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Del Covid-19, remedios caseros y silencio político

El uso proliferante de las redes sociales de cualquier plataforma en internet convertidas en gran factor multiplicador de comunicaciones es ahora quizás el medio más abusivo, intimidante o esperanzador que tenemos en el mundo, dependiendo del punto de vista en que seamos receptores de mensajes.

En el caso nuestro de Colombia no somos ajenos a estas condiciones temerosas por la pandemia que aqueja al mundo. Este sistema de comunicación que debiera estar al servicio del bien común, se ha convertido en preocupante sistema de confusión. 

Dada la innumerable cantidad de mensajes e informaciones que llegan hora tras hora, día tras día sobre el coronavirus 19 o Covid-19 que tanto agobia al mundo, la gente no sabe qué ni a quién creer. Los WhatsApp, especialmente, nos  inundan momento a momento sobre la “aparición” de la vacuna contra el Covid-19, de los múltiples experimentos que adelantan los científicos y médicos en laboratorios de China, Alemania, Francia o Estados Unidos, en busca de la medicina que se pueda aplicar a los seres humanos para frenar y acabar con el mal.

Especialistas en la materia recomiendan la mezcla de la cloro quina y la hidroxicloroquina anti inflamatorios e inhibitorios como los más cercanos fármacos para la pandemia. De hecho, la más reciente información proviene de Francia donde especialistas de la salud han encontrado al parecer la fórmula utilizando estos dos componentes. Pero hay también circulando recomendaciones de médicos epidemiológicos  que dicen poder acabar con la epidemia mediante remedios caseros. Unos hablan inclusive de gárgaras de sal, agua con limón y bicarbonato a manera de tomas calientes y otros remedios como los que preparaban nuestros abuelos.

Lo curioso del caso y que llama la atención es que en las apariciones diarias del Presidente Iván Duque con su sequito de Ministros de salud y demás especialistas en epidemiologías, ninguno se haya referido a estas manifestaciones que se muestran en las redes sociales. Tampoco los medios masivos como radio, televisión y prensa dedican espacio ni tiempo a desmentir, a confirmar o aconsejar sobre las especulaciones o no que en tal sentido se reciben a cada momento.

Tímidamente se conoce apenas un pronunciamiento de la Superintendencia de Industria y Comercio que ordena a Mercado libre, Linio y OLX borrar de sus plataformas todas las publicaciones de productos que utilizaban las palabras “Covid-19”, “coronavirus” y otras similares o equivalentes. Plataformas no podrán ofrecer productos para evitar el coronavirus y deben retirar "productos milagrosos" que evitan el coronavirus.

Pareciera no existir interés o importancia a desmentir o afirmar; prefieren dedicarle espacio y tiempo a explicar medidas gubernamentales para que la economía no siga cayendo, que el transporte se mantenga y que la canasta familiar supuestamente no se deteriore ante la falta de trabajo y de hecho de recursos económicos.

Desde Miami alguien recomendó uno de los tantos remedios caseros para curar el mal. En medio pocillo de agua partir dos limones y colocarlos con la cáscara o exprimiendo el jugo de limón, calentarlo bastante, agregarle dos o tres aspirinas y colocarle miel de abeja, luego tomarlo caliente. En dos horas los síntomas desaparecen como por encanto dice quien promulga esta medicina de casa. Otros señalan que el agua de limón caliente con bicarbonato también es efectivo y así muchos son los consejos  tal como lo hacían los abuelos en tiempos viejos.

Y mientras se formulan  acusaciones  a la China como  responsable de la pandemia en contubernio con Rusia de haber creado en laboratorio el Covid-19 y al margen de la responsabilidad que le quepa a una u otra nación, a uno u otro gobierno o a la supuesta traición de un científico americano que se puso al servicio del enemigo en la China, los resultados siguen siendo desastroso sin al parecer una solución pronta y a la vista.

No todos aportan

A estas alturas con más de 50 muertos en el país, con más de 2 mil afectados, con tantas restricciones, con acuartelamientos (cuarentenas), con un desempleo creciente, con muchas familias padeciendo hambre y cuando algunas medianas empresas, pequeños comerciantes y aun particulares se han unido y desarrollado programas paliativos intentando soportar un poco  poco las condiciones mínimas de supervivencia por falta de comida, hay un sector que no se ha pronunciado para nada.

Se trata del grueso grupo de nuestros congresistas: senadores y representantes guardan silencio absoluto en medio del placentero descanso hogareño con sus familias y sin afectación económica  para nada. La gente se pregunta ¿por qué nuestros legisladores no se pronuncian y por qué el gobierno no les exige como se le exige a pequeños empresarios y medianos empleadores que colaboren con  trabajadores? ¿Por qué de esos muchos millones de pesos que ganan sin hacer nada, no entregan parte de sus sueldos para socorrer a pobres y humildes familias que arriesgan sus vidas saliendo a las calles en busca del rebusque de algunos pesos que sirvan para medio comer y sobrevivir.