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Covid19: un ironman de voluntad social

Todos estos días he visto en redes sociales como en otras latitudes se ha ido volviendo poco a poco a la supuesta normalidad; en París, por el Café Le Recrutement, se observa la gente normal, hablando sin distanciamiento, en mesas pegadas unas a otras, sin tapabocas, fumando y tomando vino en grupos con alegría y jolgorio.

Videos en Barcelona por las Ramblas Catalunya, unas cuantas historias de Instagram de conocidos compartiendo en mesas de 12 puestos, fumando narguiles, cantando a todo pulmón éxitos musicales, compartiendo la misma cuchara de postre; en Portugal, amigos que ya están de vuelta en trabajos de medio tiempo, atendiendo restaurantes, cafés y bares; protestas justificadas en Estados Unidos por el asesinato de un ciudadano en manos de la brutalidad policial, en masa, algunos sin tapabocas, ninguno a dos metros de distancia, abrazándose, besándose, quebrando todos los protocolos, se ve en noticieros y redes sociales

Mi cuñado corre una carrera mortal que se llama Ironman. En dicha competencia, se cubren tres distancias, 3.86 kms de natación, 180kms de ciclismo y 42.2 kms de trote. Es admirable simplemente inscribirse en dicha competencia, donde no sólo el cuerpo sino la mente juega un papel fundamental. No se puede pensar en competencias distintas a ti mismo, a pesar de correr, nadar y competir con cientos de personas al tiempo. Vas enfocado en tu meta, en tu entrenamiento, en no perder la cabeza y desistir ante la deshidratación, el desespero de un cansancio sofocante, ante el horrible sol, la silla de la bicicleta o la sal de las olas del mar contra las que nadas.

Así debemos ver nuestra lucha como colectividad contra el coronavirus. España, Francia, Portugal y Estados Unidos llevan sus propias luchas, tienen sus propias metas. Que no nos venza el cansancio de apenas empezar, donde la sociedad apenas se acopla a un ambiente hostil y macabro de convivir con el Virus. Sí, hay que volver, pero sabiendo que esto es una competencia a la que nos han invitado sin querer, que tenemos que correr completa y de la cual no llevamos ni la mitad de la primera etapa de natación.

La pandemia cambió la vida y nos obliga a adecuarnos a un nuevo presente; la naturaleza y nosotros convivimos en el mismo espacio, en el mismo hogar. Las empresas deben entender que no son distintas a sus empleados y que los socios y trabajadores estamos en el mismo barco. Que el gobierno debe dejar de gobernar para pocos y como hace en varias ocasiones, pensar en muchos.

En esta carrera social, donde todos somos un equipo, un deportista de largo alcance, no podemos desistir al comenzar. No podemos quitarnos los tapabocas para ir a beber cerveza en un mes. No podemos cansarnos y tirar la toalla a la mitad de la competencia y celebrar cumpleaños masivos en restaurantes, no podemos aprobar protestas que jamás respetarán las distancias de dos metros, sencillamente no podemos. El Presidente, la judicatura, el empresariado y la comunidad debe entender que en esta nueva realidad nos exigirá vivir distinto y que entre más rápido lo asumamos, más rápido llegamos a la meta.

Un rebrote, como puede ocurrir en los países desarrollados, es impensable; porque sucede allí no tiene que pasar acá; América Latina y Colombia no está destinada a repetir los errores de los países de primer mundo. El día de mi pico y cédula, volviendo del super mercado, vi un parque más lleno que nunca en plena ciudad, grupos de gente hablando y discutiendo, debatiendo y comprando en ventas ambulantes, haciendo picnic y visita social.

“Es que si allá en París están así, cómo piensas exigirnos esto aquí, loco” me dijo un crítico. Sin embargo, es por eso mismo que el mundo desarrollado va en otra etapa de esta competencia, cometiendo sus errores allá para nosotros no repetirlos aquí. No desesperemos Colombia, apenas estamos llegando a la mitad de la primera etapa de natación, nos faltan dos etapas y mucho esfuerzo. Nos toca respirar conjuntamente con el virus, respetando los parámetros médicos para no tener que abandonar la competencia y acomodarnos a esta nueva realidad; porque un rebrote sería eso, es volver a empezar, es que nos descalifiquen. Despacio, que voy de prisa, decía mi abuela Carmen.