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Derecha social, izquierda económica

Cuando Hitler y Mussolini subieron al poder a mediados del siglo XX en Alemania e Italia, respectivamente, lo hicieron bajo consignas sociales de corte autoritario y nacionalista. Devolver la grandeza de Roma a los italianos, probar la superioridad de la raza alemana, imponer, por el bien de todos, un estilo de vida correcto y digno, que enalteciera las virtudes de sus ciudadanos. Eso sí, virtudes convenientemente elegidas desde el Gobierno. 

Estos gobiernos, patrióticos, paternalistas y de corte autocrático, históricamente se han catalogado como de derecha -por razones que no exploraremos aquí-. La izquierda, por otra parte, se asocia a preferencias políticas progresistas relacionadas, fundamentalmente, con las ideas del liberalismo filosófico (la primacía de la libertad individual). Así ha sido durante ya bastantes siglos y, a día de hoy, es bastante fácil predecir la alineación de un individuo en diversos asuntos de índole social con base enla autopercepción de su ubicación en este espectro ideológico. 

Todo bien hasta ahí, sin embargo, la confusión comienza cuando agregamos a esta categorización de preferencias sociales las preferencias económicas de los individuos. Aquí también encontramos el uso de los términos izquierda y derecha para clasificar dos ‘estilos’ de manejar la economía de los países: socialismo y capitalismo, correspondiendo al primero la izquierda y al segundo la derecha. 

Lo que podría asombrar a muchas personas es saber que tanto Hitler como Mussolini persiguieron estrategias de desarrollo económico que, a día de hoy, asociaríamos con la izquierda o, en el mejor de los casos, ubicaríamos a medio camino entre ambas. Lo que es cierto es que, definitivamente, ninguno de los gobiernos de estos dos dictadores, epítomes de la derecha social, comandaron un gobierno medianamente derechista en términos económicos. Sin embargo, para comprender esto es necesario repasar un poco lo que comprenden ambos sistemas.

El socialismo se caracteriza por defender un sistema económico centralizado, en el que la mayor parte de las decisiones relacionadas con el desarrollo de la economía de la nación son tomadas por el Estado. Esto significa que, bajo el socialismo, el Estado debería asumir -al menos en su forma más pura- el manejo de todos los asuntos económicos de un país.

Determinar cuáles serán los sectores en los que se centrará la producción, determinar cuáles deben ser los números de esa producción, determinar el número de industrias que deben ser creadas (y crearlas), el número de trabajadores que deben ser contratados (y contratarlos), la cantidad de capital que debe ser adquirido, establecer los precios de todos los bienes que circulen al interior del país. Aquí también entra la provisión de servicios públicos (el punto por el que, creo, algunas personas tienden a idealizar las virtudes del modelo económico socialista). Desde luego,esta provisión de servicios públicos no responde a cálculos éticos, es solo la consecuencia lógica del hecho de que el Estado deba encargarse de administrarlo todo.

De entrada, hay que decir que esto es irrealizable, ni siquiera la Unión Soviética en sus mejores momentos fue capaz de controlar absolutamente todos los aspectos de la vida económica de la nación. La aproximación del capitalismo a la solución del problema económico es la contraria al socialismo: economías descentralizadas, en las que la intervención del Estado sobre la vida financiera del país se vea reducida a su mínima expresión –en su forma más pura, los capitalistas son anarquistas-. 

Para algunas personas esto puede sonar extraño, probablemente puedan pensar que todo en la vida debe ser supervisado por algo o alguien para que funcione, lo cierto es que, de acuerdo con las ideas capitalistas, esto no es necesario gracias a la magia del mercado. El mercado es un concepto abstracto que comprende, básicamente, el conjunto de todas las transacciones económicas de todos los individuos que conviven al interior de una comunidad. 

La forma más sencilla de verlo es como una especie de ‘mente de colmena’. A través de las interacciones desordenadas de millones de individuos surge un orden, los precios terminan estabilizándose de acuerdo a la demanda y la oferta que exista de los mismos, los países se dedican a proveer los servicios y bienes que sean necesarios en la medida que sean requeridos, las ideas nuevas se prueban contra los intereses del mercado y las que no sean apetecidas perecen. Sin ningún tipo de supervisión, el mercado es capaz de lograr lo que el Estado solo podría hacer si fuera omnisciente. 

En una economía capitalista hay algunos principios básicos que deben respetarse, entre ellos el más importantees el de la protección de la propiedad privada. Volviendo a nuestro ejemplo, podemos observar rápidamente por qué los gobiernos fascistas de Hitler y Mussolini no eran capitalistas: tanto en Alemania como en Italia se llevaron a cabo expropiaciones arbitrarias hacia un gran porcentaje de los individuos de la nación, fueran opositores políticos, judíos, homosexuales, romaníes, etc. En ninguno de estos países existía la garantía de la protección a la propiedad privada para todos los individuos, una clara distorsión de mercado.

Además de esto, estos gobiernos comparten otras características similares a un modelo de izquierda económica. Si bien la Alemania nazi nunca llegó a los extremos de intervencionismo de la Unión Soviética, sí adoptó muchas medidas típicas de gobiernos de izquierda, entre ellos, por ejemplo, el uso de contratos entre el sector público y privado en el que obligaba a las industrias a vender sus productos a precios fijados artificialmente por el Estado, no por el mercado. También, el gobierno del Tercer Reich tuvo su propia versión del Plan Quinquenal soviético, el Plan Cuatrienal. A través de esta estrategia el gobierno nazista quiso preparar a Alemania para la guerra, redistribuyendo los recursos del país en las industrias que consideraba más importantes para el esfuerzo de guerra.

Lo importante de toda esta discusión es entender que, por contradictorio que parezca, pueden existir gobiernos de derecha que sean izquierdistas en lo económico, Corea del Norte sería un ejemplo contemporáneo. También pueden existir gobiernos de izquierda en lo social que manejen sus asuntos como la derecha económica, Nueva Zelanda sería el epítome de esta consigna, aunque también podríamos añadir otros países como Suecia a la lista. 

Esto tiene una multitud de implicaciones electorales para Colombia, no obstante, creo que dos son las más importantes. En primer lugar, la izquierda social debería votar por políticos de derecha económica. El problema es que tanto tiempo asociando la derecha económica a la derecha social (autoritaria y conservadora), han hecho que se asocie también el libre mercado a favorecer a los ricos y corruptos, sin pensar en lo mucho que agradecerían los campesinos desplazados del país, por ejemplo, una garantía creíble del respeto a los derechos de propiedad sobre sus tierras. 

Lo que intento decir aquí es que Colombia jamás ha estado realmente alineada hacia la derecha económica. Capitalismo no es impulsar el desarrollo del país a través de licitaciones corruptas, el capitalismo, de hecho, vería con muy malos ojos este tipo de inyecciones artificiales de dinero. Otras muestras del ‘izquierdismo’ de la derecha también las encontramos en el rechazo al surgimiento de nuevos sectores de producción y a la innovación (la prohibición de Uber o, más recientemente, las legislaciones que dificultan el funcionamiento de Airbnb, son ejemplos de ello).

Por esta misma razón la derecha económica debería dejar de votar por la derecha social, puesto que este sector no los representa, aunque ellos crean que sí. Muchas personas escogen a los candidatos más derechistas posibles al momento de votar por el miedo a que nuestro país se convierta en una nueva Venezuela. Este es un miedo válido, un país gobernado de manera intervencionista, con una economía centralizada y prácticas políticas clientelares y populistas, puede convertirse en Venezuela. El problema es que, precisamente, este tipo de cosas caracterizan a las estrategias económicas de la derecha social del país. 

Si usted se considera de derecha porque su mayor preocupación es que se pueda hacer emprendimiento, que se respete la propiedad privada, que no se pongan barreras a la innovación, que no se distorsione el mercado y se permita la libre competencia, entonces no debería votarpor políticos que lo único que tienen de derecha es querer decirles a las personas cómo deberían vivir sus vidas. No vamos a evitar convertirnos en Venezuela prohibiendo a los homosexuales casarse o el aborto. 

De igual forma, si su mayor preocupación es que existan libertades individuales para que todas las personas puedan vivir una vida como se les dé la gana, no vote por el político que parece fundamentar su agenda de campaña en la lucha del proletariado. El socialismo no garantiza libertades individuales, ni el conservadurismo libertades económicas.