Colombia y su lugar en la repartición de las vacunas: de los últimos en la fila
El jueves de la semana que termina, recibí una llamada de una importante emisora de la capital en la que me preguntaban mi opinión legal sobre la irresponsabilidad de la empresaria Natalia París y su recomendación del dióxido de cloro para tratar la enfermedad del covid19 con sus respectivas consecuencias legales.
Enseguida, recordé cómo las fakenews, en esta semana también, nos hicieron creer en la posibilidad de que el Gobierno enviara negociadores a Pfizer que no supieran inglés y que, por esa causa, se caía un contrato internacional sobre las vacunas.
Finalmente, recordé la cantidad de víctimas y la partida masiva de colombianos por culpa de la pandemia, más de 50.000 y las burlas en contra del Presidente por su lapsus lingüis.
Ahora, lo que más me llamó la atención fue que Bolivia recibió el jueves pasado, mientras yo estaba en la entrevista radial, 20.000 dosis de vacunas rusas, en el aeropuerto de El Alto donde he tenido la oportunidad de aterrizar, para inmunizar a su personal médico. Y ¿Colombia?
Hasta por la horrible y egoísta razón de la politiquería, el Gobierno Duque pudo adquirir vacunas de cualquier proveedor que llegaran lo más rápido posible, enero, febrero, para dar una luz de esperanza a un país que se ahoga en altas tasas de desempleo, enfermos, quiebras y cuarentenas; porque el aterrizaje de las vacunas, no sólo nos inmunizan contra la enfermedad sino contra la desesperanza, el desgaste emocional y psicológico de todo un país que da todo lo que tiene para no sucumbir.
Preciso en esto, nos jugó en contra el jugar al orden de las cosas, porque a veces por conveniencia, en una esquina peligrosa, nos volamos un semáforo, ya que es mejor pagar la multa que pagar con la vida; igual aquí, hasta qué punto, asumir el lugar de la fila que nos asignaron los poderosos del mundo, era lo que debimos resignadamente cumplir, sin buscar planes alternos; debimos ofertar de tal manera que en Suramérica, al menos, fuéramos el primero de todos los países del bloque sur, pero no; Colombia es el último de los países similares al tamaño de su economía, en recibir un lote de vacunas.
Nos toca esperar al 20 de febrero, si cumplen, para comenzar un plan de vacunación que Israel ya hoy lleva en más de un 30% del total de su población. Y ¿Entonces?
La pandemia ha revelado que los países ricos tienen mucho de prédica y poco de aplicación en cuanto a tratos dignos, igualitarios y en pro de los países más pobres; realmente su política internacional se basa en todo para mí, nada para los pobres, salvo que me sobre.
El acceso inequitativo debido a los acuerdos bilaterales, donde prima la billetera en una pandemia de salud global, ha generado un aumento de precios y un salto reprochable éticamente en la fila de los más ricos sobre los más pobres, reflejando una carencia total de valores de los países desarrollados.
Las ganancias han guiado las decisiones de estos laboratorios, ha generado un acaparamiento de vacunas entre ellos solos, entre los más poderosos, que sólo genera más brechas sociales y alejamientos entre ambos mundos.
Pasaremos, como todo siga así y no reaccionemos, a ser un cuarto mundo, el del cuarto de Sanalejo, cachivaches de tristezas y reproches olvidados a la merced de la misericordia de su dueño, una tierra del olvido a la suerte del poder mundial. El índice que mejor refleja la desigualdad revelada por las vacunas, es que para el 18 de enero de 2021, se habían aplicado más de 39 millones de dosis en al menos 49 países de ingresos altos, mientras que sólo se han administrado 25 dosis en un país de ingresos más bajos, ¡25!.
El efecto de esta inequidad nos golpea en la cara; Colombia no logró con sus supuestos aliados, con la posición estratégica que ostenta internacionalmente de la cual siempre nos hemos ufanado, un reparto al menos miserable de las vacunas disponibles; simplemente nos relegaron y nos dejamos, nada que hacer.
El director de la Organización Mundial de la Salud, afirmó que el 7 de abril, día mundial de la salud, cumpleaños de Barranquilla y coincidencialmente de mi amada empresa alumbra asesores, sueña con que la vacuna contra el COVID19 se esté administrando en todos los países del mundo, como símbolo de esperanza para superar la pandemia; sin embargo, esa fecha revelará también la terrible inequidad que aqueja el presente estado de necesidad mundial, que Colombia debe revaluar su posición internacional, ya que querámoslo o no, somos los últimos de la lista y tenemos pésima calificación.
