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Julio, nunca estaremos ‘Lejos de ti’

“Ese es uno de los grandes creadores musicales de Colombia”, me dijo el viejo Cristóbal Miranda, una tarde dominical de mediados de los 70, en la sala de su casa, con una botella de Germania, fría, en su mano derecha, mientras en el tocadiscos sonaba el alegre paseaíto ‘El bailador’, escrito y cantado por Julio Erazo, con Los Corraleros de Majagual.

Supe, años más tarde, cuando me metí en cuerpo y alma en la labor de investigar sobre la temática de la música popular del Caribe colombiano, que esa fue la primera canción con la que ese cantautor debutaría, en 1966, en la celebérrima agrupación fundada por Antonio Fuentes, Calixto Ochoa, César Castro y Alfredo Gutiérrez, al despuntar la década de los 60. 

También corroboré lo aseverado por el viejo ‘Toby’: “Ese es uno de los grandes creadores musicales de Colombia”. De autoría de Julio Erazo son más de 250 temas, muchos convertidos en éxitos, entre los que sobresalen ‘El caballo pechichón’, ‘El pañuelito’, ‘Rosalbita’, ‘Compadre Chemo’, ‘Déjate de cosas’, ‘Yo conozco a Claudia’, ‘Adonay’, ‘La puya guamalera’, ‘La pata pelá’, ‘Me picó una raya’, ‘Margarita’, ‘Tres noches’ y ‘Lejos de ti’, el célebre tango eternizado por el argentino Raúl Garcés.

Por esa mala costumbre de postergarlo todo, incluso de vivir la vida, perdí la gran oportunidad de visitar en diciembre del año pasado, en Guamal, al maestro Julio Erazo, fallecido el 12 de febrero, luego de sufrir un paro cardiorrespiratorio en una clínica de Magangué, donde estaba recluido, en una Unidad de Cuidados Intensivos.

Mi amigo, el folclorista Ismael Martínez Beltrán, me había insistido tanto en que lo visitáramos… “Listo… pronto lo haremos”, le respondí… “Pronto…”. Podremos retrasarnos, pero el tiempo no lo hará, sentenció en una ocasión el polímata Benjamin Franklin. Cómo es tan real como cruda esa aseveración. Y cómo me duele haberla experimentado en alma propia. 

Al maestro Julio Erazo le faltaban 21 días para cumplir 93 años. En 2018, el Ministerio de Cultura le otorgó el Premio Nacional en la categoría de Vida y Obra. Un reconocimiento justo y necesario.

Las canciones del maestro Erazo satisficieron, aún satisfacen y tengo la plena seguridad de que satisfarán el gusto de los melómanos. Letras sencillas, bien construidas y llenas de cadencia lo caracterizan, como la condensada en la historia, en la que se compromete a visitar, el 2 de enero, a su concuñado Anselmo Montes, ‘Compae Chemo’, en la finca ‘El Laurel’…

Le prometo que en el año entrante/ a su fiesta yo me voy alante/ ‘El laurel’ se vestirá de gala/ desde el patio hasta la misma sala…

Cuándo Alejo Durán la interpretaba, con su chorro de voz y el sabor inconfundible de su acordeón, vibraban las fibras más íntimas tanto de él como las de los melómanos.

Hace algunos meses, por petición de la colega Nilba Rodríguez, realicé una audiocrónica en Facebook sobre Julio Salvador Erazo Cuevas, como era su nombre de pila.

Julio Erazo Cuevas

Además de cantante y compositor, el maestro era un extraordinario guitarrista. Vio la primera luz en Barranquilla, el 5 de marzo de 1929, pero fue criado desde su primer año de nacido en Guamal, municipio localizado en la margen oriental del río Magdalena, en el sur del departamento del mismo nombre de la bendita corriente natural de agua.

Heredó la vena artística de su padre, José Ignacio Erazo París, pastuso que vivió un tiempo en Barranquilla, ferviente lector y escritor de poemas, y de su madre, Carmen Cuevas Vallary, guamalera, pianista empírica, amante de los boleros y los tangos.

“Te recomiendo al maestro Julio Erazo, en Guamal, para que le preguntes por ‘Lejos de ti’, un tango maravilloso que en Argentina es una pieza invaluable y que en Colombia suena mucho”, me escribió Nilbis, como le dice Tatiana Paola Escárraga. Esa solicitud de mi antigua compañera en El Heraldo, me trasladó mentalmente, en el tiempo, al año 1999, a la sede del canal regional Telecaribe, entonces ubicada en la carrera 54 entre calles 72 y 74.

Fue al mediodía, y el maestro Julio Erazo acababa de sostener una amena entrevista con el periodista Ernesto McCausland. Brevemente hablamos en el pasillo del Canal, y me contó la historia de ese tango que escuché por primera vez en mi lejana infancia, en la única emisora existente en el pueblo natal de mi padre, Molinero, corregimiento de Sabanalarga.

Por su letra y musicalidad, durante mucho tiempo pensé, al igual que muchísimas personas, que este tango era originario del sur del continente. Esa creencia se fortaleció aún más porque su intéprete, Raúl Garcés, dueño de una bella tonada cordobesa y quien no necesitaba mostrar ningún documento de identidad para testimoniar su procedencia, hacía pensar que esa canción era propia de Argentina, la cuna del tango.

Supe después que su compositor, Julio Erazo, la compuso en 1948, cuando él tenía 19 años.

“Yo vivía en Buenavista, un caserío cercano a Guamal, y dictaba clases en un colegio. La canción se la compuse a una jovencita estudiante que era mi novia y cuyo padre había hecho hasta lo imposible por separarnos. Incluso, la había mandado a una finca. Esa niña es hoy mi esposa: Elides Martínez Carrascal, madre de mis cinco hijos.

Recuerdo que empecé a escribir la canción, en el mes de noviembre, en una tarde cubierta de nubarrones, lo que acrecentaba mi congoja por la ausencia de mi Elides. Ese instante y el sentimiento los describo en las dos primeras estrofas del tango: Hoy que la lluvia/ entristeciendo esta la noche/ y las nubes en derroche/ tristemente veo pasar/ Viene a mi mente/ la que lejos de mi lado/ El cruel destino ha posado/ solo por verme llorar.

Me dijo el maestro Julio Erazo que la canción la compuso como tango quizás influido porque en su preadolescencia era frecuente escuchar tangos en su casa, gracias a su madre, y porque el tango más allá de ser un baile, constituye una energía inenarrable que transmite emociones con la música y el canto, no exento de poesía. Y, además, en ningún otro ritmo podía expresar lo que sentía. 

“Vea, esa canción obedeció a un momento de inspiración. En ningún momento pensé en la posibilidad de grabarla. La tuve guardada durante casi nueve años”, me confesó el compositor.

Para el sello Sonolux, por petición del nortesantandereano Luis Uribe Bueno, compositor, arreglista y director arístico de esa casa disquera, ‘Lejos de ti’, salió del anonimato.

“Yo estaba en Medellín, en 1957, cuando el director de Sonolux, Luis Uribe Bueno, me preguntó que si en mis composiciones no tenía por ahí un tango guardado. Necesitaba uno porque el afamado cantante y violinista argentino Raúl Garcés, quien se encontraba de visita en la cudad por esos días, se disponía a grabar un disco con Los Caballeros del Tango. Yo ya gozaba de cierto reconocimiento. Varias canciones mías habían sido grabadas por mí y otros artistas.

El caso fue que le entregué ‘Lejos de ti’, y se grabó.

Musicalizada con bandoneón, piano, violín y chelo, la canción salió al mercado y en principio no pasó nada extraordinario con ella. “Solo cuatro años después logró despegar gracias al impulso que le dio una emisora en Manizales. Y fue tanta su fuerza, que se expandió por todo el territorio nacional, traspasó las fronteras y se convirtió en un éxito continental”, aseveró Julio Erazo.

El nombre de Julio Erazo saltó a la pasta sonora, por primera vez, en 1950, con la grabación de un tema de su intelecto: ‘La puya guamalera’. Ocupó el lado A de un acetato de 78 revoluciones por minuto prensado por Discos Atlantic, de Barranquilla.

A partir de ahí su carrera estaría marcada por la creación constante. En 1966, por invitación de Isaac Villanueva, grabó, en calidad de invitado especial, con Los Corraleros de Majagual, la institución musical creada cinco años atrás por Toño Fuentes, Calixto Ochoa, César Castro y Alfredo Gutiérrez, quien en ese 1966, ya no pertenecía a la agrupación. ‘Hace un mes’, canción de su autoría que estamos escuchando en el fondo, la cantó Julio Erazo con Los Corraleros de Majagual, al igual que esta otra, también escrita por él: ‘El bailador’.

Abundante es ciertamente la obra musical de don Julio Erazo Cuevas, un creador infatigable que siempre estará entre nosotros…