El acta de “independencia” del 20 de julio de 1810
El acta de la Junta de Gobierno elaborada en Santa Fe de Bogotá el 20 de julio de 1810 es asumida por muchos como una declaratoria de independencia de la Nueva Granada con respecto a España. De hecho, ese 20 de julio se considera la principal efeméride para celebrar la independencia del país con respecto a la Corona española.
En este artículo pretendo esclarecer que tal acta no representó ningún grito de independencia y que la Junta de Gobierno que salió del Cabildo Extraordinario de ese día no tuvo un carácter independentista, sino autonomista.
Para aclarar estos dos aspectos me apoyaré en el acta del 20 de julio de 1810 que aparece publicada en la página de internet de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, a la que se puede acceder fácilmente, cuyo título es Acta de Independencia (Acta del Cabildo Extraordinario de Santa Fe) 20 de julio de 1810.
Lo primero que es pertinente tener en cuenta es el contexto histórico en el cual sucede el evento de la Junta de Gobierno de aquel 20 de julio. El punto de partida es la terrible situación política que atraviesa España, invadida por Napoleón Bonaparte desde 1808.
España quedó en medio de la guerra librada por Francia e Inglaterra. La invasión francesa a territorio español en 1808 fue un efecto del deseo de Napoleón de bloquear a los ingleses, cerrándoles un acceso fundamental a Europa. Este movimiento militar le hizo mucho daño a la Corona española.
La invasión provocó el encarcelamiento del monarca español, la pérdida de la soberanía de su país y un terrible vacío de poder tanto en la península como en América. En la práctica, se derrumbó el poder monárquico de España en territorio europeo y en las colonias americanas.
El vacío de poder, debido a la caída del monarca, empezó a llenarse con Juntas de Gobierno en las provincias españolas y con el montaje de un Consejo de Regencia que reemplazaría a la Junta Central Suprema Gubernativa del Reino a partir de 1810 en representación del rey, Consejo que actúo en la clandestinidad para dirigir una “guerra de liberación nacional” contra los franceses.
Esta es la confusa situación política y militar que atraviesan las colonias americanas, en la cual los criollos y los funcionarios reales no sabían, con certeza, hacia dónde tomar. En ese contexto, y copiando lo que ocurría en España, empezaron a crearse en América Juntas de Gobierno que reflejaron, en un comienzo, la confusión más tremenda por el hecho de la invasión.
En ciertas zonas y al pasar el tiempo, algunas de esas juntas declararon la independencia absoluta con respecto a la monarquía y a España (como ocurrió en Quito, Mompox y Cartagena más temprano que en otros lugares), pero, tal vez la mayoría, siguió un camino “autonomista”, es decir, no rompieron el nexo con el rey, no declararon la independencia absoluta, sino que reclamaron mejoras y reformas, preservando la unidad con el poder imperial.
Por esta razón política de fondo, las actas de las juntas autonomistas no expresaron, en un principio, la independencia total con relación a España, sino que se mantuvieron bajo la égida del rey y del Consejo de Regencia que le representaba. Este es el caso de la Junta de Gobierno de Santa Fe de Bogotá del 20 de julio de 1810.
Cuando se estudia con atención el acta de esa junta uno llega a concluir que la decisión de la mayoría de los participantes en el Cabildo Extraordinario no es separarse definitivamente del control del monarca sino mantener sus derechos. Por este motivo no es correcto sostener que aquí se da el primer grito de independencia del país, pues allí no hubo ningún grito de esa clase, por lo menos en el acta.
Uno de los participantes en el Cabildo, definido por la historiografía oficial como el “tribuno del pueblo”, el señor José Acevedo y Gómez, propuso, siguiendo la línea no independentista, “que era necesario contar con la autoridad del actual Jefe, el Excelentísimo señor don Antonio Amar” (Antonio Amar y Borbón era el virrey vigente en ese momento en la Nueva Granada).
El acta de la Junta de Gobierno contó con la firma del virrey, como su presidente, y con la de otros funcionarios de la Corona, los cuales, por razones obvias, no estaban interesados en ninguna declaratoria de independencia absoluta. Esta es la circunstancia principal por la que el 20 de julio no representa ningún tipo de independencia de la nación o de la zona de la capital del reino.
La continuidad del lazo con la monarquía se expresó en el acta del siguiente modo: “(…) que protesta no abdicar los derechos imprescindibles de la soberanía del pueblo a otra persona que a la de su augusto y desgraciado Monarca don Fernando VII, siempre que venga a reinar entre nosotros, quedando por ahora sujeto este Gobierno a la Superior Junta de Regencia (…).”

Es decir, no hubo aquel 20 de julio ninguna ruptura con el rey ni con el Consejo de Regencia, sino todo lo contrario. Aquí no se dio, como lo ha sostenido la historiografía tradicional, un grito de independencia que sirva de fundamento para elaborar una efeméride de celebración de la independencia nacional.
Observen el tono del juramento sobre la Biblia de los miembros de la Junta de Gobierno de Santa Fe de Bogotá: “Juramos por el Dios que existe en el Cielo, cuya imagen está presente y cuyas sagradas y adorables máximas contiene este libro, cumplir religiosamente la Constitución y la voluntad del pueblo expresada en esta acta, acerca de la forma del Gobierno provisional que ha instalado, derramar hasta la última gota de nuestra sangre por defender nuestra sagrada religión C.A.R., nuestro amado Monarca Don Fernando VII y la libertad de la Patria.”
La “libertad de la Patria”, en este contexto, no es la libertad de Colombia (que aún no existía), sino la libertad de España, tomada por los franceses. Con lo extraído del acta de Santa Fe del 20 de julio de 1810 queda establecido que esta no fue un acta de independencia, y que tampoco se lanzó allí el primer grito de independencia, como lo han sostenido la historiografía oficial y las élites interioranas.
Por estos hallazgos historiográficos se puede sostener que la fecha del 20 de julio de 1810 como el día de la independencia del país está mal elaborada. Esto no se plantea con el propósito de cambiar la efeméride que se organizó desde principios del siglo XX, lo cual es muy difícil por estar ya sembrada en los imaginarios colectivos y en la tradición de los festejos republicanos.
El único móvil de este artículo consistió en demostrar la falta de rigor histórico de las personas que montaron la efeméride del 20 de julio de 1810 como el día en que se proclamó la independencia con respecto a España, las cuales quizás estaban más influidas por los intereses del centralismo político que de la historia científica.
Uno como historiador se pregunta por qué no tomaron como punto de referencia otras actas donde sí hubo declaratoria de independencia absoluta con respecto a España en la denominada primera república, como ocurrió con la de Mompox el 6 de agosto de 1810.
Las únicas respuestas posibles para explicar el error de la fecha de la supuesta independencia del país son la necesidad de instituir a Bogotá como símbolo de la república, creando una efeméride con un acta sin contenido independentista, y el hacer prevalecer las razones centralistas muy por encima de las conclusiones históricas provenientes del análisis riguroso.
Se entiende la dificultad de encapsular en un solo día un proceso complejo, como la independencia, que abarcó varios años y diversas etapas, entre batallas, avances y retrocesos. Pero es muy difícil de comprender por qué asumieron una fecha y un acta tan inadecuadas para estructurar la efeméride.
Si no se hizo por el impacto del centralismo y de la falta de rigor histórico, entonces, ¿por qué establecieron esa fecha falsa para celebrar la independencia de Colombia?
