Joe, grande, eterno, sublime
De haber estado vivo, Álvaro José Arroyo González, ‘El Joe’, habría celebrado el primer día de noviembre de 2021 su cumpleaños número 66.
¡Cómo pasa el tiempo! Se han deshojado ya diez calendarios desde que partió de este mundo, el 26 de julio de 2011. Y él ahí: grande, eterno sublime.
Diez cumpleaños han transcurrido sin su presencia física. Pero él sigue ahí, palpitante, destilando su sabrosura contagiosa. Así lo sentimos al escuchar sus canciones y ese sonido muy suyo que emergía de su garganta, y que él bautizó como 'El caballito'.
‘El Mulato de Oro’, como le decía su maestro de ceremonia Lucho Ojeda, sigue siendo el rey indestronable de la música popular del Caribe colombiano. Y sus seguidores no se cansan de evocarlo ni de celebrar su existencia.
Del Caribe aflora/ bella, encantadora/ como mar y río/ una gran sociedad/ Barranquilla hermosa/ yo te canto ahora/ con gratitud y amor, del cantor al pueblo que adora...
La letra de ‘En Barranquilla me quedo’, grabada hace 33 años, resume todo un sentimiento en el que afloran el cariño y el agradecimiento. Y en ella está explícita una promesa: quedarse para siempre en esta ciudad.
En Barranquilla me quedo/ en tierra firme me quedo…
Joe la compuso, la grabó, la interpretó de manera obligada en todos los conciertos en los que actuó y finalmente lo cumplió: En Barranquilla se quedó.

Fue un canto premonitorio que le dio identidad. Y Barranquilla, la ciudad que lo acogió para siempre desde 1983, lo despidió con música, con alegría, con amor.
Con esa pieza, sus colegas, amigos y simples seguidores le dieron el último adiós la noche del 27 de julio de 2011 en el Cementerio Jardines de la Eternidad, tres meses y cinco días antes de que festejara su cumpleaños número 56.
Hijo de Ángela González, una de las seis mujeres de Guillermo Arroyo, el popular ‘Negro Chombo’, Joe nació el 1 de noviembre de 1955 en el Hospital Santa Clara del barrio Bruselas de Cartagena.
Autor e intérprete de decenas de canciones del género tropical, bien fuera acompañado por las orquestas de Manuel Villanueva, Los diamantes de Rubén Darío Salcedo, La Protesta, Los Líderes, Fruko y sus Tesos, The Latin Brothers, la Orquesta de Pacho Galán o su Orquesta La Verdad, Joe trascendió por sus grandes cualidades como cantante, por su dominio del escenario (era sabor puro) y por sus portentosas capacidades para componer.
Entre las muchas canciones que interpretó, bien fueran suyas o de otros compositores, y lograron conquistar los corazones de los melómanos, sobresalen ‘Tania’, ‘Palenque’, ‘La guarapera’, ‘La rumbera’, ‘A mi Dios todo le debo’, ‘Rebelión’, ‘En Barranquilla me quedo’, ‘Tumbatecho’, ‘Echao pa´ lante’, ‘Centurión de la noche’, ‘Teresa vuelve’ y ‘La noche’, de su autoría; ‘El ausente’, ‘El árbol’, ‘El cocinero mayor’ y ‘La vi partir’, de Isaac Villanueva, ‘Manyoma’ y ‘El Negro Chombo’, de Julio Ernesto Estrada; ‘Confundido’ y ‘Alma navideña’, de Mike Char, y ‘Volvió Juanita’, de Esthercita Forero. Es indiscutible que la lista de los cantos inmortales del Joe es larga.
Fructuosa fue la cosecha de Joe en el Festival de Orquestas: obtuvo 20 Congos de Oro, de los cuales recibió 2 en categoría especial o Super Congo. Además, estuvo en muchos países de América y Europa. Y siempre se le reconoció como uno de los más grandes embajadores de la música de Colombia en todos los ritmos.
Parafraseando el estribillo de un bello bolero compuesto por Armando Manzanero, y con el cual quiero hacer una analogía, como el árbol que a pesar de un duro invierno conserva su fruto verde y tierno, así permanece en la memoria Joe Arroyo… Vivo, Sólido, vigente, inspirador. Su nombre es sinónimo de vigor, de música y goce… Y su voz, una explosión espontánea de alegría contagiosa.