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Javier Solís, cada día más recordado

Hace 56 años se apagó la luz del rey del bolero ranchero, una de las grandes voces de la música popular de América Latina.

Faltaban 15 minutos para que el reloj marcará las 6 de la mañana de aquel 19 de abril de 1966 amenazado por la lluvia, cuando se cortó el hilo de la existencia de Javier Solís, el máximo exponente del denominado bolero ranchero.

Llevaba siete días recluido  en el hospital Santa Elena de Ciudad de México, a causa de una fuerte dolencia debajo del hígado, que a la postre lo llevaría a la tumba tras una intervención quirúrgica. Tenía 34 años, y en ese momento era el intérprete de música popular más apetecido por los compradores de discos en el país azteca.

Según el acta de defunción, el deceso del célebre cantante se produjo por “desfallecimiento cardíaco, desequilibrio electrolítico ocasionado horas después de la extirpación de la vesícula biliar”.

Se dijo, en su momento, que su muerte se precipitó porque tomó agua después de la operación. No solo en su México natal lo lloraron, sino también en otros países de América Latina, donde fue elevado a la condición de ídolo.

Han pasado 56 años desde entonces, y su recuerdo permanece más vivo que nunca. Hoy por hoy, los expertos en materia musical lo sitúan junto a Jorge Negrete, Pedro Infante, Antonio Aguilar y Vicente Fernández en el quinteto más grande de la ranchera de todos los tiempos. 

UNA INFANCIA LLENA DE APREMIOS

En el inestable hogar conformado por el panadero Francisco Siria Mora y la comerciante Juana Levario Plata, nació el 1 de septiembre de 1931 en el barrio Tacubaya, de Ciudad de México, el hombre que marcaría un hito en la interpretación de la ranchera. Fue bautizado con el nombre de Gabriel Siria Levario.

Apenas siete meses después, angustiada por el abandono de su marido, Juana no encontró otra solución que confiarle la crianza de su primogénito a su hermano Valentín Levario y a la esposa de este, Ángela López, que además eran los padrinos del pequeño Gabrielito.

Javier Solís, cada día más recordado

Valentín y Ángela no le ocultaron su origen, pero para Gabriel ellos serían siempre sus verdaderos padres, porque, según lo afirmaba, “padres no son los que traen un hijo al mundo, sino quienes lo crían y lo llenan de afecto”.

En 1941, pocos días después de celebrar su décimo cumpleaños –y cuando cursaba el quinto grado de enseñanza primaria- Gabrielito experimentaría el primer golpe duro de su vida con la muerte de ‘mamá’ Ángela. A su padrino y ‘papá’ Valentín no le quedó otro remedio que sacarlo del colegio a fin de que contribuyera con la obtención de recursos para su manutención. Fue así como lo llevó de ayudante, primero como panadero, y después como vendedor en el mercado. Desde temprana edad, el futuro cantante se familiarizaría con la rudeza de la vida. Se vio precisado a desempeñar diversos oficios antes de cabalgar en los lomos de la fama. Entre sus actividades se destacaron las de panadero, cargador de bultos, carnicero y aprendiz de mecánico. Y su afición a la defensa personal lo llevó a practicar boxeo en la arena Hollywood, en el Distrito Federal, sin llegar nunca a realizar un combate profesional.
    
El TANGO LE ABRIÓ EL CAMINO

Carlos Gardel, la máxima figura del tango, tenía una década de haber perdido la vida en un absurdo accidente de aviación, en Medellín, cuando Gabriel cumplió 14 años. Ese día supo que su verdadera vocación era el canto, aunque desempeñara otros oficios. Por eso, sus ratos libres, no los desaprovechaba para tararear ‘El día que me quieras’, ‘Volver’ y ‘Cuesta abajo’, los famosos tangos que había popularizado ‘El zorzal criollo’, a quien admiraba por su manera de cantar.

Su afición para interpretar tangos terminó cuando el compositor mexicano Gabriel Carrión lo convenció de que su futuro como cantante no estaba en el género musical característico de la región del Río de la Plata, sino en la interpretación de boleros ‘arrancherados’ y, Gabrielito, más tarde Javier Solis, escuchó aquel consejo que lo condujo a qué el director artístico de Discos Columbia de México, Felipe Valdés Leal, lo llevara a los estudios de ese sello en 1955.

El resultado fue un sencillo que incluyó, por una cara, ‘Qué te importa’ y, por la otra, ‘Por qué negar’. Las dos canciones cosecharon éxito en el interior de México. Felipe Valdés Leal fue quien lo bautizó con el nombre artístico de Javier Solís. Dos años después, el 18 de abril de 1957, cantaría el tema ‘Grito prisionero’, en el sepelio de su ídolo Pedro Infante.
 
ÉXITOS TRAS ÉXITOS

Luego de una sucesiva cadena de grabaciones, algunas publicadas en sencillos de 45 revoluciones por minuto y otras en discos de larga duración, Solís sacó a la luz, en 1959, el que sería el primer éxito que traspasaría las fronteras de su país: el bolero ranchero ‘Llorarás’, del compositor Rafael Rodríguez.

Llorarás, llorarás… mi partida/ aunque quieras, arrancarme de tu ser/ cuando sientas, el calor de otras caricias/ mi recuerdo, ha de brillar donde tú estés…

A partir de ahí, su producción artística, tanto en la parte discográfica como en la filmográfica, se convertiría en una genuina carrera contra el reloj, pues siete años después partiría de este mundo, en la plenitud de su vida.

La lista de sus canciones aclamadas en varios países es numerosa, destacándose títulos que dejaron honda huella como ‘Sombras’, ‘Cuatro cirios’, ‘El club verde’, ‘Entrega total’, ‘La mentira’, ‘Payaso’, ‘Espumas’, ‘En tu pelo’, ‘En mi viejo San Juan’, y la que para muchos fue su canto cumbre: ‘Renunciación’

No quiero verte llorar/ no quiero ver que las penas/ se metan en tu alma buena/ por culpa de mi querer/ no quiero verte sufrir/ no soy capaz de ofenderte/ si sabes que hasta la muerte/ juré ser solo ser de ti… 

Javier Solís, cada día más recordado

Al igual que los grandes exponentes de la canción popular de su México lindo y querido, Javier Solís también incursionó en el cine. Actuó en 33 películas, la primera de ellas, titulada ‘El jinete enmascarado’, estrenada en 1960, y la última, ‘Juan pistolas’, presentada en sociedad en 1966, el año de su muerte.

Aunque está entre los cinco grandes de la canción ranchera de México, Javier Solís no alcanzó el nivel de ídolo absoluto de sus compatriotas como sí lo fue Pedro Infante. Sin embargo, su legado y eternidad artística no admiten discusión...

Para tener en cuenta

Javier Solís grabó 40 discos de larga duración que incluyeron más de 300 canciones.

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Por ‘Llorarás’, ‘El loco’ y ‘Sombras nada más’, Javier Solís ganó Discos de Oro por haber vendido más de 100 mil copias. Esas canciones fueron tres referentes del canto popular de América Latina.

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Al morir, Javier Solís estaba casado con Blanca Estela Sáenz, a quien había conocido en 1960. Tuvieron dos hijos: Gabriel y Gabriela. “Era un ser tierno y amoroso”, aseguraba la mujer.

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Varias hipótesis se escucharon después de la muerte de Javier Solís. Se dijo que su fallecimiento fue motivado por haber hecho el amor poco después de la extirpación  de la vesícula biliar, o, porque, sin autorización médica, el mismo cantante se retiró la sonda. Hubo, además, quienes especularon con la afirmación de que Solís, a pocas horas de haber dejado el quirófano, se levantó de la cama, fue al baño y bebió agua.