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¡Indisciplina social y falta de asistencia a la pobreza..!

Duplicar a Bogotá, ciudad capital que cuadruplica a Barranquilla en número de habitantes, resulta no solo asombrosos sino extraordinariamente preocupante en materia de infectados por la pandemia del Covid-19. Tan alarmante que inclusive y según los estudiosos, resulta extraordinariamente conmovedor saber que se está por encima del promedio en países como Italia, Francia y Reino Unido.

La disparada en estas últimas dos semanas - yo diría- no en la curva, sino en la escalada cual montaña ciclística hacia la cúspide, ha sido tan pronunciada que disparó las alarmas a nivel internacional con noticias desde Estados Unidos, España y otras naciones que reiteradamente han pronunciado el nombre de Barranquilla como uno de los mayores epicentros de contagio en América Latina. Solamente superada la capital del Atlántico por Brasil y Chile.

Y en medio de tan desconcertante situación, todo tipo de pronunciamientos y achaques de responsabilidades se han tejido sobre el por qué tan inusitada disparada de contagios. Por parte de las autoridades de salud Distrital y Departamental ello obedece a la indisciplina social de la población. Especialmente en sectores más propicios como son el sur, occidente y oriente de la ciudad. Las muestras video-gráficas son supremamente dicientes: muchachos menores de edad, jóvenes, adultos y adultos mayores, hombres y mujeres y hasta niños que deberían estar resguardados bajo las faldas de sus mamas, pululan por las calles, descalzos, sin camisas, en pantalonetas y sin tapabocas.

Mientras unos juegan al fútbol con pelotas de trapo o caucho, otros transitan en bicicletas y patinetas; otros, mayorcitos y adultos sentados en andenes o sillas en jardines y puertas de las casas. En medio de estridentes picós y equipos de sonidos algunos animadamente dan muestras de sus virtudes de bailarines de salsa y champeta. No importa los protocolos de seguridad anunciados por el gobierno: libar trago y beber cerveza resulta más alentador que preocuparse por la “pandemia que por aquí no va a llegar”, según afirman los entusiastas vecinos de estas refriegas festivas.

Por otra parte, la responsabilidad-afirman otros entendidos- también compete y en gran cuota a las autoridades. Las de gobierno por no haber apretado a tiempo el cinturón corregir los desmanes de estos populosos barrios donde el Covid- 19 sigue marcando victimas sin control alguno. Y autoridades de salud porque los funcionarios de estas entidades no han sido afortunados en registrar acertadamente los guarismos de infectados y muertos por la pandemia. La demora en los resultados por parte de los laboratorios que llegan de forma extemporánea. Al menos, esa es la excusa cuando aseguran que los resultados de una fecha, corresponden a pruebas realizadas una o dos semanas atrás y hasta ahora se conocen.

Lo curioso de esto es que cuando uno de los indisciplinado resulta afectado sea directo o por algún familiar, acuden entonces sí al centro médico exigiendo que lo atiendan urgentemente y que le diagnostiquen cualquier enfermedad, menos el Covid-19 porque no está infectado de esa enfermedad.

No entienden  explicaciones ni razones, solo pretenden que se atienda y salve al afectado, llegando al extremo de agredir de hecho a médicos y enfermeros.

Aunque no podemos desconocer la indisciplina social de la gente, tampoco podemos disimular la responsabilidad que le cabe a las autoridades de gobierno. Ante respuestas que dan secretarios de salud distrital y departamental de la demora en recibir los resultados, muchos preguntan ¿acaso no nos ufanábamos de tener no uno ni dos, sino hasta cinco laboratorios de universidades y otras entidades? ¿Acaso en Medellín los resultados se reciben 24 horas o antes, después de practicadas las pruebas? Y En Bogotá, Cali y Cartagena donde el contagio diario era muchísimo mayor ¿por qué han podido controlar la expansión y en cambio en Barranquilla el crecimiento es cada día mayor?

Algo más allá de la sola culpabilidad social de la gente está pasando. ¿Será que aquí no contamos con los elementos apropiados y gente altamente calificada para afrontar el problema? Vale decir, será que no nos hemos rodeado de verdaderos profesionales y científicos que puedan aportar sus conocimientos médicos, o que referimos ignorarlos porque no son de nuestro afecto político?

¿Por qué –pregunta la gente- no acudimos a gobernantes como el Alcalde de Medellín y la Alcaldesa de Bogotá para que nos ilustren sobre cómo están manejando la situación? O ¿por qué no  tomamos como ejemplo y referente mandatarios como el de Guayaquil, Ecuador, país que después de padecer angustias desesperantes como las de ver caer muertos en las calles a muchos afectados del Covid-19 ha sabido controlar la enfermedad?

Un manto de dudas se teje entre la población de la ciudad y el departamento sobre el manejo que se le ha dado al asunto. Está bien que se apliquen medidas como los cercos o cierre de fronteras en sectores donde existe el desorden social y que se lleve a la cárcel a los infractores,  pero también es necesario entender, que muchos de quienes salen al rebusque lo hacen para no dejar morir de hambre a sus familiares. El Estado, queda obligado a soportar con ayuda humanitaria a quienes lo necesitan. Sería una buena manera para corregir la tan llamada “indisciplina social”. Y seguramente para minimizar hasta donde sea posible  que sigan creciendo infectados y muertos por el Covid-19. Y que dejemos de seguir siendo la gran vergüenza nacional.