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El costo del fracasado proceso de paz en Colombia

La explosión social que sacude actualmente al país está conectada a los problemas de desigualdad, iniquidad, falta de oportunidades para los estratos bajos de la población y para los jóvenes, a los efectos devastadores de la pandemia, pero también al fracaso del proceso de paz.

A simple vista no parece que las falencias en la implementación de los acuerdos de La Habana tuvieran algo que ver con la profunda crisis que ahora azota a la nación. Pero sí existe esa conexión entre el fallido proceso de paz y las protestas que sacuden a Colombia.

De hecho, el que las Farc y el gobierno se sentaran a intercambiar ideas significó el triunfo del diálogo por encima de las balas. Y los acuerdos firmados abrieron el camino de la resolución de graves problemas por la ruta de la reforma y la concertación.

Un proceso que pintaba bien y que alimentó la esperanza de mucha gente fue, desafortunadamente, saboteado por la ultraderecha encabezada por Uribe. La mentira y la manipulación sirvieron para radicalizar una parte de la población que no compartía ni los diálogos de paz ni los acuerdos.

El ascenso al poder del uribismo relanzó la estrategia del sabotaje de los acuerdos, mediante el truco de lentificar o aplazar algunas medidas, o de negar, en la práctica, la implementación de otras, las más importantes, como la reforma agraria. Todo lo decisivo que surgió de los diálogos de paz ha sido sistemáticamente dañado por la ultraderecha.

Pero el perjuicio más decisivo consistió en afectar, de manera grave, la convivencia nacional, al negarse a seguir la vía de la reforma y la concertación para enfrentar los problemas nacionales, y al continuar alimentado la vía del odio y de la confrontación contra los opositores.

Esa política de saboteo y provocación del uribismo está en la base de la polarización, y no haber contribuido a resolver los conflictos mediante la reforma les ha echado gasolina a las dificultades, en vez de solucionarlas. Ese sector político prefirió la ruta del odio y del engaño y, debido a eso, optó por hacerle conejo a la paz, acelerando la indignación.

Esta es otra variable a tener en cuenta para explicar la actual coyuntura de protestas. Aquí cabe una pregunta contrafactual: ¿qué efectos habrían ocurrido si el actual gobierno hubiese respetado la implementación de los acuerdos, y todo transcurriera por la vía de las reformas concertadas en los pactos de La Habana?

De seguir la ruta de las reformas y de la concertación sincera quizás no existirían los enredos que hoy existen, y tal vez tampoco se habrían incrementado la polarización, el odio y la lucha a muerte entre los polos irreconciliables.

Uribe y los suyos descartaron la vía pacífica para avanzar en la solución de los problemas, y le apostaron al irrespeto de los acuerdos, a hacerle conejo a la paz, y a seguir azuzando a la gente, de modo parecido a como lo han hecho otros líderes y partidos a lo largo de la historia nacional.

Ahora ese grupo y el gobierno Duque recogen lo que sembraron. Si siembras irrespeto, confusión, mentiras, engaño y odio, no puedes recoger legitimidad y acatamiento. Los uribistas y la pandemia, junto a los problemas sociales, son los principales causantes de la crisis social que hiere al país en todos sus estratos. De eso no cabe ninguna duda.    

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