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Electricaribe: otra “pandemia” que también cobra vidas

En momentos  en que deberíamos estar regocijados por el regreso del fútbol colombiano- como para enmarcar el buen desempeño de nuestros ciclistas en el Tour de Francia, de los beisbolistas de Grandes Ligas como Donovan Solano y Giovanny Urshela, del refrescante recuerdo de aquel 5 de septiembre en Buenos Aires con que la Selección humilló a la pomposa Argentina 5-0 y con la esperanzadora fe del por lo menos dominio de la pandemia del Covid 19, específicamente en Barranquilla y la Costa Caribe, no podemos disfrutar totalmente de tales buenos augurios.

Porque no podemos marginarnos de acontecimientos que enlutan familias, ya no por la bendita pandemia que nos tiene recogidos hace seis meses, sino por la inoperancia de una empresa de servicios públicos como Electricaribe. Con la desfachatez que raya en el cinismo e inocultable  voraz apetito por descuartizar el erario; erario que pertenece a los ciudadanos, a la gente del pueblo. Todo en medio de la pasividad de un gobierno como el nuestro que durante años y años ha permitido toda clase de atropellos sin colocar freno definitivo a la “Pandemia ineficiente” y continúa de dicha empresa.

La muerte del médico samario José Miguel Dau, por la indolencia de Electricaribe que sin tener en cuenta la situación de un mayor de 93 años y sin atender una discusión en proceso por el supuesto “no pago de facturas”, decide cortar el servicio de energía a la familia del doctor que muere por la falta de oxígeno que en esos momentos requería. Otra ironía de la vida. Otro médico que seguramente con su profesión salvó muchas vidas y recibe como retribución su propia muerte por la insensibilidad de unos directivos que pretendiendo defender la economía –no merecida- de su empresa, cierran sus oídos ante el clamor familiar del médico.

No solo se cortó la energía de manera injusta, sino que se cortó la vida a una persona que gran parte de su existencia la dedicó a salvar la de muchos otros. Las imágenes video-gráficas muestran el clamor de familiares  rogando al operario de la empresa para que no cortaran la luz porque dejarían sin energía el aparato de oxígeno al que estaba conectado el médico. “Es una orden y no hay nada que hacer” fueron respuestas recibidas del operario y su jefe de cuadrilla quien tampoco escuchó el clamor.

Tampoco se escucharon las voces de alertas de vecinos del barrio Carlos Meisel en el sur occidente de Barranquilla para que Electricaribe atendiera el peligro que significaba un poste en pésimo estado y con amenaza inminente de producir una tragedia. Tragedia que se produjo la noche del lunes 31 de agosto. La víctima, una joven de 27 años, Johana Lizbeth Montañez De la Cruz, quien junto a su esposo y una hija menor transitaban por la calle 74C con la carrera 24 cerca de su casa. Un transformador hizo explosión por el mal estado y la guaya que sostiene el poste se reventó cayendo sobre la humanidad de la joven señora quien murió electrocutada de forma inmediata.

¿Quién responde por la muerte del doctor Dau en Santa Marta? ¿Quién responde por la señora Johana Montañez en Barranquilla? Y ¿quién responde por las otras más de cien víctimas electrocutadas por los altísimos voltajes que durante años ha ocasionado la empresa? Familias de todas esas víctimas de Electricaribe que por más de dos décadas han caído por la incompetencia e indolencia de dicha empresa siguen esperando una respuesta que nunca llega.

Estas muertes de las últimas 72 horas, se suman a las de Nohemí Escorcia Charris de 61 años en el 2014 en el barrio El Valle, la de Olga María Torregrosa Ortega en la Ciudadela Metropolitana de Soledad en noviembre del 2017 y la de las menores Jeandry Andrea Rocha y Karina Isabel Miranda González, ambas de 14 años en el barrio Villa Lozano de Soledad.

¿Quién responde por el estado inconsciente en que quedó el niño de 12 años Samir Andrés Sandoval desde julio pasado, víctima también de una guaya energizada que casi termina con su vida? Y ¿quiÉn responde por los invaluables daños de neveras, radios, televisores, licuadoras y demás electrodomésticos por negligencia, irresponsabilidad y pésimo servicio de la empresa Electricaribe?

Y como para enmarcar tanta desfachatez y cinismo, Electricaribe entabla una multitudinaria demanda que por 45 mil millones de pesos supuestamente le debe la administración distrital. Deuda, que según expresan sus representantes, obedece al cúmulo que por largo tiempo dejaron de pagar familias de barrios subnormales del estrato uno y cero en la ciudad.

Cuando se sabe hasta la saciedad que  la empresa no solo ha “prestado un servicio” ineficiente, sino que abusando de su dominio, efectúa constantes racionamientos y efectúa cobros de facturas con valores exageradamente elevadas a los usuarios. Inaudito por demás, que un  Juez de la Republica, con inusitada prontitud, haya aceptado la demanda y ordenado el pago de un servicio no prestado y prestado por raciones.

Increíble que jueces de la Republica en cambio no hayan hecho cumplir los compromisos que por la pésima calidad y daños causados a la Costa Caribe, debió pagar ya la empresa que por largo tiempo ha causado tantos y enormes perjuicios y tragedias. Protestas, marchas ciudadanas, manifestaciones de alcaldes y gobernadores y hasta denuncias de administraciones desde la presidencia de Juan Manuel Santos por los múltiples daños de electrodomésticos, incendios de viviendas y muertes de niños y adultos mayores no han recibido atención tan inmediata como sí la ahora demanda de la empresa española. Como se dice popularmente “Los pájaros tirándoles a las escopetas”.

Hoy deberíamos-como dije al principio- comentar sobre la reapertura del fútbol que apasiona a los colombianos, de la final por la Superliga entre Junior y América en próximas horas, del optimismo de los ciclistas nuestros en competencias europeas, del grato recuerdo del 5-0 sobre Argentina y del excelente momento de los beisbolistas en Grandes Ligas. Sin embargo todo cambia, como nos ha cambiado la vida por la pandemia. Paradójicamente,  en este caso, no tanto por el Covid 19, sino por la “pandemia” de una inoperante empresa como Electricaribe.