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La columna del silencio

Una marcha que terminó en plantón. Todos callados. Mañana otra protesta más que intenta recuperar la cordura, la sobriedad y la prudencia. Cuando no te escuchan, gritas, pero cuando hay tanto ruido alrededor, callas.

Colombia está sumergida en sobre información, ruido, quejas, daños, llantos, por lo que decidí, a la madrugada del domingo, hacer mi columna del silencio.

No tengo manera para describir el desasosiego, entendido como ese vacío inexplicable en el pecho que te hace perder toda esperanza en una pronta o buena solución, que me ha generado esta situación.

Y en el futuro, no se ve candidato capaz de contener lo que se nos viene, no existe “tibio” que nos salve esta vez, ni izquierda que no intente polarizar, ni derecha que busque solucionar.

En mi día a día, escucho personas intentando huir, tratando de proteger su vida, blindando patrimonialmente su trabajo de décadas, alejándolo del peligro, del país; otros, llamando a sus familiares en la diáspora, asegurando un lugar fuera por si acaso toca salir; otros que lamentan a sus seres queridos, enfermos o perdidos, en esta nueva batalla que no nos advirtieron, a la que no nos invitaron, pero nos metieron.

Otros, luchándola de marcha en marcha, con la esperanza vana y triste de un cambio que no logran materializar en nada concreto; algunos, esperando que los marchantes se cansen o agoten, esperando decepcionados que todos estos que consideran desocupados, tiren la toalla y dejen de perder el tiempo. Y pienso, como todo comienza con el silencio.

La paz, la meditación, la escucha, la razón, la templanza, la paciencia, la decisión, la pasión. Y así, sigo pensando que decretamos una “conmocioncita” del interior, para no asustar a los citadinos; que los de arriba creen que esconden el poco respaldo de las fuerzas armadas al Ejecutivo con sus puestas en escena, lo que no obsta para mandarle todo el batallón a los provincianos, para controlar el desmán.

Que para solucionar un problema social siguen usando la fuerza pública, quien ya grita cansada que no es arma de cañón de los políticos de turno. Y nada calma mi cabeza, nada relaja mi pensamiento.

Escucho también afuera algún joven gritar, un carro chirrear sus llantas en el suelo, show ruidoso, sin juegos, innecesario y sobrestimado de testosterona. Nadie se calma. Nadie se calla. Este país ha perdido toda tranquilidad y los astros, la luna, las estrellas y el cosmos no colaboran.

Pienso, cansado, que si todos nos calmamos, solucionamos esto. Y para calmarnos, necesitamos guardar silencio. Silencio para comprender, silencio para escuchar, silencio para ver, silencio para pensar.

Guardemos silencio ante la patria que se ha vuelto fantasía. Guardemos silencio, por cada víctima de este paro perpetuo, por cada trabajador, por cada empresario, por esta tierra tórrida, por esta nación indeleble.

Guardemos silencio por ti, por mi, por tu dolor, por mi dolor, por todo aquello que callamos que dice mucho más que todo lo que hablamos.

Callemos. Guardemos silencio, por favor. Escuchemos. Marchemos en silencio.

Manifestantes sostienen pancartas durante la "Marcha del Silencio"