El olvido que seremos
Este es el título de la película (realizada por el director español Fernando Trueba) que se basa en el libro homónimo escrito por Héctor Abad Faciolince en el año 2006. La cinta es una adaptación del libro al difícil lenguaje audiovisual.
Fernando Trueba es un reconocido productor, guionista y director español que ha obtenido varios logros europeos con sus filmes, y que consiguió el Premio Óscar a la mejor película de habla no inglesa por su largometraje Belle Époque, en el año 1993.
El olvido que seremos se filmó, principalmente, en locaciones colombianas y tuvo en su elenco una buena cantidad de actores de nuestro país. Pero la actuación estelar estuvo a cargo de Javier Cámara, un reconocido actor español que ha ganado varios Premios Goya por sus interpretaciones.
Javier Cámara hizo un trabajo muy convincente encarnando a Héctor Abad Gómez, protagonista de la novela autobiográfica y epicentro del guion de la película, trabajado por David Trueba (hijo del director) y por Héctor Abad Faciolince.
La historia es una especie de homenaje del hijo a un padre muerto prematuramente a manos de los sicarios. El núcleo del drama es el amor filial entre un niño, un joven y su progenitor en el contexto de una Colombia calcinada por la violencia.
Varias frustraciones personales empujaron al protagonista hacia una situación límite que lo expuso a la muerte: el fallecimiento prematuro de una de sus hijas, la persecución política por sus ideas en la Universidad de Antioquia, y una jubilación inadecuada en el mejor momento de su capacidad intelectual.
Pero es imposible entender su asesinato sin pensar en las condiciones políticas y de violencia de la época. En los años ochenta, se recrudeció la lucha entre las guerrillas y el Estado y empezaron a aparecer grupos paramilitares con el claro propósito de defender los intereses de la mafia del narcotráfico y de los terratenientes.

El secuestro por parte del M-19 de una familiar del clan de los Ochoa entregó el pretexto para empezar una guerra entre la mafia y las guerrillas, la cual, de algún modo, tocaría a todos los líderes de izquierda considerados sospechosos de apoyar a los alzados en armas.
El recrudecimiento del conflicto trajo consigo una cacería de brujas contra los líderes sociales, y el asesinato selectivo y sistemático de muchos de estos. En un ambiente tan riesgoso era muy difícil hacer trabajo y crítica social.
Héctor Abad Gómez fue un crítico consistente de la situación lamentable de los sectores populares, y esto le granjeó muchos enemigos dentro del establecimiento de Medellín. Sus posiciones de avanzada en materia de salud social y en temas candentes de tipo religioso, lo llevaron a ser percibido como un enemigo público por parte de los sectores más conservadores de la sociedad.
El esfuerzo que realizó como defensor de los derechos humanos y sus denuncias precisas contra los aparatos represivos del Estado por la muerte de líderes sociales lo colocaron en el ojo del huracán, y lo volvieron objetivo militar de las fuerzas oscuras que tenían como eje la alianza entre el paramilitarismo naciente y los aparatos armados estatales.
Abad Gómez no fue militante guerrillero y era contrario a la violencia. No militaba en ningún grupo de izquierda, pero sí mostraba simpatía por las ideas liberales y por un humanismo que lo dotó de una profunda sensibilidad social. Estas cualidades lo acercaban a los sectores políticos críticos del establecimiento.
Era muy respetado por la defensa de los derechos humanos y muy reconocido por la labor social en Medellín. Su visibilidad e independencia lo convirtieron en el blanco perfecto para aterrorizar a todos aquellos que se atrevían a criticar o a enfrentar los problemas sociales del país.
En estas circunstancias, dos sicarios en moto lo asesinaron a mansalva, sumiendo en la angustia y el dolor a su familia y amigos. Era un hombre bueno, entregado a la humanidad, que no merecía morir de esa manera.
Este drama familiar y social es el epicentro del libro y es el meollo de la película que ahora trajo al cine Fernando Trueba. En cierto modo, lo que narra este film es el abismo de la violencia que nos azota y que parece no tener final.
Ojalá que rescatar del olvido el recuerdo de Héctor Abad Gómez sea útil para empedrar el camino hacia una paz que se ve muy elusiva, por culpa de los agentes de la guerra, por los enemigos de la convivencia pacífica de todo el espectro político.
Un ser humano espléndido, poseído del amor por los suyos y por la humanidad, cayó en la defensa de sus principios de tolerancia, respeto y democracia en un contexto repleto de odio y crispamiento.
¿Hasta cuándo seguiremos en este infierno provocado por nosotros mismos?