Estados Unidos en vilo ¿y Colombia qué?
Durante más de 5 días estuvimos esperando, expectantes, viendo qué pasaría con el liderazgo del país más poderoso del mundo; como cualquier república bananera, estuvimos sin saber cuál era el líder elegido por la democracia estadounidense, a pesar de que el día de la elección ya había pasado. Una parte acusaba y continúa haciéndolo de fraude a las elecciones y la otra llama a la calma para evitar que en un país que se preciaba de institucional, no se fracturen pilares construidos por sabios hace más de doscientos años.
Un candidato de la tercera edad, católico, con una historia familiar llena de dolor, pérdidas, cáncer y accidentes. Un político acusado de hacer negocios a través de su hijo en un país extranjero, de comunista, chavista y petrista; una guerra electoral donde se invirtieron billones para hacer derramar sangre al contrario y profundizar con eso las divisiones en la masa popular norteamericana. Estas heridas perdurarán y eso ¿Cómo nos afecta?
Hay que esperar y observar: La visión hacia los políticos no debe ser la de tenerles fe y esperanza, sino crítica, exigencia y compromiso ético. Biden debe detener la división que subyace a la sociedad y que se propaga en todos los Estados; pensar, no conformarse y pelear por el respeto de la diferencia, razón por la que debe ejemplarizarse y dialogar con su contradictor, incluyéndolo democráticamente en su gobierno. Fueron muchas las voces que se alzaron en esta contienda, siendo las dos votaciones más altas en la historia de Estados Unidos y continuar la división, no sería una victoria para nadie. Hay que rescatar la democracia de toda esta batalla ideológica. El espíritu integrista y no de aislamiento deberá guiar las decisiones del Presidente. Debe detenerse a los poderes que tratan de confundir a las masas, que tratan de engañarlas, dividirlas, que generan efervescencias, cadenas y mentiras por montón para su propio beneficio, causando destrucción, división y rencor. Fue sorprendente ver que varios canales de televisión cortaron, para otros censuraron, el discurso del Presidente Trump haciendo primar la libertad de prensa; no recuerdo que pasara antes, a ningún Presidente. Esto es síntoma, no de un campanazo de alerta, sino de una sirena de urgencias.
Tal vez desde Latinoamérica y desde Colombia en especial, nos ven hoy como una tierra sin plusvalía, que les da igual, que le dan limosnas y ayudas humanitarias, que sobrevivimos a nuestra manera. Pero no es así. Estados Unidos nos observa, pero debemos dejar de ser su patio trasero para ejercer como lo que somos, sus aliados: Han querido subirnos el estatus, pero pareciera que no quisiéramos. Vale la pena ser aliado de Estados Unidos, debemos poner todo de nuestra parte no para ser un país servil más, sino para ganar en estatura, respeto y determinación frente al país norteamericano. Un aliado mira de frente no sobre el hombro, un aliado comparte no exige, un aliado negocia no impone. Colombia demostró ser vital en estas elecciones, opiniones de políticos internos fastidiaron la campaña (con razón o sin ella), el voto en Florida fue un golpe sobre la mesa y la comunidad colombiana en EEUU no es Colombia, solo parte de ella. Nuestro país debe ubicarse donde le pertenece en este giro institucional: Reclamar una mano aliada no imperial, una mano que comparte no que quiere todo para sí. No se trata de que en Colombia exista un gobierno pro Republicano o pro Demócrata, es un tema de Estado. No gana más el que más asiente esclavistamente a su amo, sino el que pueda demostrar ser un aliado útil para un fin común: mantener la democracia y los principios republicanos y libertades en el hemisferio. En eso, somos y seremos los aliados invaluables de Estados Unidos y debemos aprovechar este momento para recordarlo, para dejarlo claro en la mente del Presidente electo.
Hay que observar atento a ver qué hará Colombia ante esta nueva realidad. La inteligencia de nuestra Cancillería se pone a prueba: No somos igual que otro país, no somos reemplazables en el hemisferio; no somos los peligrosos del barrio ni los rebeldes sin causa. Necesitamos sí o sí su apoyo para acabar el conflicto interno y refigurar la política de drogas que en nada ha sumado para evitar el consumo y la drogadicción; que no nos gusta el comunismo, que respetamos la institucionalidad, que apreciamos el libre comercio, el medio ambiente y la tecnología.
Biden da más tranquilidad, pero no significa que ganemos como país más con él. El mundo tal vez evitó el estallido de una guerra sin revés, pero si no se curan las heridas realizadas en la ciudadanía, la infección volverá a entrar y no habrá quien la pare. Biden con 77 años logró recoger el sentir de una juventud a la que le lleva más de 50, pero con su edad no creo que pueda reelegirse; este corto circuito refleja que un anciano podrá guiar el ímpetu juvenil siempre y cuando entienda que, no es lo mismo ni es igual ahora que hace 4 años, que el ambiente está enrarecido y que la integración, el respeto por el otro y la solución efectiva de los problemas que nos aquejan y los aquejan, es una decisión inaplazable que lanza un campanazo de alerta para que la democracia de 244 años no vuelva a dudar de sí misma o ponerse en riesgo. El hecho de que existan acusaciones de fraude es muy grave, que haya ciudadanos que no crean que el presidente Biden es legítimo, es una situación de preocupar.
¿Qué hará Colombia para aprovechar este giro institucional? Al final, esta fractura ciudadana obligará a Biden a tener remedios curativos para paliar las diferencias, menjurjes para liberar los rencores y devolver la esperanza a un mundo, que ve con cautela y preocupación lo que pasa en la democracia del país más poderoso del mundo. Colombia puede estar ahí, para ayudar, para colaborar y para ser útil; puede aprovechar este momento para exigirle al Presidente si fueron ciertas sus promesas sobre una política internacional menos demandante, imperialista y amenazante. ¿Volverá EEUU al mundo? ¿Volverá a dialogar con Europa? ¿A la OTAN? ¿A hacerse parte del acuerdo de Cambió Climático? ¿Volverá a la OMS y a respetar la ciencia mundial? ¿Volverá el apoyo al proceso de paz? ¿Cómo incide todo eso internamente? ¿Dejarán que Rusia, China sigan avanzando con más protagonismo en el mundo? Ahora hay que tocar la puerta, ya, de primeros, para tratar de conseguir lo mejor, mientras perdura el perfume de la victoria. Cancillería, mañana ya es tarde. Podemos ser un aliado cada vez más íntimo con la potencia económica más poderosa del mundo; pero depende de nosotros reclamarlo con la frente en alto y no mirando al piso.