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El miedo a la vacuna

Hay personas que temen a la vacuna contra la covid-19, pero sin llegar hasta las exageraciones de los antivacuna. Estos últimos descartan inmunizarse no solo por desinformación, sino por motivos ideológicos, psicológicos, místicos o de otra índole.

Tenerle miedo a la vacuna por carecer de suficientes datos sobre ella, como les ocurre a muchos, es lo más comprensible del mundo. Pero esa no es la fuente de la actitud de los conspiranoicos antivacuna.

Estos se enfrentan al antídoto por convicción (una convicción apoyada en la ignorancia), completamente poseídos por sus ideas erróneas, entre las cuales se destacan las teorías conspirativas más estrambóticas.

La desconfianza de quien desconoce la información científica acerca de cómo hacen y cómo actúan las vacunas es entendible, aunque sea provocada por las mentiras que esparcen los enemigos de la ciencia en los medios de comunicación y en las redes sociales.

Y es normal porque no resulta de ninguna patología psicológica, sino de la inquietud que brota de enfrentarse a lo desconocido, a algo de lo cual no se sabe si puede enfermar o traer consigo la muerte. Este es el principal motivo del temor razonable de quienes no están alineados en los ejércitos de los conspiranoicos antivacuna.

Verónica Luz Machado Torres, la primera en ser vacunada en el país.

La posición de estos últimos contra el antídoto es consecuencia de sus problemas psicológicos, y de las ideas erróneas que cosechan contra aquel. Ellos propalan teorías conspirativas sin ninguna evidencia, según las cuales se les introducen sustancias dañinas a las vacunas, o chips de control y ese tipo de tonterías, que son creídas por quienes las quieren creer.

Además, ven la vacuna como un instrumento de grandes conspiraciones globales, dirigidas por las élites, los gobiernos, las empresas o las personalidades. Es decir, detrás de cada vacuna, según su visión paranoica, hay siempre alguien conspirando para controlar el mundo.

El temor razonable quizás no se deba a un comportamiento paranoico como el de los antivacuna, pero se emparenta con este en el punto de la desinformación. Cuando uno le pregunta a alguien que teme vacunarse por la razón que alimenta su temor es probable que responda con un “se dicen tantas cosas sobre las vacunas”.

Desde luego que en el surgimiento de ese fenómeno les corresponde una elevada cuota de responsabilidad a los medios de comunicación, a las redes sociales y a radio bemba. Es mucho más fácil esparcir una mentira o un chisme que un argumento serio, pues, por lo general, la noticia escandalosa, pero falsa, es mucho más llamativa, impacta más.

La vacuna contra la covid-19 actúa de la misma manera que otras vacunas en el organismo humano: prepara al sistema inmunológico para enfrentar al virus y destruirlo. Esto es esencial, pues evita el desarrollo de una enfermedad que puede matar a la persona, sobre todo a quien tenga patologías previas y a los de más años.

Es imposible que cualquier vacuna de este tipo le arranque la vida a nadie, ya que su función principal es activar el sistema inmunológico, no más. Ciertos incidentes de tipo alérgico y de otra clase han desabrochado las sospechas, pero no existe un asunto comprobable para asociar la vacuna con efectos mortales, como lo han destacado los equipos científicos de todo el mundo.

Los gobiernos, las instituciones privadas y la Organización Mundial de la Salud están alertas para enfrentar las anomalías que se puedan presentar con una vacuna que ha demostrado muchísima seguridad en todos los países donde se adelanta el proceso de vacunación.

Esa vacuna, realizada con material genético de los virus y por varios países y empresas de todo el planeta, es tan segura que no alcanza el 1% de consecuencias anómalas, es decir, su seguridad es del orden del 99% y más.

De tal manera que el miedo hacia ella carece de fundamento científico. La desconfianza contra el antídoto es más el resultado de la desinformación que de sus probables efectos dañinos. Esa vacuna, en cualquiera de sus versiones (la rusa, la china u otras), es para proteger la vida, no para quitarla.