraría Esthercita”.
El disco contó con los arreglos de Juancho Vargas; lo produjo el sello Preludio de Hernán Restrepo, y fue distribuido por Codiscos, en el Precarnaval de 1976.
“Cinco años más tarde mi gran amigo Mike Char, líder de la Organización Radial Olímpica, señaló que la letra de ‘La Guacherna’ era muy buena y merecía ser grabada por una agrupación internacional, de renombre. Así que apeló a sus contactos y le entregó la letra a Renato Capriles, director de Los Melódicos de Venezuela. En principio, Renato se mostró reacio. La canción no le movía las fibras; aún así, Mike le insistió en que ese sería un éxito seguro. La decisión definitiva la tomó Cheo García, quien estaba recién llegado a la orquesta. La escuchó, y le dio el aval; aseveró que se acomodaba a su estilo. Él me conocía y admiraba; me había grabado un par de años atrás, con la Billos Caracas Boys, ‘Tambores de Carnaval’, todo un suceso en la época carnestoléndica. Con ese antecedente, Los Melódicos se animaron a grabar ‘La Guacherna’, en ritmo de tamborera, pero, en lo que a mí atañe, pienso que pudo haber quedado mejor”.
Días antes de la grabación, Esthercita fue sacudida por una nefasta noticia: a su amiga Alicia de De Andreis le diagnosticaron un cáncer terminal.
“Ante la inminencia de su muerte, yo misma me encargué de comunicarme con Cheo García, y le pedí el favor encarecido de que la saludara en la canción. Muy gentil, él me complació. En el minuto 2 y 35 segundos de la grabación, la sorprendió con un ‘Alicita De Andreis, escucha el homenaje de Esthercita Forero’. Me llenó de paz intensa el saber que ella escuchó la canción y el saludo antes de morir”.
‘La Guacherna’ salió en 1981, en el disco de larga duración ‘Los Melódicos… esta noche’, que constituía el debut de Cheo García, tras permanecer por un período de 21 años bajo la égida del maestro Luis María Frómeta Pereira, director de la Billos.
LA DE LOS VECINOS, LA MEJOR VERSIÓN
Milagros Quezada Borbón, una bella y talentosa mulata nacida el 21 de mayo de 1955 en Santo Domingo (República Dominicana), más conocida como Milly Quezada, ‘La Reina del Merengue’, grabó ‘La Guacherna’ en 1982 con la agrupación Los Vecinos, cuyos integrantes eran nativos de Quisqueya. La letra llegó a sus manos por medio del empresario de espectáculos musicales Enrique Chapman, y formó parte del disco ‘Los Vecinos, ¡Acabando!’, grabado en el sello Algar Records, de Nueva York. En el coro participó Jocelyn, compañera de fórmula de Milly.
“Antes de que esa alegre canción alimentara el repertorio de Los Vecinos, yo había grabado ‘Tengo’ y ‘Amanecí llorando’, dos piezas colombianas, de Mike Char, que fueron festejadas por el público. Sin embargo, el fervor que desató ‘La Guacherna’ no tiene nombre. La convertí en merengue y no solo me internacionalizó, sino que me inmortalizó en términos de popularidad. Debo reconocer que nos tocó, como una bendición de Dios, a mí y a Los Vecinos a mí y a Los Vecinos grabarla, con arreglos de mi esposo Rafael Quezada, ya fallecido. Esa canción no solo provoca emoción en los barranquilleros, sino en todos los públicos ante los que la hemos interpretado, porque su mensaje es de alegría universal”.
Con ‘La Guacherna’, Milly Quezada ganó el 5 de marzo de 1984, en el Coliseo Humberto Perea, el primero de varios Congos de Oro en el Festival de Orquestas, el lunes de Carnaval.
Faroles de luceros, girando entre la noche/ la brisa es un derroche, de sones cumbiamberos/ locura de colores, las calles de Curramba/ tambores de parranda, ahí viene La Guacherna/ Ahí viene La Guacherna, tremenda pa’ gozar/ Ahí viene La Guacherna, me envuelve en su compás/ la reina de los barrios, la reina del Carnaval/ con danzas y mochilas y abarca e’ tres puntá/ Coro: La Guacherna, La Guacherna, La Guacherna en Carnaval (Bis).