El editorial de The Washington Post que resultó falso
El famoso editorial parece que llegó primero al periódico La Libertad, de Barranquilla, que lo publicó como si fuera auténtico. De aquí lo tomó la gente de Caracol, que también pensó que era original. Incluso, en este medio, pusieron a Mauricio Gómez a hacer un video resaltando la crítica que el Post le hacía al capitalismo salvaje.
Quien hizo el editorial lo envió por las redes sociales, y aquellos que odian al capitalismo y a la desigualdad lo consideraron verídico. Es de notar que a esas personas les importaba muy poco que ese material fuera una fake news, pues expresaba ideas que ellos compartían. Cuando se les dijo que este era una fake news, se molestaron mucho y algunos pidieron pruebas, como es lo normal en estos casos.
Aquí están las pruebas. El llamativo título del documento fue “O muere el capitalismo salvaje, o muere la civilización humana”. Buen título y, sobre todo, muy expresivo para quienes enfrentan al capitalismo salvaje, entre los cuales me incluyo. Por eso la fake news caló tanto, más que nada entre quienes simpatizan con la ideología de izquierda.
El supuesto traductor del texto (originalmente en inglés) fue Desmond Brown. La fake news apareció en The Washington Post el 25 de marzo de 2020, y dio la impresión de haber sido una traducción exclusiva, desprendida del resto del diario, y escrita en primera persona.
Lo primero que cabe aclarar es que, en el periodismo moderno, el editorial de un periódico refleja la opinión de los dueños o de quienes manejan el medio. Normalmente sirve para fijar la posición oficial sobre cualquier tema. El editorial no es una columna de ningún periodista, donde se concede libertad para opinar a quien la escribe, así sea en contravía del parecer de los editores o directores.
Si ustedes revisan algunos periódicos internacionales (El País, The New York Times) o nacionales (El Tiempo, El Espectador, etcétera) notarán que los columnistas opinan muy libremente, pero la línea oficial del medio se fija en el editorial. Esta es una regla del periodismo actual, fijada desde hace mucho tiempo.
La primera falla de quien elaboró la fake news reside aquí: quizás por ignorancia, esparció la idea de que su texto era un editorial de The Washington Post, con el propósito de hacer que la gente creyera más su mentira. Es imposible que un texto como este haya sido un editorial del periódico mencionado, y menos escrito en primera persona.
La fecha en que apareció el editorial, según el creador de la fake news, fue el 25 de marzo de 2020. Si ustedes revisan con calma el periódico de ese día, NO ENCONTRARÁN NINGÚN EDITORIAL CON ESE TÍTULO, NI NINGÚN ARTÍCULO O COLUMNA DE OPINIÓN TITULADO ASÍ. Esta es una prueba contundente de que ese "editorial" es completamente falso.
The Washington Post fue un periódico que adquirió prestigió porque allí trabajaron los periodistas que ayudaron a sacar del poder al corrupto Richard Nixon (los señores Bob Woodward y Carl Bernstein). Quizás por ese hecho, el creador de la falsedad que se analiza utilizó tal medio como gancho para pescar lectores incautos.
El Post ha atravesado por muchos problemas económicos. En 2013 fue comprado por Jeff Bezos, el dueño de Amazon. No se conoce que tenga edición en español (como The New York Times o BBC Mundo), aunque algunos portales en castellano utilizan su material (CNN, EL Tiempo, Semana, por ejemplo).
Y si tuviera edición en español, ¿un periódico de tanto prestigio hubiese permitido que circulara un texto suyo con tantos errores de redacción y hasta de concepción? Desde otro ángulo, un tipo como Bezos ¿no se escandalizaría con un editorial de ese tipo, que es casi un manifiesto (mal escrito) de cualquier partido de la izquierda radical?
El supuesto traductor de la fake news se llama Desmond Brown. Es de suponer que una persona que hace la traducción de un editorial de The Washington Post debe estar en la nómina, o ser muy cercano a los directores. No aparece ningún periodista con ese nombre en la plantilla del diario, ni en el personal de apoyo del mismo.
Y como es alguien que tradujo un editorial al español de un periódico con tanto prestigio, quizás tenga cierto reconocimiento. Si ustedes introducen el nombre del supuesto traductor en la web, les salen deportistas, abogados, artistas, pero nadie cercano al Post.
El único periodista con ese nombre y algún reconocimiento trabaja para la CBC News de Canadá (un sistema de comunicación creado en ese país siguiendo el modelo de la BBC), pero no escribe en español, y tampoco existen noticias de que sea marxista.
¿Qué conclusión general podemos extraer de lo que llevamos visto? La siguiente: el editorial es falso porque no apareció en el Post en la fecha indicada; es falso porque el traductor es falso; es una fake news mal construida, por alguien irrespetuoso que odia al capitalismo, pero que no tiene ética ni ninguna consideración por las personas que piensan como él, que fueron las engañadas en masa, aparte de algunos medios que no hicieron buena verificación de fuentes.
¿Qué es lo que está en juego aquí? Obviamente, la verdad. En este caso, poco interesa que la fake news exprese críticas correctas, en el sentido político y económico. Esto fue lo que más agradó a las personas que detestan el capitalismo, pero ese no es el problema cuestionado ahora.
Aquí se discute lo siguiente: a) ¿el editorial es auténtico?; b) ¿el traductor es auténtico? c) ¿es cierto que apareció en The Washington Post en la fecha indicada? Si la respuesta a estas preguntas es negativa, el documento analizado es falso, más allá de la simpatía que despertó.
Yo no puedo dejar de actuar y pensar como historiador, porque soy historiador y defiendo siempre mi importante profesión. En el oficio de uno, es obligatorio hacer la crítica externa e interna de las fuentes. Una fuente o noticia falsa es un problema tremendo, pues lleva a errores garrafales (como los que cometió Mauricio Gómez), y pone en entredicho la seriedad y el rigor de quienes la publican.
Esta noticia, este editorial, esta fake news con la cual engañaron a La Libertad, a Caracol y a otros medios y personas en todo el país, es una noticia falsa, y mi obligación como intelectual e historiador era escribir lo que publico ahora.
Y agrego esto: me parece una tontería de su autor haber hecho lo que hizo, porque su contenido caló muy bien en la gente, sobre todo en las personas de izquierda, y no había necesidad de que mintiera para engañar y hacerse, quizás, más creíble. Con su falsificación tonta, echó su nota al basurero de las fake news.