Inseguridad, hampa y ladrones: Otro pico en la pandemia
No hay lugar en Barranquilla, Bogotá, Cali o Medellín y en general en todo el país, que pueda escapar a esta ola de atracos, homicidios, violencias e inseguridades.
Roban al Tino Asprilla en Bogotá y a cientos de ciclistas en la capital, matan abogada y taxista en Barranquilla para atracarles, en Cali sufren ciudadanos de a pie el hampa en el esplendor del día y ya en Medellín, hasta botones de pánico instalaron en el transporte público para evitar más daños.
La pandemia de la delincuencia está azotando tanto o peor que la del Covid-19. ¿Y los alcaldes? ¿Y el pie de fuerza? ¿Y el presupuesto en seguridad? ¿Y las ideas?
Nadie quisiera estar en un puesto público de elección popular en esta coyuntura, eso está claro, pero nadie los obligó a lanzarse y a luchar por ganar, así que les tocó a Uds., alcaldes, gobernar las principales capitales del país.
Lo primero, como lo dijo Jaime Pumarejo en Barranquilla, es que acepten que las cifras y estadísticas no valen nada y se van al traste cuando cualquier ciudadano de bien, en el ejercicio de sus labores diarias, en la búsqueda del pan de cada día, es asesinado para robarle por un delincuente más disfrazado de ciudadano de a pie. Estos hechos atroces generan muchas preguntas ¿Por qué un ladrón mata para robar? ¿Por qué roba y no trabaja? ¿Por qué son tan mezquinos, tan sanguinarios, tan pusilánimes? Parece una pregunta con respuesta sencilla, pero no es así. Rápidamente responderán que es porque son flojos, vivarachos, desecho social; sin embargo, sin intentar justificar ningún acto delictivo de cualquier ser humano, la gente roba porque puede, quiere y porque no existe miedo a ser capturado. No obstante, otra cosa es matar: Alguien mata al robar porque no tiene consciencia, porque ya sepultó su moral, porque su alma no tiene espacio en su sistema nervioso; dicen algunos expertos que el que mata para robar lo hace porque lo inunda más el miedo a la turba social, que a las consecuencias de matar a alguien en sí mismo.
Pero ¿Qué piden? ¿Un abrazo cuando sean capturados? ¿Dos palmadas y para la casa con el rezo de dos avemarías y tres padres nuestros? Acaso no se preguntan cosas tan simples como ¿Qué culpa tienen los ciudadanos de bien de sus actos, lacras? ¿Qué culpa tiene la madre, que, paseando a su hijo, atracan y golpean? ¿Qué culpa la barbería y su dueño que intenta a diario pagar sus obligaciones? ¿El taxista que sale a diario, cansado, a buscarse la chamba del día? ¿El dueño de local de celulares que le costó un dineral dotarlo para que te lleves su inventario en 5 minutos?
Ya no sólo sufrimos los efectos de un conflicto armado que quieren revivir a como de lugar fuerzas oscuras de parte y parte, interesadas en el comercio subterfugio de su eterna ejecución, sino que además tenemos que sufrir en nuestras calles al hampa desaforada, desquiciada, sin control ni dios que los castigue. No existe estadística ni argumento barato como el que nos quieren vender ahora, “es pura percepción”, ya que nada puede detener los cientos de mensajes en redes sociales de conocidos y allegados, que han sido víctimas o testigos de estos actos delincuenciales.
Gobernantes: Sirvan al menos para dos cosas: 1. Vacunar a todos los ciudadanos y 2. Darnos seguridad de toda hampa. Funcionario que logre esas dos simples metas, será un buen gobernante, luego miramos otras cosas. Y no es simplismo ni resignación, es supervivencia democrática, los mínimos del Estado para decir que convivo en una democracia. Es hora de atesar las condiciones, de invertir en inteligencia, de detener a los cabecillas o clavos sueltos de todo esto y de verdad, dejarnos vivir en paz.
Gobernantes, basta ya de excusas. Hagan algo o sino la gente lo hará por sí misma. Y ahí sí que nos devolveremos a un estado de naturaleza, hobbesiano, donde la violencia del más fuerte prime y reine sobre los demás, donde el hombre sea lobo para el otro hombre. Es inaudito que los policías continúen en labores superfluas e inservibles, deben estar para lo que fueron entrenados, el servir a su comunidad con vigilancia, inteligencia; necesitamos más fiscales, más jueces, más tecnología para capturar a estos pillos; esto no es física cuántica señores, sólo hagan lo que tengan que hacer sin excusas. No más robos, no más muertes sin sentido alguno.
Detengamos ya esta otra pandemia de violencia. Nada justifica la delincuencia que estamos viviendo, porque estos ladrones no están robando panes para vivir, comida para sus hijitos, ni agua para no morir de sed. Son robos pensados, de grandes sumas; a personas determinadas, comerciantes, profesionales y trabajadores a destajo; a bienes específicos, celulares de alta gama, joyas, dinero en efectivo, automóviles.
En sus manos está gobernantes, que esta Semana Santa, sea la Semana donde reflexionen y empiecen a solucionar este problema; nosotros, de nuestra parte, intentaremos perdonar su negligencia en materia de seguridad. En sus manos está, gobernantes, sino la sociedad se los cobrará en las urnas, con los votos en las elecciones; porque deja tanto desasosiego la situación, que esta vez la gente votará a conciencia. Gobernantes: Sirvan para al menos dos cosas: 1. Vacunar a todos los ciudadanos y 2. Darnos seguridad de toda hampa. Nos daremos por bien servidos.
