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El especulador de las redes sociales

Las redes sociales son un mundo especial en el que se expresa la gente casi sin ataduras. Representan un ámbito público y facilitan la interacción entre personas de todos los continentes. Desde el punto de vista de la participación podría decirse que no hay espacio más participativo o democrático que las redes sociales.

Allí cohabitan diversas personas y modos de pensar, con sus creencias, ideologías o posición política. Hay de todo y para los gustos de cualquier índole. Gente prudente y sabia. Personas conocedoras o ignorantes. Individuos irrespetuosos y sin escrúpulos para agredir a su contradictor. Hay de todo, como si fuera una miscelánea bien surtida.

El especulador es uno de los prototipos dominantes en las redes sociales. Resulta muy fácil reconocer a este personaje que abunda en el mundo virtual. El mejor método para saber quién es consiste en resaltar lo que no tiene, sus precariedades.

Un especulador se caracteriza porque carece de prudencia. Opina sobre asuntos que no conoce a fondo, o que aprendió de oídas. Posa de sabio sin darse cuenta que hace el oso, pues cada vez que se expresa demuestra su gran ignorancia. Desde luego, no se cree ignorante, sino inteligente y este es el principal motor de su imprudencia.

La escasez de conocimientos profundos lo empuja a considerar sus ideas como dogmas definitivos. El especulador suele ser dogmático porque nunca relativiza los conceptos que maneja y tampoco le entusiasman los nuevos aprendizajes, por lo cual se muere tercamente con lo que aprendió hace rato.

Esa terquedad motivada por la ignorancia es el fundamento y el combustible de su estilo agresivo. El especulador no respeta a nada ni a nadie pues, apoyado en la carencia de saberes profundos, se concibe a sí mismo como poseedor de una verdad revelada que solo existe en su mente, y capta a los demás como seres inferiores.

Redes sociales

La falta de profundidad conceptual no le permite comprender la hondura de los demás, colocándose en una posición inferior de entendimiento, aunque él piensa lo contrario. No posee el nivel para comprender al otro, pero la escasez de saberes, su gran ignorancia, lo induce a pensar que está por encima de todos.

En las redes sociales, como escenario ultra democrático y descontrolado, hay de todo: vulgares, exhibicionistas, gente decente, personas cultas, individuos respetuosos y especuladores. Estos últimos integran uno de los sectores más numerosos de la virtualidad.

La condición de especulador trasciende las ideologías, la posición política o el estrato social, porque la ignorancia que alimenta su imprudencia es la más democrática y extendida de las condiciones humanas. La imprudencia del especulador a menudo se convierte en charlatanería.

La charlatanería hace su nido en gran parte del espectro político. O sea, todas las expresiones ideológicas o políticas tienen su cuota de especuladores. Esto suele ser así porque el firmamento de las redes sociales es la expresión diáfana de la visión interior de todos los individuos que participan en ellas.

Los seres que se creen hombres nuevos, que desean cambiar el mundo con fórmulas fracasadas, sean de derecha o de izquierda, caen en la categoría de especuladores, aunque ellos no se conciban así o no sepan que lo son. Este especulador es poco práctico y negligente, nunca aprende de la historia y vive soñando con utopías irrealizables que representan un retroceso histórico.

Las redes sociales están sacando a la luz lo más oculto de la cultura simbólica, las ideas profundas, las pasiones y las actitudes de cada quien. Por lo tanto, se han convertido en un objeto de estudio singular para conocer el trasfondo de la mentalidad de los individuos y de los grupos.

No solo han sido útiles para democratizar la información y para facilitar las denuncias contra los regímenes indeseables, sino para revelar lo peor, la agresividad y la ignorancia de una parte muy notable de la humanidad. El especulador es un claro ejemplo de esa porción turbia que rebaja el nivel de las redes sociales.

Este es un síntoma de la cultura simbólica. Un mal síntoma, por cierto. Una dolencia que está en la sociedad, en todos los países, y que ahora se expone en público a través de la web. El especulador es un fenómeno indeseable que es necesario superar, si la idea es sacar a las redes sociales de la degradación en que se hunden ahora. 

¿Será posible acercarse algún día a esta utopía casi irrealizable? Esa es la meta, o esa debería ser la meta, un propósito que no les compete solo a los gobiernos, a la estructura educativa o a las propias redes sociales, sino a cada quien. ¿Aprenderá a darse cuenta el especulador que es un especulador?