Share:

El inefable ingeniero Rodolfo Hernández

Fue extraordinaria la manera como subió en las encuestas el ingeniero Rodolfo Hernández. En muy corto tiempo pasó de estar bastante atrás a pelear el segundo puesto con Federico Gutiérrez. Y de manera casi incomprensible se coló para luchar en la segunda vuelta con Gustavo Petro. 

Este hecho merece una explicación, pues no es posible entenderlo solo lanzando epítetos, como es la costumbre de algunos actores del espectro político. El ascenso vertiginoso del ingeniero resulta de la confluencia de una serie de variables que parecen contrarias pero que, en su caso, se repotencian y complementan más allá de su voluntad.  

La primera de ellas tiene que ver con un lenguaje llano, directo, dirigido a la gente común, a la que pone los votos mayoritarios. Esa táctica se articula en dos ejes principales: una crítica chillona y vehemente contra la corrupción y un ataque a las maquinarias políticas. 

Esa es la base del imán que maneja para conectar con las personas, a través de medios de comunicación no convencionales que demostraron ser muy efectivos para atraer a los probables votantes. De ese modo le está llegando a todos los estratos, especialmente a los pobres, que se creía eran patrimonio exclusivo de Gustavo Petro. 

Pero ¿cómo se entiende que una medida tan simple empujara hasta la segunda vuelta a Rodolfo Hernández? Desde luego que no es solo esta forma de hacer política, impactando y haciendo reír a los electores, la que hay tener en cuenta para comprender el asunto.  

El discurso del ingeniero se apartó del continuismo y del actual gobierno, lo que equivale a decir que muchas personas lo vieron como un crítico del uribismo y de la corrupción asociada con este. Hernández captó votos de los descontentos con Uribe y los suyos, con las maquinarias, y eso explica, en buena medida, el hecho de que, ante los ojos de ciertos votantes, apareciera como diferente a Federico Gutiérrez, el candidato del gobierno, de los aparatos políticos tradicionales y de Uribe. 

Así mismo, atrajo el voto de participantes que por ninguna razón votarían por Gustavo Petro (por miedo o por odio), mezclando en sus alforjas una variopinta clientela antiuribista, antipetrista y muy crítica de la corrupción y del continuismo expresados en Federico Gutiérrez y en las maquinarias. Aquí está la clave de la sorpresa que representa el inefable Rodolfo Hernández. 

El candidato presidencial Rodolfo Hernández.

Los asesores del ingeniero han sabido presentarlo como un hombre independiente que tomará medidas drásticas para acabar con el despilfarro y con el mal gobierno. Poco importa que esas ideas resulten estrafalarias y que algunas de ellas sean irrealizables. 

En el mejor estilo de la política actual, saturada de fake news y de engaños, el ingeniero Hernández se ha convertido en el fenómeno político del momento, tan extraordinario que ha descuartizado el espectro político, quizás sin pensarlo con mucha atención. 

Ya cercenó una parte del electorado antiuribista, opuesto a las maquinarias, crítico de la corrupción y contrario al continuismo, por lo cual fue catapultado a la segunda vuelta, utilizando mensajes cortos, sencillos y urticantes. De nada sirvieron sus embarradas contra las mujeres, ni tampoco que tenga un caso pendiente por corrupción en la Fiscalía. 

Los electores, cansados de lo mismo, se dejaron seducir por un señor que casi no sabe hablar, que es un cascarrabias incorregible y que tampoco es un santo. Para completar, acaba de adquirir su propio teflón y en el caso suyo, como en el de Trump o Bolsonaro, cuanto más lo ataquen más lo repotencian y visibilizan. 

Debido a la táctica antigobiernista, y por ser una alternativa viable frente a Petro, el ingeniero recogerá una porción del centro político sin conceder nada a cambio. Y ahora, muy bien asesorado, evitará una confrontación pública con el candidato del Pacto Histórico, la cual podría desenmascarar aún más sus limitaciones.  

Ya expresó que lo estaban amenazando de muerte (lo que no es extraño en un país como el nuestro), que se recluirá en un batallón militar y que no asistirá a ningún debate. Esta es la solución perfecta para ganar la presidencia sin cometer más errores ni decir más barrabasadas. 

Porque el inefable ingeniero Rodolfo Hernández podría ganar la presidencia si continúa en lo suyo: trabajando con efectividad lo mediático y escondiéndosele a Petro. Es muy probable que no hará más nada, influido por los asesores, y que su teflón no será roto por los feroces ataques de las bodegas petristas, lo más violento que ha producido la política colombiana actual, junto a las casi extintas bodegas uribistas. 

El ingeniero puede ganar la Casa de Nariño porque, impulsado por otra fuerza variopinta que no controla, podría superar al aspirante de la Colombia Humana. Ese nuevo poder político es el antipetrismo, compuesto de una mezcla de odios y miedos contra Petro y contra los individuos y grupos que le acompañan. 

El antipetrismo es más potente que el agonizante uribismo, como quedó demostrado en la primera vuelta presidencial. Y ese poder de masas no le pide mucho al ingeniero, solo que se deje transportar, sin debates o más errores, para ganarle a Petro. A la final, todas las maquinarias, los individuos y partidos contrarios al petrismo estarán con Rodolfo Hernández, sin pararle muchas bolas a a las diatribas de este contra ellos. 

Pues el sentimiento de que Petro no convierta a Colombia en otra Venezuela es muchísimo más fuerte que las falencias y actos indebidos visibles del ingeniero. Es tan sólida esa emoción que tiene la capacidad de unir a todos los adversarios del Pacto Histórico y de hacer indestructible el teflón del inefable ingeniero Rodolfo Hernández.  

¿Podrá Gustavo Petro derrotar al antipetrismo? Amanecerá y veremos.