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Halloween electoral: La Campaña Triqui Triqui

Ayer mi hija, disfrazada de mujer maravilla, ante el chaparrón de lluvia que nos cayó, paseó por los pisos del edificio pidiendo dulces y cantando “triqui triqui Halloween” ante la puerta de todos los vecinos cercanos. En varios apartamentos, los residentes ni abrieron, pero los pocos que lo hicieron, abrían felices las puertas de sus hogares disfrazados, enmascarados y cantando al unísono la canción para divertir a las niñas. Haciendo un paralelo, en esta campaña pre-electoral, los candidatos disfrazados a conveniencia nos quieren engatusar en cada puerta electoral, con políticas que luego de elegidos, no podrán realizar.

Los disfraces electorales, los hay de todo tipo: Hay uno por la derecha, que está bien a la derecha, que ahora, matizando su discurso, busca acercarse al apetecible centro electoral con apaciguamientos y maquillajes. Su disfraz de vampiro es reconocible a metros y también su hoja de vida profesional. No convence ni en el partido que lo respaldó hace mucho y el electorado, por tanto, dudará en confiar de su liderazgo. Debe este candidato unirse en sus bases para poder salir luego a batallar. 

Otro disfrazado que está por la izquierda, por la bien izquierda, se disfraza como salvador del país, liberador de demonios, expropiador de tierras, rescatista de las masas proletarias, todo un redentor político; sin embargo, no genera confianza ni en sus más allegados, su paso por la selva lo hace sentirse perseguido por todo Judas, ya que su propósito, según algunos analistas, no es salvar a nadie, sino vengarse de una clase social poderosa que lo ha ultrajado, perseguido y atacado sin contemplación, toda su vida política.

Halloween Electoral

Así mismo, hay uno que, perdido en el limbo, no se sabe si en un centro izquierda o centro derecha, nadie sabe, dejó un puesto maravilloso en la academia de una prestigiosa universidad, para lanzarse a este salvajismo que llaman política. Por mucho que se lo pidieran, creer que este país en tan poco tiempo apoyará un candidato que no ha oído, que no ha sentido ni vivido, es poco creíble. Sin embargo, su disfraz de Santo Inocente, para enlazarse a su antecesor, tal vez logre adherir un electorado cansado de los debates radicales, la carencia de diálogo y el miedo a la diferencia. 

Por último, tenemos a una disfrazada de Trump, que, sin disfraz realmente, de frente, va propagando la posesión de armas, la defensa a ultranza de la propiedad privada, la defensa personal laxa contra los delincuentes, el conservadurismo individual y la supresión de libertades. Esta Trump criolla, al menos, es sincera en su política y campaña y nos ofrece regresar a los años 1600, cuando el tirano mandó. Ya es cuestión del electorado aceptarse como lo que parecemos ser, un país estancado en el tiempo que no avanza pudiendo, y que si pudiera avanzar, no quiere.

Estos disfraces electorales nos advierten muchas cosas. Un electorado joven recién llegado al voto puede verse engatusado fácilmente por salvadores y redentores; otro electorado, más anciano, tentado por mantener el status quo, puede terminar perpetuando una situación que nos estallará en la cara. Nos queda poco tiempo para exigir a los candidatos que se quiten el disfraz, que hagan un “fuera máscaras” y que exhiban, en debates sin tanto marketing, show y periodistas prepago, un debate de ideas.

Halloween ya pasó y los disfraces electorales en campaña “triqui triqui” también. Lo que se nos viene, no son 4 años de probar una forma de gobierno o de político de turno. Lo que se nos viene, es un momento hito de la institucionalidad de la República. Estudiemos desde ya los disfraces, miremos más a fondo a los candidatos. Feliz Halloween a todos, feliz día de los santos inocentes y feliz día de los muertos.