Echaron a Donald Trump de la Casa Blanca
Como es lo normal en un sistema democrático, el presidente Donald Trump fue derrotado en las elecciones y deberá dejar la Casa Blanca el próximo 20 de enero del 2021. Ese proceso electoral atípico, por las condiciones que impuso la pandemia, fue, en gran medida, una especie de plebiscito contra Trump.
La mayoría de los norteamericanos estaban desesperados y hastiados de un presidente que irrespetó la primera magistratura, al convertirla en un nicho de fake news, de simulaciones y truculencias, como nunca se había visto en la Casa Blanca. Ningún gobernante anterior alcanzó un desmadre tan absoluto como el ocurrido bajo el imperio caótico de este presidente.
Trump avivó el racismo, sin escrúpulos; polarizó a la población, y desestabilizó a toda la sociedad. Puso en tela de juicio a las instituciones, desprestigiando a los funcionarios y mintiendo descaradamente, a través de las redes sociales y de los demás medios de comunicación.
Sus teorías conspirativas, y los globos mediáticos que a menudo lanzaba, desacreditaron el ejercicio del poder, sembrando en la población un estilo demagógico irresponsable e irrespetuoso, sin límites para ofender y engañar. Ese modo de influir, a través de las redes sociales, significó un desprestigio para él y para la primera magistratura, a pesar de los aplausos recibidos de quienes le apoyaban.
El caos, la inseguridad y la zozobra que inyectó hacia adentro se ampliaron después a todo el planeta. Trump ya no era solo una piedra en el zapato para sus connacionales, sino que se convirtió en un gran peligro para el mundo, y en el hazmerreír por excelencia.
Alimentó camorras innecesarias con sus antiguos aliados, y cazó guerras comerciales que anarquizaron aún más la economía global. Se opuso a los acuerdos planetarios para enfrentar el cambio climático y aisló al país, destrozando cercanías y convenios, dentro y fuera de los organismos multilaterales.
Donald Trump parecía empeñado en acabar con los Estados Unidos, contradiciendo un lema de su campaña que sostenía lo contrario. Representó, más allá de sus palabras, un gran riesgo para su nación y para el planeta, debido a su comportamiento errático, incoherente e irresponsable.
Un ejemplo notable de su “estilo de gobierno” estuvo en el manejo inadecuado que le dio a la pandemia, ridiculizando a los funcionarios gubernamentales y a los científicos, y exhibiéndose como un modelo contrario acerca de cómo había que comportarse para frenar el contagio.
Las mentiras que propaló sobre el virus y la enfermedad ya hacen parte de los récords mundiales de noticias falsas, puestas en boga por un gobernante que irrespetó a su pueblo y al mundo en esa materia tan delicada.
Como partidario del capitalismo salvaje, atacó los programas sociales que favorecen al pueblo, e hizo aprobar disposiciones desigualitarias para reducir el monto de los impuestos a los más ricos. Así mismo, convirtió en su enemigo el plan de salud de cobertura universal que implantó el gobierno anterior, con toda clase de triquiñuelas y desinformación malsana.
Para quienes conocen la historia de los Estados Unidos es claro que el peor presidente que pasó por la Casa Blanca fue este individuo racista y xenófobo, que atacó sin piedad a las minorías, y puso la primera magistratura al servicio de su desorden y de sus apetitos. No supo administrar, pues lo dominó la arrogancia, la estupidez y su propia ignorancia.
Richard Nixon salió del gobierno defenestrado por las malas mañas y por los actos de corrupción. A Donald Trump lo echaron a punta de votos, por la incapacidad manifiesta mostrada al frente del cargo.
Está por verse qué ocurrirá con él en el futuro cercano, cuando carezca de la inmunidad presidencial, debido a los escándalos protagonizados y a los actos de corrupción que, probablemente, ha cometido como empresario y gobernante.
El fisco, los negocios turbios y las violaciones a la legalidad vigente esperan a Trump, después que abandone la Casa Blanca. La derrota que le infringió el pueblo norteamericano es apenas el abrebocas del viacrucis que le aguarda en el porvenir.
Ojalá que el escarmiento que recibirá este farsante le sirva de experiencia a todos los pueblos. Esa clase de individuos demagógicos, racistas e inescrupulosos, que llegan al poder cabalgando en la ignorancia y en la ingenuidad de la gente, le hacen un terrible daño a la sociedad.
Ahí está la experiencia de los Estados Unidos, que quedó fracturado por la polarización y el odio racial, debido al esfuerzo destructivo y caótico de un personaje que jamás debió ser presidente.
Un ser vulgar, arrogante, inepto y belicoso que fue echado de la Casa Blanca a punta de votos. Esta es una gran lección del presente para el futuro en todos los países. No cabe ninguna duda.
