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Economía de mercado y capitalismo industrial

El concepto economía de mercado tiene una larga historia, la cual está mucho más allá de sus definiciones contemporáneas. De igual modo, el capitalismo industrial no es solo del presente, sino que hunde sus raíces en los siglos anteriores.

La historia del mercado es mucho más larga que la historia del capitalismo industrial. De hecho, la actividad mercantil a gran escala se desarrolló desde los tiempos de la antigüedad clásica en occidente, y mucho antes en otros lugares.

Una economía con un mercado operante se organizó en las ciudades y facilitó la organización de instituciones, de rutas y medios de transporte. El comercio a larga distancia ayudó a estructurar empresas, negociantes y condiciones para la acumulación de capitales.

Ese desarrollo que articula grandes riquezas, sistemas de transporte y vías de comunicación a escala transoceánica es lo que Fernad Braudel denomina capitalismo (Fernand Braudel, Civilización material y capitalismo). Un capitalismo operando dentro y alrededor de los mercados.

La dinámica de ese capitalismo permitió el desarrollo de los centros urbanos y de todo un entramado económico y de poder que Immanuel Wallerstein llamó sistema-mundo (Immanuel Wallerstein, El moderno sistema mundial).

Ese proceso ayudó a interconectar diversos territorios, bajo la dirección de los grandes capitalistas comerciales y de los Estados. Las monarquías europeas mantuvieron una estrecha relación, de conveniencia mutua, con las grandes empresas económicas y con los capitalistas que dominaban el comercio, en un período definido en la historia de occidente como mercantilismo.

Ese control de la economía y de la política por el aparato estatal monárquico y por las grandes empresas capitalistas fue lo que pusieron en duda los fisiócratas franceses y los clásicos liberales ingleses.

El surgimiento de la crítica al mercantilismo como sistema político y socioeconómico cerrado coincidió con el desarrollo del capitalismo industrial. Este emergió a gran escala a finales del siglo XVIII, creando una gran ruptura con la revolución industrial inglesa.

En el lenguaje de Adam Smith, David Ricardo y Karl Marx, ese capitalismo fue diferente al capitalismo comercial teorizado por Braudel y Wallerstein. La economía capitalista productiva se articulaba al mercado, pero era un proceso distinto a lo conocido en el marco del capitalismo mercantil.

Immanuel Wallerstein

La posesión de capitales monetarios para invertir y el impulso a la producción industrial de bienes de consumo y de medios de producción condicionó el surgimiento de unidades de producción llamadas fábricas capitalistas.

Las industrias o fábricas capitalistas se caracterizaron porque fueron manejadas por los capitalistas industriales (o por sociedades de accionistas o burocracias industriales más adelante, ya en el siglo XX) y por poseer unas relaciones de producción entre los trabajadores asalariados sin propiedad y los propietarios de los medios de producción llamados, a partir de Marx, capitalistas industriales o burgueses.

Así como el surgimiento y desarrollo relativamente espontáneo del comercio a gran escala permitió una gran transformación social, la aparición y consolidación de la industria capitalista trajo consigo otra gran transformación de las fuerzas productivas, que integró de modo más sistemático los descubrimientos e inventos, la ciencia y la tecnología a los procesos productivos.

La economía industrial se convierte en el eje del desarrollo socioeconómico en los siglos XIX y XX, con la aparición de las sociedades industriales y de la industrialización. La industrialización capitalista dejó de ser algo exótico para los países de industrialización tardía y se convierte en un objetivo nacional, como ocurrió en Latinoamérica en el siglo XX.

A todas estas, las nuevas condiciones del capitalismo en la esfera industrial y comercial aceleró la discusión entre los teóricos acerca del papel del Estado y del mercado en el desenvolvimiento económico. 

Aquellos que se alinearon a favor de la libertad del mercado, de la ley de la oferta y la demanda, de la competencia y de la reducción de la influencia del Estado en el contexto de la economía pasaron a llamarse liberales económicos. Las raíces de ese liberalismo económico están en los fisiócratas y en los clásicos ingleses.

Por el contrario, quienes eran partidarios de una economía más controlada, utilizando el poder estatal, recibieron el calificativo, ya en el siglo XIX, de intervencionistas o proteccionistas económicos. Este ha sido el fundamento del gran debate entre el papel del Estado y del mercado en el devenir económico del capitalismo en los últimos tres siglos.

Ya en el siglo XX el concepto economía de mercado empezó a asumirse como sinónimo de capitalismo, pero con los matices propios de las circunstancias arrojadas a la historia por este siglo. 

Capitalismo era ya un sistema que involucraba aspectos productivos, pero también actividades relacionadas con el sector de los servicios, es decir, con el conjunto de empresas e instituciones que se complementaban con la producción en sus diversas expresiones, pero que no implicaban procesos de producción en sentido tradicional. 

Economía de mercado como sinónimo de capitalismo podía pensarse como libertad completa para comprar y vender, para competir, tener propiedad o riqueza, o sea, lo que los liberales económicos definen como libertad económica.

La cumbre de esta visión es lo que hoy llamamos neoliberalismo o capitalismo salvaje, un enfoque ultraliberal defendido por la escuela austriaca de economía y por otros autores, que reduce el papel del Estado en la economía a su mínima expresión.

La experiencia de los países del norte de Europa permitió el surgimiento y desarrollo de otro tipo de economía de mercado, con un papel más activo del Estado, básicamente en cuanto a una mejor redistribución de la riqueza y a la construcción de un Estado de Bienestar, la llamada economía social de mercado. 

La crisis del socialismo real en la Unión Soviética y otros países originó una transición del socialismo al capitalismo que retomó los fundamentos del capitalismo o de la economía de mercado para enfrentar la debacle de los modelos planteados por Marx. 

Grave fue la experiencia de Rusia la cual, después del derrumbe del sistema socialista, entró en una etapa de capitalismo salvaje que golpeó muy fuertemente a los sectores populares. Casi todo el conjunto de beneficios sociales creados durante la revolución se vino al suelo devorado por los apetitos de los nuevos capitalistas.

Distinto ha sido el proceso en China, la cual reintrodujo la economía de mercado (o el capitalismo) sin abandonar una activa acción estatal. El manejo de la economía por parte de un gobierno autoritario de perfil modernizante ha permitido la construcción de un amplio y sólido Estado de Bienestar que sacó de la miseria y la pobreza a más de seiscientos millones de personas y convirtió a su país en la segunda potencia económica del planeta. Los chinos le llaman a su modelo economía socialista de mercado.

En fin, el concepto economía de mercado no es sinónimo del concepto capitalismo industrial, pero sí puede asimilarse a la idea de sistema capitalista o a la coexistencia de matices que dan lugar a realidades como la de la economía social de mercado, para el caso de algunos Estados de Bienestar, o de economías de mercado en transición, para aludir a los países que abandonaron el estatismo marxista.

La historia de este nuevo concepto enseña que las realidades históricas son cambiantes y que, por lo tanto, el aparato analítico de los estudiosos debe mutar para adaptarse a esas condiciones diferentes. Si no se procede de este modo será muy difícil captar, en toda su complejidad, las señales del mundo contemporáneo.