El gran damnificado será el uribismo
El uribismo fue una influencia perversa en las instituciones y en la sociedad colombiana. Encarnó una punta de lanza en la lucha contra la guerrilla y contra todo lo que oliera a izquierda. Y utilizó todas las formas de lucha para enfrentar a sus enemigos, articulando el famoso todo vale.
Uribe y los suyos cometieron todo tipo de irregularidades contra el orden legal, persiguieron a jueces y a periodistas y justificaron siempre el irrespeto a la constitución por la necesidad de la lucha contra sus enemigos. El asesinato de inocentes para incrementar las cifras de los caídos en combate (los falsos positivos) representa la cumbre de su influencia negativa, un delito de lesa humanidad.
Por el miedo a la JEP, el uribismo saboteó el proceso de paz y los acuerdos de La Habana, ayudando a mantener el estado de crispación, de polarización en que se debate el país desde hace décadas. Si no hubiese sido por el sabotaje de los uribistas y sus aliados quizás hoy la nación no estaría en la coyuntura tan difícil en que se encuentra.
El proceso electoral del cual saldrá el nuevo presidente de la república también marca el comienzo de la crisis final del uribismo. El sector que lidera el expresidente Uribe ni siquiera pudo sostener a su propio candidato, cuyo desprestigio y falta de arraigo electoral lo llevó al abandono de la contienda.
Esto es muy sintomático pues antes “el que diga Uribe” tenía la elección prácticamente ganada, debido a la división en dos del electorado: quienes seguían y quienes detestaban a Uribe. Ya esa realidad política se desvaneció en el aire, igual que el teflón del exmandatario.
Ese teflón, impulsado por la derechización del país y por el miedo a la guerrilla y a la izquierda, ha desaparecido, en parte por el desgaste de Uribe y por los actos de corrupción contra la justicia, debido a la toma de la Fiscalía y de la Procuraduría por sus alfiles o los de los aliados.
El pusilánime gobierno de Duque, que siempre se plegó a los deseos del jefe, contribuyó con una alta cuota al desprestigio del caudillo de la ultraderecha. Los escándalos por corrupción deslegitimaron a Duque y ayudaron a raspar el poco teflón que aún le quedaba a la cubierta aparente de Uribe.
Podría asegurarse que el mejor momento del uribismo como fuerza electoral ha pasado a la historia. Queda por ver qué movimientos desesperados harán Uribe y los suyos ante una eventual victoria en las elecciones presidenciales de los adversarios políticos.
Él y sus acólitos no han respetado la institucionalidad democrática tratando de imponer sus intereses. Todos ellos han cometido muchas ilegalidades para evitar las sanciones de los jueces y han llenado al país de mentiras y desinformación. El todo vale estaba desarmando al país y fue, así mismo, un gran alimento de la polarización.
El comportamiento delincuencial e irrespetuoso de Álvaro Uribe no le ha servido de nada (y quizás nunca le sirva) para zafarse de la acción de la justicia ordinaria ni tampoco, tal vez, de la JEP. La situación desesperada en que se encuentra, al final de su régimen destructivo, ¿lo llevará a propiciar un posible golpe de Estado?
