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El inolvidable Olimpo Cárdenas

Mientras realizaba las labores domésticas en nuestra morada, por allá a mediados de los 70, mi madre Victoria Elena Villarreal, solía escuchar, en casete, en una radiograbadora, las canciones de Olimpo Cárdenas. Era su cantante favorito. Ella decía que la trasladaba a su preadolescencia, en casa de doña María Salomé Herrera, la señora que la crió, en la calle 80 con carrera 49 C, en Ciudad Jardín.

“Las letras no me gustan tanto porque son como de despecho. Lo que me agrada es su manera de cantar y, sobre todo, porque me trae recuerdos”, decía mi madre, quien por fortuna vive aún.

Desde entonces soy seguidor de Olimpo Cárdenas, más por nostalgia que por otra cosa. Y hoy, cuando escucho sus canciones, especialmente ‘Temeridad’, del compositor puertorriqueño Manuel Jiménez Canario, me ubico de inmediato en aquella época en que mi bella madre, de piel canela, lavaba o planchaba o cocinaba para su esposo e hijos.

Olimpo León, como era su nombre de pila, visitó Colombia por primera vez en 1948, como integrante del trío Los Trovadores. Su llegada coincidió con el convulsionado momento histórico del 9 de abril, conocido como ‘El bogotazo’, marcado de violentas protestas, acaecidas tras el asesinato del líder político Jorge Eliécer Gaitán.

Cuatro años más tarde regresó a nuestro país, con renovadas ilusiones, y ya no a Bogotá, sino a Cali.

El inolvidable Olimpo Cárdenas

El portento de su voz y su estilo al cantar, motivaron al empresario Mario Méndez a ofrecerle un jugoso contrato como solista para que grabara en su recién creado sello, Discos Victoria (¡vaya coincidencia con el nombre bautismal de mi amada progenitora!).

A partir de ahí, Colombia estuvo ligada de manera intrínseca a la vida de Olimpo. En Discos Victoria grabó los primeros éxitos de su carrera: ‘Nuestro juramento’, del compositor puertorriqueño Benito de Jesús; ‘Fatalidad’, del peruano Laureado Martínez Smart  y ‘Tu duda y la mía’, del ecuatoriano Julio César Villafuerte.

Precisamente, cuando interpretaba los estribillos iniciales de Tu duda y la mía, vals que lo catapultó al cenit de los más notables intérpretes de América del Sur, Olimpo Cárdenas sufrió un fulminante infarto de miocardio.

Eran pasadas las 6 de la tarde del domingo 28 de julio de 1991.

El célebre cantante ecuatoriano, de blanco hasta los pies vestido, estaba en plena faena, en la tarima del parque infantil Julia Scarpetta, de  la Feria Ganadera de Tuluá (Valle del Cauca), cuando exhaló su último suspiro. Apenas 23 días atrás había festejado su cumpleaños número 68.

Había nacido el 5 de julio de 1923 en Vinces, cantón de la provincia de Los Ríos (Ecuador). Fue el único hijo del hogar conformado por Manuel Cárdenas y Rosario Moreira.

Desde muy tierna edad quedó huérfano. Tenía tres años cuando murió su madre. Dos años más tarde falleció el padre.

Su madrina María Orellana no solo se hizo cargo de su crianza, sino que también lo motivó hacia el arte sonoro.

A los diez años –y residenciado ya en Guayaquil- el pequeño Olimpo tuvo su primer contacto con la música. Respaldado por su madrina empezó a mostrar sus dotes como vocalista, primero en programas infantiles de La Voz del Litoral, y más adelante, como adolescente, en espacios con participación de
aficionados en La Corte Suprema del Arte. Tangos, valses y milongas de Argentina constituían los cantos de su repertorio.

Pero fue en 1946, poco antes de cumplir 23 años, cuando inició su recorrido como cantante profesional, al dejar su primer registro sonoro en compañía del compositor Carlos Rubira Infante, con quien formó un dueto de mucha aceptación en el público. Para la Industria Fonográfica Ecuatoriana S.A. grabó el pasillo ‘En las lejanías’, de autoría de Rubira Infante y Gonzalo Moncayo.

Los restos físicos de Olimpo Cárdenas reposan en el cementerio Central de Bogotá. Pero su voz sigue viva, cantándonos y encantándonos. Imposible olvidarlo cuando su voz está atada a los imperecederos recuerdos de la amada mujer que me llevó en su vientre…